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A woman reacts after seeing her damaged home during her visit to the city of Palmyra, Syria April 9, 2016. REUTERS/Omar Sanadiki - RTX29853

El complicado regreso a casa de los habitantes de Palmira

Por Susana Samhan (Efe)
15/04/2016

Palmira se ha convertido en una ciudad fantasma, en la que la destrucción campa a sus anchas y sus habitantes ven lejano el regreso a sus viviendas, donde quedan aún restos de la presencia del grupo terrorista Estado Islámico (EI). “Mi casa está destrozada”, afirmó Maysa Hamudi, que visita por primera vez esta población del desierto central de Siria desde que huyó tras la irrupción de los radicales en mayo pasado.

Hamudi ha llegado en autobús junto a un grupo de vecinos, que se desplazaron a la urbe de Homs (centro), después de la conquista de Palmira por parte del EI, que controló está localidad durante diez meses hasta que fue expulsado por el Ejército sirio hace más de dos semanas.

El panorama es desolador y los civiles se afanan en recoger las pocas pertenencias que se han salvado de los destrozos antes de regresar a Homs, ya que, por el momento, Palmira es inhabitable, sin servicios básicos como el agua y la electricidad. Hamudi recuerda con espanto los tres días que vivió, junto a su marido y sus tres hijos, bajo el yugo del “califato” antes de escapar de Palmira, tras la entrada del EI el 20 de mayo. “Son asquerosos, permanecimos tres días encerrados en casa, ellos (los extremistas) hicieron registros e iban preguntando si había algún miembro de las fuerzas de seguridad o del Ejército”, rememoró.

Un “regalo” envenenado

Para posibilitar el retorno de los vecinos, soldados sirios y rusos trabajan en la desactivación de minas y bombas, que los yihadistas dejaron como “regalo” envenenado. Cada cinco minutos se oye el estallido de alguna mina en la parte monumental de la localidad, ubicada en las afueras y donde los zapadores rusos concentran sus operaciones. Los sirios limpian de bombas la zona moderna de Palmira, cuyos cielos son surcados de vez en cuando por aviones de guerra que se dirigen hacia el este, posiblemente a la población de Al Sujna, a uno 70 kilómetros y todavía bajo el dominio del EI, u otras zonas en manos de los radicales.

Pese a que Palmira ya es una área libre de yihadistas, su rastro no ha desaparecido. En una esquina próxima al Museo de la ciudad, se amontonan carritos para bebés que los terroristas usaban para transportar municiones, mientras que los libros de texto del EI para las escuelas todavía se encuentran en la ciudad. Ilustraciones de personas con las caras borradas y de una vaca sin ubres, o un libro para aprender a leer con términos como “kufar” (apóstata) dan un ejemplo de la ideología con la que los radicales aleccionaban a los menores.

El coronel Samir, del Ejército sirio, recopila todo ese material de los yihadistas en los edificios de Palmira. El militar lleva destinado en el este de Homs desde hace meses y está curtido en la lucha contra el EI. “Combatimos contra más de 4.000 terroristas en la batalla de Palmira”, indicó a Efe el oficial, quien subrayó que los extremistas utilizaban como táctica los atentados y los disparos de francotiradores para evitar el avance de los efectivos gubernamentales, que contaron con el respaldo de la aviación rusa.

El caos

El ejército sirio ha hallado túneles y trincheras cavadas por el EI en montes próximos, así como explosivos camuflados en rocas. El coronel enseña dónde dormían los yihadistas en sótanos de viviendas para protegerse de los bombardeos. El caos reina en el interior de estas guaridas subterráneas, donde las mantas se arremolinan mezcladas con otros objetos como un reloj de pared con una fotografía de la “Kaaba”, edificación de la ciudad santa musulmana de La Meca (Arabia Saudí), donde los fieles localizan el centro del universo.

En la puerta de otro inmueble, una alfombra se extiende hasta la calle. “Aquí vivía un dirigente del Dáesh (acrónimo en árabe de Estado Islámico)”, apuntó el coronel, al tiempo que señala otro edificio a la derecha donde había un cuartel de los extremistas.

El Museo de Palmira tampoco ha escapado de la destrucción y allí ahora trabaja un equipo de expertos sirios y polacos para evaluar los daños. El director del departamento de Museos de la Dirección siria de Antigüedades, Ahmed al Dib, explicó a Efe que trabajan desde hace díez días para documentar los destrozos en estatuas, “pero hay zonas a las que no podemos llegar por la existencia de minas y artefactos”. Y es que todavía parece complicado el retorno a la normalidad en esta población, que antaño fue uno de los focos turísticos de Siria.

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