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Simpatizantes del candidato presidencial Jair Bolsonaro asisten a un acto en Río de Janeiro, Brasil, 9 de septiembre de 2018. REUTERS/Pilar Olivares

Brasil vota bajo el paraguas de frustración, miedos y polaridad ideológica que ha cubierto la campaña electoral

Las elecciones que celebra hoy Brasil son cruciales para determinar el rumbo del país. Un país que se encuentra sumido en el hastío por la corrupción y atenazado por los miedos que generan la inestabilidad económica y la inseguridad ciudadana. En este sentido, Brasil vota bajo el paraguas de frustración que domina a la sociedad y Latinoamérica observa cómo se tambalean los ejes sobre los que lleva décadas sosteniéndose.

Si se cumplen las encuestas electorales, el populista y ultraderechista Jair Bolsonaro será el candidato más votado de la jornada. Sin embargo, no con los votos suficientes; lo que con probabilidad le obligaría a medirse, en segunda vuelta, con el progresista Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores. El escrutinio tendrá, en todo caso, la última palabra.

Cambio16 ha hablado con el sociólogo Joan Gonçales, director de marketing de Gobernatia, Escuela de Liderazgo y Alto Gobierno, para analizar el perfil de los dos principales candidatos brasileños y los motivos que pueden llevar a la ciudadanía a decantarse por uno de ellos.

“Los exabruptos de Bolsonaro son una apuesta muy marcada por aglutinar el voto de derechas, liberal, católico, evangélico y tradicionalista”

Joan Gonçales, sociólogo político y director de marketing de Gobernatia.

–Las encuestas dan como vencedor al populista Jair Bolsonaro. Sin embargo, todo apunta a una segunda vuelta con Fernando Haddad. ¿Cuál es su valoración?

Las encuestas empiezan a atinar otra vez. Ha habido una época en la que las encuestas no han atinado nada. Tenemos dos grandes ejemplos como son el Brexit y Trump. Ha habido un tiempo disruptivo en el que las encuestas fallaron estrepitosamente. Esto se debe a la sinécdoque entre el mundo urbano y el rural. La cuestión es si en Brasil se ha tenido en cuenta estos sesgos; suponemos que sí, porque ya se es muy consciente de la “preverdad”.  En el ámbito rural hay como cierta decepción o cansancio por llevar muchos años, desde principios de los 2000, con unas expectativas que han generado una disonancia cognitiva en el electorado. Además, obedece ahora a distintas llamadas, no solamente de lobbies sino también de religiones, que también influyen en el electorado.

El candidato presidencial brasileño Fernando Haddad asiste a un mitin en Belo Horizonte, Brasil, el 5 de octubre de 2018. REUTERS / Washington Alves

–Cambian las reglas, los partidos necesitan obtener al menos el 1,5% nacional de votos a diputado federal para obtener financiación y presencia en los medios de comunicación públicos. ¿Cree que estas medidas pueden suponer un cambio en el mapa político actual?

Parece que no. Se corresponde la situación con la famosa frase de que “se cambian las reglas para que todo continúe igual”. La mayoría de congresistas y senadores van a ir a una reelección. En realidad, esto va a suponer un cambio político más de cara a los titulares de prensa que en realidades dentro de las instituciones.

–También se ha establecido un techo de gasto para la campaña de los partidos y candidatos, ¿considera que esto es positivo o es solo una cuestión de imagen?

Los techos de gasto y el control son positivos. Pero, sinceramente, creo que hoy en día y por los precedentes de Brasil, igual que en Europa, no es una noticia lo suficientemente alentadora como para que nos creamos que no hay otros medios. Creo que no es relevante, directamente. Más aún hoy, porque ahora los candidatos tienen capacidad de influir a través de las redes. Es el caso de Bolsonaro y no es precisamente por el techo de gasto.

–Brasil es un país inmerso en numerosos escándalos de corrupción política, ¿estas elecciones supondrán un nuevo punto de partida? ¿Pueden ser determinantes en algún sentido?

El problema, sobre todo para Fernando Haddad, es la cuestión de la seguridad. La seguridad económica y la seguridad social, entendida esta como el número de delitos. Ha habido miles de asesinatos. Y, además, la economía se ha resentido de una forma muy decisiva en los últimos tres o cuatro años. Estas dos cuestiones, economía y seguridad, son las bazas de los conservadores. Esto le viene bien a Bolsonaro.

¿Qué ha centrado la campaña? Si hubiera sido la justicia social, como en la época de Lula, le habría beneficiado a Haddad. Pero como hay frustración con respecto a la justicia social, ahora la gente está buscando seguridad económica y, en la calle, esto va a beneficiar sin ninguna duda a Bolsonaro.

