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El candidato sin opciones, el 'novio despechado' y el eventual líder opositor

Por Carlos Pérez Gil, Sonia LópezPatricia de Arce (Efe)
28 /02/2016

El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, afronta este martes su primera sesión de investidura como presidente del Gobierno sólo con el apoyo de Ciudadanos y consciente de que no cuenta con posibilidades de superar el listón de la mayoría absoluta requerida. Así, con el convencimiento de que sin el apoyo del PP la investidura será “fallida”, Podemos la encara desde un papel de ‘novio despechado’ pero con la esperanza de que tras su primer fracaso el PSOE deje atrás su “idilio” con el partido de Rivera. Mientras, el presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, se ve abocado a ejercer de eventual ‘líder de la oposición’ y deberá rebatir a un candidato al que acusará de engañar a los españoles con un “simulacro” que no le llevará a La Moncloa.

El candidato sin opciones

Un mes después de que el Rey le encomendara el mandato de intentar formar gobierno, Sánchez subirá a la tribuna del hemiciclo con el empeño de hacer ver que su candidatura es la opción más viable para desatascar el bloqueo generado por la fragmentación surgida de las urnas el pasado 20 de diciembre.

El optimismo con el que el líder socialista encaró el reto de tejer una mayoría alternativa -“voy en serio”, dijo con convicción el primer día- se tropezó con la realidad el pasado miércoles, cuando la firma del pacto con Ciudadanos provocó la ruptura de negociaciones con Podemos.

Sánchez asume que las combinaciones para poder ser investido pasan por la llave del partido de Pablo Iglesias, que también ha anunciado el voto contrario en la segunda votación si no recula en su pacto con C’s.

Al sí de los 30 diputados de la formación de Albert Rivera, Sánchez quiere unir el voto favorable de Coalición Canaria, socio de gobierno en el archipiélago, y, al menos, la abstención del PNV, al que no le ha gustado la solemnidad de la alianza con C’s.

Con estos avales, el candidato socialista sólo sumaría 137 diputados, muy lejos de los 176 requeridos para superar la primera intentona.

Tampoco parece que haya mimbres para tener éxito en la segunda votación -prevista inicialmente para el día 5, aunque podría ser la víspera-, salvo que Podemos diera un giro de 180 grados en sus exigencias.

“Soy realista y pido lo imposible. Soy de mayo del 68”, confesó Sánchez a los pocos días de tomar la iniciativa convencido de que a principios de marzo sería presidente.

El líder del PSOE, que este lunes cumple 44 años, reivindicará en su discurso el pacto sellado con Rivera como la base para cimentar un gobierno progresista y reformista.

También hará hincapié en que es un acuerdo de “izquierda” para advertir a Podemos, sus confluencias, IU y Compromís que rechazar medidas como el ingreso mínimo vital, el fin de los desahucios, la derogación de la reforma laboral o la paralización de la Lomce es hacer el juego a Mariano Rajoy para que siga en el gobierno.

“Votar sí al cambio o votar a Rajoy”, es la disyuntiva que planteará Sánchez a la bancada de la izquierda.

Al líder del PP, Sánchez le criticará su “ejercicio de escapismo” para rehuir la investidura y su inacción ante los casos de corrupción que afectan a su partido con el fin de desactivar la presión que recae sobre el PSOE para que acepte una gran coalición.

Pese a los llamamientos a Podemos y los reproches al PP, Sánchez tendrá que esperar a la segunda ronda -donde bastaría la mayoría simple de los votos- para calibrar sus expectativas, aunque a falta de una semana, todo parece indicar que el resultado sería similar.

Sánchez es consciente de que su fracaso en los dos intentos le podría hacer perder la iniciativa en favor de Rajoy, por lo que no quiere tirar la toalla. “Tenemos dos meses más, pero el 5 de marzo es posible. Lo que conviene a España es que el Gobierno empiece a trabajar el día 6”, señalan desde el equipo del secretario general.

