La "nueva Europa" de Trump: ¿amenaza al orden mundial?

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Por Andrés Tovar
17/01/2017

La semana inició con un Donald Trump arrojando una granada en el mundo normalmente sobrio de la diplomacia europeo-americana, utilizando una entrevista con dos de los mayores periódicos de Europa para llamar “obsoleta” a la OTAN, predecir que la Unión Europea se vendría abajo y amenazar el inicio de una guerra comercial con Alemania si la casa automotriz BMW construye una fábrica en México.

Adicionalmente criticó a la canciller alemana, Angela Merkel, uno de los aliados más cercanos de Washington, al tiempo que daba a entender que estaría dispuesto a levantar las sanciones impuestas al presidente ruso, Vladimir Putin, impuestas tras su anexión de la península de Crimea. De Merkel, Trump dijo que había cometido un error “catastrófico” al permitir más de un millón de refugiados en su país. De Rusia, dio a entender que estaría dispuesto a eliminar las sanciones a Rusia si Putin acuerda reducir su arsenal nuclear (que es casi literalmente lo contrario de lo que el líder ruso ha estado hablando).

“Vamos a ver si podemos lograr unos buenos negocios con Rusia” dijo Trump en la entrevista conjunta. “Creo que debe haber menos armas nucleares y tienen que reducirse de forma significativa”.

Las observaciones obligadas del secretario de Estado, John Kerry, quien pasa sus últimos días como máximo diplomático de Estados Unidos no tardaron en hacerse eco. En una entrevista con CNN, Kerry dijo que era “inapropiado” que Trump “estuviera interviniendo en la política de otros países de una manera tan directa”.

Kerry tiene razón para estar preocupado. Los ataques a la OTAN y la Unión Europea, además de ese intento subrepticio de influir en Alemania, parece las piezas de un plan para modificar -por no decir destrozar- las relaciones de EEUU con la UE  y debilitar los acuerdos existentes entre ambas partes. También significa que Trump está hablando de una remodelación radical de la política exterior estadounidense que da algunos indicios de una nueva influencia de Vladímir Putin, dejando a los aliados de Estados Unidos averiguando cuál será su posición y lo mucho que se puede confiar en la estabilidad futura de un sistema internacional que ha mantenido un potencial económico y la estabilidad en el continente durante décadas. Pero esto tiene sus antecedentes.

Los aliados

Después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos y sus aliados intentaron crear “un nuevo mundo”, definido por tres pilares que “garantizaran” que guerra tan devastadora como aquella nunca pudiera ocurrir de nuevo. En el marco de ello, una alianza occidental (la OTAN) fue diseñada para disuadir la agresión soviética. Aparecieron instituciones internacionales, como la ONU, para permitir a los países a resolver sus diferencias pacíficamente y acuerdos financieros globales, como el Acuerdo General sobre Comercio y Aranceles (que se convertiría en la Organización Mundial del Comercio), fueron diseñados para impedir que los países restablecieran las barreras comerciales autodestructivas que hicieron la gran depresión mucho peor de lo que tenía que ser.

Con sus altos y bajos, durante los últimos 70 años, estas instituciones han estado funcionado. En su entrevista conjunta con el Times de Londres y el periódico alemán Bild, Trump básicamente apunta a los tres pilares: lo militar, lo político y lo económico.

Comencemos con la OTAN. En la entrevista, Trump reiteró lo que había durante la campaña, que la OTAN estaba obsoleta, ya que no prestó suficiente atención al terrorismo y porque otros miembros no pagan lo suficiente para financiarla. Afirmó que los últimos acontecimientos en Europa (como el atentado en Berlín a final del pasado año) le dieron la razón. Las declaraciones lograron una agitación casi inmediata. En declaraciones a los periodistas en Bruselas antes de una reunión de altos diplomáticos de la UE, el ministro de Exteriores alemán, Frank-Walter Steinmeier, dijo que los comentarios habían causado “sorpresa y agitación” dentro de la alianza militar.

Esto se debe a que la OTAN funciona a través del compromiso: Los miembros se comprometen que un ataque contra uno será tratado como un ataque contra todos. Trump pone el valor de la alianza en tela de juicio, dejando una puerta abierta a que otros estados puedan cuestionar si él realmente defenderá a un aliado de la OTAN en caso de ataque – sobre todo porque, durante la campaña, dijo que no podría-. Y si a eso se le suma sus intensiones de acercamiento con Rusia, que ha tenido sus rencillas con varios de los miembros de la alianza, mucho se puede especular.

