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Natalia Ponce de León ha dejado atrás su ira y ahora busca justicia para el creciente número de mujeres que son atacadas en su país y el resto del mundo / Reuters
Natalia Ponce de León ha dejado atrás su ira y ahora busca justicia para el creciente número de mujeres que son atacadas en su país y el resto del mundo / Reuters

Natalia Ponce victima de un ataque con ácido busca justicia para las mujeres maltratadas

Después de 35 operaciones para reconstruir su rostro quemado en un ataque con ácido hace cuatro años, la colombiana Natalia Ponce de León ha dejado atrás su ira y ahora busca justicia para el creciente número de mujeres que son atacadas en su país y el resto del mundo.

Natalia Ponce, sufrió un ataque por parte de un acosador fuera de su casa en Bogotá, esto la dejó con quemaduras severas en una cuarta parte de su cuerpo, peor la llevó hacer algo para detener la aceptación generalizada de la violencia contra las mujeres en su país.

Una mujer es asesinada en promedio cada tres días en Colombia, a menudo por sus esposos, novios o familiares, y se reportan 55 casos de violencia sexual diariamente, según el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses.

Ponce de León dijo que la cantidad de ataques con ácido contra mujeres está aumentando en Colombia, que tiene una de las tasas más altas de agresiones de este tipo, según la organización internacional con sede en Londres Acid Survivors Trust International (ASTI).

Ella sostuvo que en 2017 se registraron 53 casos frente a 33 en el año previo, la mayoría contra mujeres, a pesar de que su campaña dio lugar a una nueva ley en 2016, que lleva su nombre, que aumentó la pena máxima de cárcel por ataques con ácido a 50 años.

“Nos arrojan ácido por el hecho de que somos mujeres. Lo que me pasó a mí le puede pasar a cualquiera”, dijo Ponce de León, oradora en la Conferencia de Confianza anual de la Fundación Thomson Reuters sobre la esclavitud y los derechos humanos.

“El atacante está pensando: si no eres mía, entonces no puedes estar con nadie más. No pretenden matarte, sino que te sentencian a muerte”.

La mujer de 38 años dijo que el dolor del ataque siempre estará con ella, pero sostuvo que decidió “convertir lo negativo en positivo” y ayudar a otras víctimas a hacer lo mismo.

Crecen los ataques

ASTI dijo que se reportan alrededor de 1.500 ataques al año con ácido en todo el mundo, principalmente contra mujeres, aunque el número real probablemente fue mucho más alto y la mayoría de las víctimas están demasiado asustadas para hablar.

Si bien los ataques con ácido son más comunes en el sur de Asia, también se dan en Oriente Medio y Europa, mientras que en Gran Bretaña e Italia se reporta un aumento en los últimos años, según ASTI.

A principios de este mes, la activista ucraniana contra la corrupción Kateryna Handzyuk, de 33 años, murió tres meses después de ser atacada con ácido en un hecho en el que resultó con quemaduras en más del 40 por ciento de su cuerpo.

La lucha de Natalia Ponce

Ponce de León estableció una fundación en 2015 para ayudar a las víctimas y presionar a Colombia para que introduzca una ley con sentencias más severas para los delincuentes y atención médica estatal gratuita para quienes son atacados con ácido.

En el caso de esta mujer, las operaciones han incluido el uso de piel artificial traída de Holanda para reconstruir su rostro severamente quemado.

“Muchos sobrevivientes de ataques con ácido aún no conocen sus derechos”, dijo Ponce de León, quien también hace campaña para garantizar que más hospitales públicos tengan unidades especializadas en quemaduras.

El atacante de Natalia Ponce de León está tras las rejas y cumple una condena de 20 años, pero la mayoría de los delitos violentos contra las mujeres quedan impunes, ya que muchas víctimas se niegan a presentarse y denunciar lo que pasa, dijo la mujer, quien se enfoca en ser más resistente y “abrazar la adversidad”, no en el hombre que destruyó su identidad.

“No podemos permanecer como víctimas. No podemos vivir en una prisión. El odio y la ira son una prisión. Tenía mucha ira. Aprendí a deshacerme de la ira para poder respirar de nuevo”, destacó.

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