La buena noticia para Sánchez es que el golpe por fracasar en la investidura en primera y segunda vuelta puede verse amortiguado en el plano interno gracias al amplio respaldo obtenido en la consulta a la militancia socialista al pacto con C’s. Ante el acecho de algunos barones del partido, Sánchez ha ganado legitimidad para continuar su carrera a la Moncloa en los dos meses que hay de prórroga y, de paso, aspirar a ser reelegido secretario general en el congreso de mayo.

El ‘novio despechado’

Podemos acude a ese debate lamentando la “traición” del PSOE, al que reprocha que, mientras se reunía con ellos en busca de un acuerdo en materia económica, sellaba con Ciudadanos en la sala de al lado un pacto “lesivo para la mayoría social”.

El rechazo al acuerdo entre los socialistas y C’s tendrá que estar entre los argumentos con los que Pablo Iglesias en su primer gran discurso en el Congreso explique las razones de Podemos para votar en contra de la investidura de Sánchez.

Un pacto con C’s que, según la dirección de Podemos, les obligó a levantarse de una mesa de negociación con la izquierda que el PSOE había “dinamitado” al elegir las políticas del “Ibex 35” y, por eso, Iglesias tendrá que volver a defender que ese no es el cambio que votaron los españoles en las pasadas elecciones.

“Cambio no es sólo sacar a Mariano Rajoy de la Moncloa, sino sacar también a sus políticas de las instituciones”, insisten en el partido morado, que todavía confía que los socialistas entren en razón después de esta “investidura fallida”.

La formación morada está dispuesta a asumir el coste que pueda suponer coincidir con el PP en la votación de la investidura del candidato socialista, sabiendo incluso que desde el PSOE trasladan el mensaje de que votar ‘no’ a Sánchez es votar ‘sí’ a Mariano Rajoy.

Una presión que, si cumplen lo que han mantenido hasta ahora, aguantarán sin modificar su decisión de no apoyar un ejecutivo de Sánchez en solitario que sólo traería inestabilidad al país, y de no favorecer “ni por activa ni por pasiva”, es decir ni siquiera con su abstención, un gobierno que no sea de coalición y de cambio.

Es el PSOE el que “ha elegido”, insisten, y su elección “no es compatible” con Podemos porque está pensada para “esperar” al PP.

A lo largo de las últimas semanas Podemos no ha parado de recordar que la aritmética parlamentaria hace imposible que el voto de 90 diputados sea suficiente para aupar a Pedro Sánchez a La Moncloa, y que sólo hay dos alternativas: un gobierno de cambio o una “gran coalición”, como la que persigue C’s al intentar atraer al PP a su acuerdo.

Habrá que ver tras este debate si se cumplen las intenciones de Pablo Iglesias de seguir negociando para conseguir ese gobierno en el que quiere ocupar la vicepresidencia o se alarga el ‘ataque de cuernos’ pensando ya en la convocatoria de nuevas elecciones.

Una hipótesis que en Podemos dicen no desear, aunque tampoco están dispuestos a dar “cheques en blanco” para que gobierne Sánchez y exigen “garantías” de que las políticas frente a la desigualdad y la emergencia social se van a cumplir.

En lo que puede que Iglesias tenga desventaja en el debate de investidura frente a los líderes de otros partidos es en los tiempos, ya que si se cumple lo pactado con las confluencias tendrá que repartirse con sus socios territoriales de En Comú Podem y En Marea, quienes ya han confirmado también que no apoyarán la investidura de Sánchez.

Podemos definió a su grupo parlamentario como un “grupo plurinacional de organización confederal” que cuenta con una agrupación parlamentaria catalana, gallega y valenciana con portavoces, agenda y manejo de los recursos propios, y autonomía política “en pie de igualdad”.

Una organización que puede trasladarse también a las intervenciones en el pleno, lo que haría que Iglesias tenga que repartirse la media hora de discurso inicial y los cinco minutos de réplica que le corresponden con los representantes de En Comú Podem, Xavier Domenech, y de En Marea, Alexandra Fernández.

Esto parece lo más probable, aunque Podemos aún no ha concretado cuántos serán los minutos que corresponderían a cada uno de sus portavoces en el debate.

El eventual líder de la oposición

Rajoy declinó el ofrecimiento del Rey de ser el primer candidato a la investidura porque, como explicó en su momento, no contaba con los apoyos para ser investido y tenía “una mayoría absoluta” en su contra.

