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Varias personas buscan supervivientes en un hospital en Marat Numan, provincia de Idlib (Siria).

“La sensación de impotencia es insoportable pero no puedo abandonar a mi pueblo”

Por Cambio16 / MSF
16/03/2016

Cuando se cumplen cinco años desde el inicio del conflicto y cerca de 20 días desde que entrara en vigor un acuerdo del cese de las hostilidades, un cirujano sirio de un hospital apoyado por MSF en el norte de la Gobernación de Homs narra el miedo constante, la continua amenaza aérea sufrida y su compromiso por seguir trabajando en el país. Por seguridad hay que preservar su anonimato. A tener en cuenta: como media un hospital o centro de salud apoyado por Médicos Sin Fronteras fue bombardeado cada semana a lo largo de todo el 2015. 

Soy el único especialista en cirugía general en Ar-Rastan y Al-Zafranah, una zona rural de la gobernación de Homs donde viven 100.000 personas. La mayoría de los cirujanos se han ido. Es una situación muy difícil, pero no puedo renunciar y abandonar a todas aquellas personas que viven en lugares sitiados donde otros médicos no pueden llegar. No soy feliz aquí, mi esposa e hijos viven en constante peligro, pero sé que hay gente que nos necesita desesperadamente.

Las condiciones médicas son desastrosas. Cuando la campaña aérea se intensificó en octubre, los primeros dos días fui testigo de la muerte de más de cien personas y de cómo los bombardeos en la zona rural de Homs causaban cientos de heridos. Para los desplazados, las opciones están muy limitadas; la Homs rural lleva sitiada desde mediados de 2012. La población ha huido del intenso bombardeo en zonas cercadas como Deir Maalle y Al-Ghanto a otras áreas que, aunque también sufren bloqueo, son relativamente más seguras, como Ar-Rastan y Al-Zafaranah.

Tras la oleada de desplazamientos, ambas áreas han visto como su población se ha incrementado hasta alcanzar las más de 100.000 personas residentes en estas dos pequeñas ciudades.

En el hospital de Al-Zafaranah, por ejemplo, mientras el número medio de consultas diarias en nuestro servicio ambulatorio oscilaba entre las 100 y las 150, ahora superan las 200 lo que evidencia el incremento de la población en la zona.

Tratar a niños heridos duele

Ni qué decir tiene que el número medio de cirugías llevadas a cabo por hospitales en zonas relativamente tranquilas es más alto que las intervenciones quirúrgicas realizadas en áreas bajo bombardeo. Los dos hospitales de Deir Maalle y Al-Ghanto están bajo gran presión y en una zona en conflicto abierto y, sin embargo, son los que están peor equipados y sólo a veces somos capaces de proporcionarles suministros médicos procedentes de otros hospitales.

La evacuación de los heridos se ha convertido en una tarea muy peligrosa. Por eso, los casos críticos se tratan en el acto, en el mismo lugar, sin tener en cuenta los peligros que eso conlleva.

Tratar a niños con heridas de guerra es siempre muy doloroso. El sentimiento de impotencia te vence y resulta insoportable muchas veces. Recuerdo un ataque aéreo que mató a ocho personas, cinco de la misma familia –un padre y cuatro de sus hijos. La más pequeña tenía apenas mes y medio, y todavía vivía cuando llegó al hospital. Su pequeño cuerpo había sido gravemente herido por la metralla–. Soy padre de un bebé de un año. Aunque estamos acostumbrados a encontrarnos con casos muy duros, como amputaciones, aplastamientos y lesiones graves de cráneo, nunca estás preparado para ver sufrir a un niño y no poder ayudarle.

Rutas de suministro cortadas

Durante mucho tiempo, la adquisición de medicamentos ha sido extremadamente difícil. Todavía hoy, resulta casi imposible conseguir algunos fármacos. Las rutas que habitualmente se empleaban para la provisión de suministros, como la carretera que nos conecta con Homs, están totalmente cortadas. Ahora usamos una ruta que conduce hacia el norte. No resulta nada fácil, pero casi todo el mundo está empezando a usarla. Esperamos que a través de este nuevo corredor podamos acceder a los medicamos que necesitamos aunque se trata de un desafío inmenso.

Debido al gran número de operaciones y cirugías que realizamos, nos estamos quedando sin anestésicos, gasas, antisépticos, antibióticos y antiinflamatorios. Los hospitales en zonas bajo asedio han preparado planes para situaciones de emergencia en las que no puedan conseguir medicamentos. No obstante, casi hemos agotado nuestras reservas.

Varios hospitales del norte de Homs dependen por completo de Médicos Sin Fronteras (MSF) en materia de abastecimiento médico. Sin este tipo de apoyo, la situación habría sido mucho peor. En cuanto a las condiciones médicas, con el soporte que nos brinda MSF podemos responder a la mayoría de las necesidades sanitarias. Sin embargo, cuando se trata de necesidades alimentarias y de productos específicos como leche para bebés, el escenario es mucho más complicado. La situación alimentaria es atroz. Las organizaciones que trabajan sobre el terreno no son capaces de responder a la carestía de alimentos.

Los índices de pobreza son cada vez mayores y cuando uno es pobre se siente impotente. La población no tiene otra opción que resistir. Los que tenían dinero pudieron huir, pero quienes carecían de recursos no pudieron marcharse. También hubo casos en los que los habitantes decidieron quedarse porque no querían abandonar su tierra natal. En mi caso, no quiero marcharme porque no puedo abandonar a mi pueblo, a mi gente.

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