Manuel Escudero: "Hay que construir una alianza progresista europea"

Por Iñigo Aduriz | Foto: Fernando Sánchez
18/06/2017

ENTREVISTA A MANUEL ESCUDERO. Asesor económico del PSOE

Se siente ganador de una de las batallas internas del PSOE que él considera la más importante: la ideológica. Porque para Manuel Escudero (San Sebastián, 1946), son las ideas las que les han fallado a los socialistas españoles y a los socialdemócratas europeos en los últimos años. Vinculado al partido desde hace décadas, este doctor en Economía que cree posible llegar al postcapitalismo, es además uno de los grandes apoyos de Pedro Sánchez y está elaborando ha elaborado la propuesta programática que guiará a la formación en los próximos años.

Usted ha mencionado en varias ocasiones que el PSOE debe hacer autocrítica. ¿En qué cuestiones?

Ha habido una excesiva acomodación en el modelo económico y social que se materializó en la reforma del artículo 135 de la Constitución. Ahora hay un consenso en el partido y es que el principio de estabilidad presupuestaria se debería equilibrar con otro de estabilidad social. Lo planteamos como parte de la reforma de la Constitución. Más allá de esto, lo que ha fallado es que hemos reducido las categorías analíticas y el universo de pensamiento de la socialdemocracia al aspecto de la redistribución a partir del Estado del bienestar. Y ese pozo tiene poca agua, aunque es cierto que hay que corregir destrozos evidentes que ha hecho el PP, tanto en sanidad como en educación, dependencia o servicios sociales. La cuestión es que eso no es suficiente para resolver los problemas de la sociedad actual. El desempleo o el precariado no se resuelven con más Estado del bienestar sino con políticas nuevas. Si no hay categorías analíticas difícilmente puedes pensar en soluciones nuevas.

¿Cuáles son esas categorías necesarias?

El análisis tiene que ser más sistémico y, en consecuencia, hay que focalizarse también en el análisis del capitalismo hoy. Incluso la palabra capitalismo suena como de mal gusto. Pero no es así. El socialismo surgió porque había un capitalismo y generaba desigualdades. Históricamente lo que ha pasado es que el capitalismo se avino a un pacto implícito de capital-trabajo-Estado por el cual se creó el Estado del bienestar. Pero es que el capitalismo de hoy no es el de los años 60 del siglo pasado. Estamos hablando de un modelo económico preciso, que tiene rasgos concretos: un modelo de salarios a la baja, una globalización descomunal desde el punto de vista financiero, un divorcio de las finanzas con respecto a la estructura productiva y una generación de desigualdades como no se había visto hasta ahora.

A la socialdemocracia le faltan soluciones para esos problemas.

Lo que ocurre es que estas categorías analíticas no están introducidas en nuestros partidos y hay que incorporarlas porque si no difícilmente se puede entender la realidad actual y ser reformista.

En cuanto a la autocrítica, ustedes la han defendido ante la abstención del PSOE en la investidura de Mariano Rajoy.

Claro, pero todo está relacionado. Una socialdemocracia que se acomoda a los límites es también la que en algunos momentos considera que un entendimiento entre izquierda y derecha es algo que hay que hacer por motivos de responsabilidad de Estado. Nosotros pensamos que eso es un gran error. Tanto a nivel europeo, con la gran coalición, como en los países donde se ha practicado, se ha pagado un precio muy caro. En España la versión un tanto desleída ha sido permitir el Gobierno del PP.

¿Cuál era la alternativa en ese momento?

Forzar la mano. Con los Presupuestos ya se ha visto que hay otras posibilidades de acuerdo y otras combinaciones parlamentarias que les han podido permitir [a los populares] lo que sea. No lo hicimos y eso fue bastante determinante en la  enajenación de muchos militantes del PSOE.

¿Cuál es el principal reto al que se enfrenta ahora Pedro Sánchez?

Ya no es reposicionar al PSOE desde el punto de vista programático, porque en eso hemos avanzado. El reto es cohesionar al partido en torno a esta nueva línea política.

¿Le gusta Sánchez para La Moncloa?

Sí. Me convence mucho como líder. Tiene atributos importantes.

Se le critica por haber cambiado en muchas ocasiones de opinión.

No estoy de acuerdo con eso. Desde las elecciones del 20D [de 2015] Pedro Sánchez siempre ha tenido en la cabeza la necesidad de un Gobierno de cambio y de ser alternativa al PP en el Gobierno. Esa es la línea de continuidad.

Han pedido la dimisión de Rajoy y Sánchez no descarta una moción de censura.

No la descarta pero tampoco lo sitúa en el primer plano. Porque lo que tenemos que hacer siendo sensatos es tener una nueva dirección del grupo parlamentario e iniciar un nuevo estilo de oposición. Vayamos paso a paso. Sobre esa base, como dicen algunos compañeros como Adriana [Lastra], claro que Rajoy es censurable.

¿Se han planteado cómo recuperar a los militantes perdidos y a los jóvenes?