Por eso, el turno de Sánchez es para él un “fraude”, pues el líder del PSOE sólo ha conseguido pactar con Ciudadanos y no tendrá los votos suficientes para salir del Palacio de la Carrera de San Jerónimo como nuevo presidente del Gobierno.

Pero no sólo tiene Rajoy que enfrentarse a Sánchez. El debate de la semana que viene es su momento para apuntalar su liderazgo en el partido, acallar las voces de quienes dentro del PP -como él mismo ha admitido- puedan no quererle de nuevo como candidato y recuperar la iniciativa y el protagonismo en este proceso.

El jefe del Ejecutivo en funciones tiene por eso, ante sí, tres tareas en el debate que comienza el martes.

La primera, la de echar por tierra el pacto PSOE-C’s. Un acuerdo que para Rajoy no sólo se ha cocinado a sus espaldas, sino que además va en contra de todo lo que ha hecho su Gobierno, medidas que, como no paran de repetir los miembros de su partido, han sacado al país de la recesión.

Además, e independientemente del contenido de este pacto, Rajoy ya ha advertido de que el PP no piensa suscribir este “contrato de adhesión”.

En segundo lugar, Rajoy acusará a Sánchez de haber hecho perder el tiempo a los españoles por empeñarse en unas negociaciones que no han llegado a buen puerto y le advertirá de que la única forma que tiene de ser presidente es con el apoyo de Podemos y el beneplácito -aunque sea con la abstención- de los independentistas catalanes.

Y finalmente, la tercera tarea del presidente en funciones del Gobierno será la de volver a poner sobre la mesa su ofrecimiento a Pedro Sánchez y Albert Rivera, el de una gran coalición al estilo de la de otros muchos países europeos. Una coalición en la que siempre, insistirá, preside el Gobierno el partido que ha ganado los comicios.

No es de extrañar que haya también en el discurso de Rajoy duros reproches para el líder de Ciudadanos por haberse aliado con Sánchez, a pesar de que Albert Rivera ha dicho en numerosas ocasiones que no apoyaría al partido que no ha ganado las elecciones o que no entraría en un gobierno que no liderase él.

Pero el presidente del Gobierno sabe que su misión en el debate de la semana que viene no será sólo la de rebatir a Pedro Sánchez y sus intentos de ocupar su puesto o recriminar a Albert Rivera.

Rajoy es consciente de que tiene al resto del hemiciclo en su contra y debe prepararse para los ataques que pueden venirle no solo por su gestión sino también por la situación interna de su partido tras escándalos de corrupción como los de Valencia y Madrid.

Un asunto espinoso con el que el líder del PP va a tener que lidiar aunque no sea en esta ocasión el candidato a la investidura.

A Mariano Rajoy le toca intervenir el miércoles a las nueve de la mañana, iniciando así la ronda de respuestas de los partidos a Pedro Sánchez. Una hora que no ha gustado nada en su partido, que como otras fuerzas políticas ha criticado duramente al presidente del Congreso, Patxi López, por considerar que ha ordenado el debate en beneficio de Sánchez.

Será pues la mañana del miércoles cuando Rajoy y Sánchez se midan por primera vez en esta legislatura en el pleno del Congreso.

Estos días, el jefe del Ejecutivo se concentra en preparar su intervención en este debate que, según él mismo ha augurado, será duro.

Por eso este fin de semana no ha participado en ningún acto del partido como lo viene haciendo sin descanso en los últimos tiempos, recorriendo la geografía española en lo que ya parece ser su precampaña electoral.

El propio Rajoy admitía en una conversación privada con líderes europeos en Bruselas que el escenario más probable, en su opinión, son nuevas elecciones.

Queda por saber si el líder de los ‘populares’ recibe de nuevo el ofrecimiento del Rey para concurrir a la investidura, y si en ese caso lo acepta o vuelve a declinar si sigue sin contar con los apoyos suficientes.

Y es que, en este momento, parece imposible que Rajoy vaya a conseguir de aquí a principios de mayo -cuando acaba el plazo legal antes de convocar nuevas elecciones- que esa gran coalición que tanto quiere se convierta en una realidad.

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