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El final de la legislatura del pacto y el inicio de la precampaña

Por Iñigo Aduriz
09/04/2016

Iba a ser la legislatura del pacto y todos lo sabían. Meses antes de las elecciones generales, las encuestas preveían un Parlamento plural, con más partidos que nunca y sin mayorías claras, que obligaba a las formaciones políticas a dialogar y a negociar como no se había hecho jamás durante los cuatro años de mayoría absoluta del PP. Los comicios celebrados hace más de tres meses confirmaron ese escenario y plantearon ese reto, el del pacto, inédito en la política española desde la Transición. Los líderes se llenaron la boca reclamando ese diálogo, esa negociación y ese acuerdo.

Pero por si no había quedado ya claro por los acontecimientos que se han sucedido desde que los ciudadanos se pronunciaron en las urnas, la reunión celebrada el jueves entre PSOE, Ciudadanos y Podemos, y la comparecencia del viernes del secretario general de esta última, Pablo Iglesias, confirmó que esas peticiones no eran más que palabras. El diálogo, la negociación y el acuerdo han fracasado en España, que se ve abocada a la celebración de unas nuevas elecciones generales en junio.

Oficialmente ninguno de los partidos con fuerza y capacidad de decisión –PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos– quiere que se vuelva a las urnas. Y es cierto que sigue habiendo opciones para que esos comicios no se produzcan. La militancia de Podemos y de las confluencias podría decir masivamente que sí al acuerdo suscrito entre el PSOE y Ciudadanos respondiendo afirmativamente a la primera de las preguntas planteada para la consulta que se celebrará entre los días 14 y 16 de este mes: “¿Quieres un Gobierno basado en el pacto Rivera-Sánchez?” Pero Iglesias ha pedido el no, ofreciendo su cabeza si sale que sí, en una suerte de ultimátum. Es muy complicado que sus acólitos apoyen lo que no quiere su líder más reconocido y encima acaben con su carrera política.

Los distintos escenarios

También existiría la opción de que Mariano Rajoy decidiera intentar lo que no ha intentado en estos tres meses, e iniciara un ronda de contactos en busca del respaldo de Ciudadanos y PSOE para crear la llamada gran coalición. Sin embargo, desde la formación naranja ya se ha insistido hasta la saciedad en que no quieren que el presidente en funciones repita, y los socialistas descartan por completo cualquier acercamiento a los populares porque supondría la tan temida pasokización del centenario partido.

Otra posibilidad sería la que quiere Podemos, y que quedaría refrendada si, como es previsible, la militancia dice sí a la segunda de las preguntas de la consulta –“¿Estás de acuerdo con la propuesta de Gobierno de cambio que defienden Podemos-En Comú-En Marea?”–. Para que esta llegue a buen puerto el PSOE debería romper su acuerdo de gobernabilidad con Ciudadanos y pactar con la formación morada, con las confluencias y el resto de la izquierda un gobierno de coalición que haga a Pedro Sánchez presidente.

Este escenario se encuentra de bruces con varios problemas: la suma requeriría del apoyo o la abstención de los grupos nacionalistas –rechazada de plano por los socialistas– o del propio Ciudadanos –que ha recalcado que en ningún caso aupará a los de Iglesias al Ejecutivo–; además, el PSOE tendría que romper el documento firmado con el equipo de Rivera, a lo que no está dispuesto ya que es el único acuerdo que genera consenso a nivel interno; y, finalmente, el gesto protagonizado este viernes por el líder de Podemos le aleja por completo de los socialistas, a los que ni siquiera ha dado tiempo para entrar a valorar el documento que el equipo de Iglesias presentó el jueves en la reunión a tres.

Sin posibilidad de acuerdo

Cabrían, además, las alternativas que reivindican desde Ciudadanos: O bien que Podemos se abstenga o apoye el acuerdo de gobernabilidad alcanzado entre el partido naranja y el PSOE, o que el PP se sume a ese documento y facilite un Ejecutivo liderado por Sánchez. Lo primero ya se ha visto imposible con la reunión del jueves. Los de Iglesias han dicho que no al documento firmado por socialistas y Ciudadanos por activa y por pasiva, por contener propuestas económicas antagónicas con las que ellos defienden. Y lo segundo no es factible porque los populares, cuyo partido fue el más votado el 20D, nunca apoyarían a ningún candidato que no fuera el suyo.

Finalmente estaría la vía del 199 –los escaños que suman PSOE, Ciudadanos y Podemos–, que es la que seguían defendiendo los socialistas hasta el viernes. Pero ya han constatado que Podemos se desmarca, porque no está dispuesto a ni siquiera entrar a hablar sobre un “proyecto de intersección” entre el documento acordado con la formación naranja y los 20 puntos presentados por ellos. Y esta era la última opción, la última carta, que también ha quedado descartada.

A la espera del resultado de la consulta a la militancia de Podemos, todo parece indicar que esta semana ha finalizado la legislatura del pacto, que paradójicamente se ha convertido en la más corta de la democracia, y que –si no había comenzado ya– se ha iniciado oficialmente una precampaña que podría ser la más larga de la historia, para unas nuevas elecciones generales que se celebrarán, previsiblemente, el 26 de junio. Porque todos los gestos de las últimas semanas tienen una evidente intención electoralista.

Las estrategias

La estrategia del PSOE pasa por tratar de presentarse como el único partido que ha intentando formar Gobierno y su líder, Pedro Sánchez, el que se ha atrevido a dar un paso adelante antes que nadie. El PP intenta, por su parte, preservar su posición hegemónica en la derecha, reivindicándose como la fuerza capaz de mantener la estabilidad frente a los desacuerdos y la falta de consenso del resto que se ha puesto de manifiesto en las negociaciones entre los otros partidos.

Ciudadanos, mientras tanto, quiere jugar el papel de bisagra entre la izquierda y la derecha. Hace guiños tanto a PSOE como a PP e incluso plantea la creación de la gran coalición auspiciada por su líder, Albert Rivera. Finalmente, el objetivo de Podemos es sustituir al PSOE como fuerza hegemónica de la izquierda y en la defensa de las clases trabajadoras, para poder situarse en la primera o en la segunda posición en las nuevas elecciones y encabezar un Gobierno progresista.

A pesar de que todos esos líderes miran ya a las urnas ya hay quien, como la vicepresidenta de la Generalitat valenciana, Mónica Oltra, considera que la falta de acuerdo debe ser castigada y que si, como se vislumbra, no hay diálogo posible, defiende que ni Sánchez, ni Iglesias, ni Rivera, ni Rajoy deben presentarse a esos comicios.

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