Los jóvenes han sido los grandes expulsados de todo y no solo de nuestro sistema productivo. Para mí la receta se llama discurso. En la medida en la que éste cambie –que ya está modificándose y lo hará más– el PSOE volverá a ser una propuesta atractiva e innovadora para sectores de la población que son cercanos. Ya estamos viendo cómo empieza un crecimiento de la militancia por el propio ejercicio que se ha hecho. El PSOE se debe dotar de un cinturón amplísimo que no sea de cuadros políticos y que quiera interactuar de un modo proactivo y eventualmente estar implicado en la elección de los cabezas de lista.

¿El PSOE va a ser más de izquierdas después del Congreso Federal?

Para mí no se trata de ser más de izquierdas, sino de ser un socialdemócrata serio porque en algunas prácticas hemos dejado de serlo. La gente está viendo y agradeciendo el cambio. Nosotros tenemos tres dimensiones: entre izquierda y derecha, izquierda; entre arriba y abajo, abajo; y entre cerrarse o abrirse a nivel internacional, abrirse. Eso es el PSOE.

Pero tampoco renuncia a los votos del centro o los que a veces votan al PP y otras al PSOE.

Lo que tiene que hacer el PSOE es reposicionarse en la izquierda y, al mismo tiempo, no permitir hemorragias desde el punto de vista del centro. ¿Eso cómo se hace? Con un discurso razonable pero que también habla de los problemas reales.

Usted defiende lo que llama ‘la nueva socialdemocracia’. ¿En qué consiste?

A nivel de grupos de pensamiento, el problema de la crisis de la socialdemocracia es contemplado de un modo universal en toda Europa. Nosotros tenemos una cierta solución ampliando el campo conceptual y planteando la transición hacia una economía digital. Se está abriendo camino un planteamiento similar en toda Europa. Pero en España estamos quizá un poco más avanzados en buscar un tipo de solución teórica e ideológica al asunto. En cualquier caso, lo que me parece impepinable es que necesitamos abrir un diálogo socialdemócrata paneuropeo para apoyar, animar e impulsar ese reseteo de la socialdemocracia. Hay que construir una alianza progresista europea. A veces nos olvidamos de hacer el análisis más elemental que es el político. Y estamos tan obsesionados con la gestión de lo que sería una más y mejor Europa, que no nos acordamos de que lo que ha fallado ha sido un elemento político previo, que es que la coalición entre conservadores y socialdemócratas en la que se han sustentado las instituciones no ha dado frutos. Eso es lo que hay que cambiar. Hay que repolitizar el discurso y eso implica repensar la coalición de base con la que te mueves.

La caída en países como Francia, Austria, Holanda o Grecia. ¿A qué se debe?

A que el declive electoral tiene uno previo que es político. Y este a la vez tiene otro anterior que es ideológico. Solo si se empieza reseteando la ideología y recuperando la hegemonía, habrá empuje electoral. Es ahí donde estamos, en los comienzos.

Muchos votantes de la socialdemocracia se han ido también a la extrema derecha. ¿Ha dado mejor respuestas ante la crisis?

No. Lo que ha hecho es apelar a sentimientos primarios y acogerse a un discurso populista que naturalmente puede tener su encanto para una parte importante de los trabajadores en ausencia de alternativas. Estoy convencido de que la única que puede detener en Europa el auge de la extrema derecha es la socialdemocracia. De ahí la urgencia de resetearla y de crear esa alianza progresista con Los Verdes y con las nuevas izquierdas en la medida que maduren y tengan una visión razonable de lo que son las reformas, pero también con los demócratas liberales. La alianza progresista debe ser amplia. Es el único antídoto para frenar a la extrema derecha.

En ese reseteo de la democracia, ¿se atreve a plantear propuestas concretas?

Claro. Quebrar el modelo salarial imperante, también repartir el trabajo existente, resolver el problema de la igualdad laboral de la mujer, adoptar una posición más tajante para cortar los abusos de los oligopolios y dar un impulso fundamental a la educación y a la política industrial para entrar con un buen pie en la economía digital.

¿Existe realmente margen de actuación para poner en marcha estas iniciativas?

Muchas veces las cosas dependen de cómo quieras hacerlas. Sí creo que hay margen para avanzar desde un punto de vista de un modelo diferente sin que esto ocasione un caos y un enfrentamiento frontal. Ese es el arte de la socialdemocracia, el reformismo, que no tiene por qué ser moderado. Usted me dirá si tenemos que ser moderados frente al cambio climático, ¡si está aquí! Lo que no puede ser es que porque haya resistencias en el oligopolio energético, se pueda hacer poco al respecto. El bien común debe estar por encima de todo. Habrá que sentarse y elaborar una hoja de ruta. Es un ejemplo.

¿Es usted optimista respecto al futuro de la Unión Europea?

Me parece muy bien el optimismo y el balance positivo de lo que se ha hecho hasta ahora. Pero desde el punto de vista geoestratégico, Europa se encuentra más aislada que nunca, débil en su cohesión interna y con elementos de su propia cultura que se están saltando por pura impotencia, como el tema de los refugiados. Es urgente la alianza que proponemos, porque las respuestas no pueden ser tecnocráticas, sino políticas. El progressive caucus, que se inició como un embrión hace unos años, hay que ampliarlo.

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