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El naufragio más impactante de la historia

HISTORIAS OCULTAS DEL ARTE
Por Javier Molins
12/01/2016

Al hablar de naufragio, nos viene a la cabeza sin duda alguna el nombre del Titanic. Sin embargo, el hundimiento de este barco no dispone de ningún apartado en la historia del arte pues el Titanic no tuvo quien lo pintara. Por el contrario, el naufragio de una fragata francesa llamada Medusa dio origen a uno de los cuadros más célebres que cuelgan de las paredes del Louvre: “La balsa de la Medusa” de Theodore Géricault.

La fragata Medusa, al igual que el Titanic, se vendió en su momento como la más moderna de su tiempo. Esta embarcación fue enviada a Senegal (entonces colonia francesa) para trasladar allí al nuevo gobernador y a su familia, a un grupo de administrativos y científicos y a un batallón de soldados cuya misión era proteger al resto de la expedición. El barco encalló en julio de 1816 en un banco de arena a 60 kilómetros de las costas de Mauritania debido a la poca experiencia del capitán que había obtenido el cargo por favoritismos políticos. El problema fue el que suele suceder en estos casos: la tripulación sumaba 400 personas pero en los botes tan solo cabían 250.

El capitán, el gobernador y los oficiales de mayor rango embarcaron en los botes y construyeron una rudimentaria balsa (la que aparece en el cuadro) en la que tuvieron que apañárselas 147 personas. La balsa se ató por medio de una cuerda a los botes para así ser arrastrada por estos pero, a las dos horas, optaron por cortar las cuerdas y dejar la balsa a la deriva con 147 personas a bordo, una caja de galletas y dos bidones de agua. La situación en la balsa fue dramática. Se desató una lucha para poder sobrevivir en la que hubo suicidios, asesinatos y todo tipo de barbaridades. De hecho, la balsa permaneció a la deriva durante trece días hasta que fue encontrada por casualidad por otro barco. Tan solo quedaban diez náufragos y para sobrevivir habían tenido que recurrir al canibalismo.

Estos hechos fueron motivos de escándalo en la prensa de la época y llamaron la atención del joven pintor Theodore Géricault, un artista contemporáneo de Delacroix y exponente como él del Romanticismo. Géricault buscaba un tema para hacer una gran obra que poder presentar en el Salón de París de 1819. Tenía entonces 27 años.

Géricault se tomó tan en serio el trabajo que se entrevistó con dos supervivientes del naufragio y visitó morgues y hospitales para estudiar el aspecto que tenían los cadáveres y los cuerpos moribundos. Encargó a un carpintero una maqueta de la balsa, alquiló un estudio más grande para poder instalar este lienzo de cinco metros de alto por siete de ancho, se afeitó la cabeza y se encerró en el estudio sin recibir prácticamente visitas. La ejecución del cuadro le llevó un año de su vida tras el que tuvo una crisis psiquiátrica por la que necesitó cuidados médicos.

El resultado final fue una obra de un gran realismo que se ha convertido en un símbolo del sufrimiento humano. Géricault plasmó todo el dramatismo y la violencia que rodeó este suceso en una composición formada por una pirámide de cuerpos humanos en la que los supervivientes se encuentran en la cima y los cadáveres en la base, todos iluminados con un claroscuro inspirado en Caravaggio, autor admirado por Géricault.

El realismo de la escena escandalizó a la sociedad de la época que estaba acostumbrada a contemplar escenas violentas pero que hacían referencia a actos heroicos como eran la batallas que ganaban los ejércitos franceses. Sin embargo, este cuadro no narraba ninguna acto heroico sino más bien era fruto de la negligencia de unos gobernantes y ni siquiera los supervivientes eran tratados como héroes, pues para mantenerse con vida habían tenido que seguir esa máxima de Hobbes de que el hombre es un lobo para el nombre. No había nada de lo que enorgullecerse en ese cuadro sino más bien todo era para avergonzarse.

A pesar de ello, las autoridades del momento optaron por permitir la exhibición de esta obra en el Salón de París de 1819 para evitar las posibles acusaciones de censura. El cuadro fue la estrella de ese Salón y la prensa de la época se hizo amplio eco del mismo llegando a afirmar que “toda nuestra sociedad está a bordo de esa balsa”.

Géricault moriría poco tiempo después, a los 32 años, de un tumor en la columna vertebral. El Museo del Louvre adquiriría esta obra tras la muerte del artista y actualmente es una de sus obras maestras que se expone cerca de “La libertad guiando al pueblo” realizada por Delacroix, quien tomaría el testigo de Géricault como representante del Romanticismo.

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