–Bolsonaro es casi más conocido fuera de Brasil por sus exabruptos machistas, homófobos y racistas que por sus propuestas políticas. Por su verborrea fácil y su carácter, ¿se le podría considerar “el Trump latinoamericano”?

Efectivamente, tenemos el precedente de Trump. En EEUU la sociedad conservadora y la sociedad que más necesita, tal vez, políticas de justicia social acabó votando a un candidato proteccionista y un candidato que hace proclamas contra la inmigración, por la seguridad…

El feminismo, que es un tema importantísimo electoralmente, genera una contestación desde la mujer conservadora y también de la mujer rural. Contrasta que Bolsonaro, al tiempo que recibe una gran contestación del feminismo, ve cómo crecen sus expectativas dentro del voto femenino (que se sitúa próximo al 30%).

No hay ningún país que supere a Brasil en culturas, razas, pigmentos y colores. Pero, en realidad, ninguno de estos dos candidatos va a representar a la mitad de los votantes. Pasaran estas dos fuerzas, aunque todas las demás sumen más. Aspiran a polarizarse, sobre todo la derecha. Hay una frase en política que dice “no se puede ir a por todo” y tienen que apostar.

Los exabruptos de Bolsonaro son una apuesta muy marcada por aglutinar el voto de derechas, liberal, católico, evangélico y tradicionalista. Busca ser el polo antagónico a lo que hay.

Foto de archivo de Jair Bolsonaro / REUTERS

–En cualquier caso, es innegable que, para bien o para mal, Bolsonaro acapara más atención en las redes, en los medios y en el plano internacional…

El grado de notoriedad es importante. Otros candidatos tienen un menor grado de popularidad. No obstante, también hay más riesgos asociados.

Al final, el tema de la posverdad es cierto. Hoy en día, la realidad es desigual a la imagen. Además, las redes nos han cambiado en todos los sentidos. La política se vive en tiempo real. La realidad del postureo nos hace inventar otras realidades. Al final, mucha gente asume las falacias o las mentiras de la falsa noticia con mucha fluidez.

La estrategia de Bolsonaro con sus exabruptos es garantizarse un determinado electorado para la primera vuelta. Prescinde de la razón. Es un candidato de emoción.  Él representa el rechazo a un poder que no ha sido capaz de lograr los cambios que la sociedad esperaba.

–Fernando Haddad es un desconocido para muchos. ¿tiene posibilidades de remontar en segunda vuelta?

Para ser un candidato que puede considerarse incluso como un suplente de Lula ha crecido muchísimo. ¿Pero tiene el carisma suficiente para contrarrestar el de Bolsonaro? Creo que está in crescendo, pero que no llega a motivar como el candidato ultraderechista.

El tiempo está jugando a su favor. Puede que lo consiga en la segunda vuelta, aunque las encuestas también indican que las ganaría Bolsonaro…

–¿Cómo de importante es el resultado de las elecciones en Brasil para la estabilidad del continente, teniendo en cuenta la complicada situación de otros países iberoamericanos como Venezuela?

Hemos cambiado el eje. Hay dos elecciones que marcan el continente: México y Brasil. En México ha ganado la izquierda de Obrador. Puede que en Brasil gane la derecha, pero en los dos países parece vislumbrarse el triunfo del cambio. Para mí lo más importante en cualquier elección, en una etapa tan disruptiva como la presente, es qué candidatura será capaz de liderar el cambio.

–¿Cuál va a ser el papel de Lula?

Es difícil que Lula tenga una oportunidad que dignifique su situación. El que se cae en política no es fácil que se levante. Aunque cabe destacar su apoyo a Haddad, a través de una carta. Con todo, Lula está en el eje anterior de izquierda-derecha.

–En el terreno económico se contraponen propuestas de privatizaciones o la dicotomía entre el control de la inflación frente al crecimiento, ¿qué opina?

El problema de la socialdemocracia en América Latina y en Europa, aunque sea diferente, es que el modelo de desarrollo de posguerra llegó a una cima. Y la sociedad del bienestar tiene que sustentarse. Esa sociedad del bienestar carece de un discurso en la izquierda. Sin embargo, la derecha puede gustarte o no, pero el tomar medidas proteccionistas o medidas de privatizaciones es en sí un discurso. ¿Qué discurso tiene la izquierda socialdemócrata? El mercado quiere un discurso. En el ámbito internacional, los últimos años la política no ha hecho sus deberes; los ha hecho la economía. Es la economía la que ha logrado transnacionalizarse, generar estructuras como el FMI. Sin embargo, la política continúa anclada en los viejos Estados. La izquierda tendría que haber transnacionalizado el discurso económico, pero no lo ha logrado y se sitúa en una posición de medio sin un discurso propio.

En definitiva, en Brasil el centro está sobrevalorado, prima la polarización. La gente se queda con dos caballos, vamos a ver cuál gana…

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