Lo segundo. Trump predijo que la forma en que se maneja actualmente la UE se caería en pedazos. “La UE se formó, en parte, para vencer a los Estados Unidos en el comercio, ok”, dijo Trump retóricamente, dejando entrever el simplismo del mandatario entrante: el mundo es una serie de ventajas y desventajas que suman cero. Si la UE sirve para los países europeos, económicamente, entonces tiene que ser malo para Estados Unidos. Por lo tanto él no va a tratar, como lo ha hecho el presidente Obama, de utilizar la influencia de EEUU para evitar que más países se salgan de la Unión Europea.

Al contrario, en la entrevista, respaldó el Brexit de Reino Unido y dijo que estaba ansioso de reunirse con la primer ministro británica, Theresa May, para lograr acuerdos comerciales “que le permitirán a Reino Unido mermar un poco las consecuencias de su salida de la UE”. Desde Bruselas, la jefa de la diplomacia del bloque, Federica Mogherini, no tardó en responder que Reino Unido “no puede hacer acuerdos comerciales con un tercero mientras esté en la UE”.

Y si quizá Trump tiene una visión simplista de lo económico, más asusta la de lo político. La Unión Europea fue diseñada como mucho más que un bloque comercial libre. Sus arquitectos, muy explícitamente, definieron que era una forma de unificar políticamente a Europa. Las economías europeas son más estrechas, y cuanto más exista un sentido de una identidad europea común, es menor la probabilidad de que Francia y Alemania, por ejemplo, puedan verse como “amenazas”. Ahora, tras el euro y las crisis de refugiados, el aumento de partidos de extrema derecha anti UE, el Brexit amenazan al bloque. Y Trump parece que está señalando que no va a ejercer influencia para apoyar al bloque en dichas amenazas dicho. Una huelga frente al orden mundial.

El gol en tiempo de descuento fue el anuncio Trump contra la industria automovilística alemana. En la entrevista, Trump propone (como lo hizo con la japonesa Toyota y con la propia General Motors) un impuesto del 35 por ciento sobre las importaciones de BMW a los Estados Unidos como una forma de represalia por la construcción de una planta en México. “Lo que estoy diciendo es que tienen que construir su planta en los EE.UU.”.

Trump parece reproducir el movimiento de política interna a las empresas de su país, a las que advirtió que deben poner sus plantas de fabricación en Estados Unidos con la amenaza de problemas económicos si no lo cumplen. Pero BMW no es estadounidense, es alemana. Si los Estados Unidos golpea con un tipo de arancel a una empresa alemana, Alemania probablemente tomará represalias en contra de los Estados Unidos. Se trata de las primeras etapas de lo que los economistas llaman una “guerra comercial”.

Esto, también, es un asalto a la orden de la posguerra. El comercio, como la Unión Europea, tiene una función tanto económica como política. Su función es política de obligar a los países occidentales a alinear sus intereses y evitar las guerras comerciales que reducen el crecimiento a nivel mundial. Al atacar a una empresa clave de uno de los aliados más importantes de EE.UU., corre el riesgo no sólo el daño a la economía de Estados Unidos, sino de alienar a un socio fundamental en la gestión de la economía mundial y mantener el comercio abierto.

“La lista de deseos” de Putin

Sólo hay un país que se beneficia de todos estos movimientos: la Rusia de Vladimir Putin.

El objetivo fundamental manifiesto en política exterior de Putin es restaurar el lugar de Rusia como una de las naciones más poderosas e influyentes del mundo. Para ello, dicho por varios analistas, se requiere restaurar la política global a la forma en que fue en el siglo 19, cuando los países europeos se veían como rivales en lugar de socios. Esto permitiría a Rusia para dividir las potencias europeas mediante la formación de alianzas selectivas de alguna contra los demás, restaurando así la grandeza de Rusia.

Los recientes anuncios de Trump arriba descritos propone, bajo cuerda, una Europa fracturada que sería mucho menos capaz de hacer frente a Putin. “Cada posición (de política exterior) de Trump está en la lista de deseos de Putin (…) Brexit, Ucrania, la OTAN, la UE, Merkel”. Esto lo dijo nada menos que Garry Kasparov, el maestro de ajedrez ruso y disidente, en su cuenta en Twitter.

A pocos días de asumir el cargo en unos pocos días, todo parece muy complicado. Trump propone aislar a Estados Unidos de sus aliados y apoyar el aislamiento de estos aliados unos de otros. El único poder que se beneficia es Rusia, quizás el rival estratégico más importante de Estados Unidos.

Hay un país que Trump pronto puede hacer grande de nuevo. El problema es que parece que no será EE.UU..

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