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El bebé recién nacido Phuc An, que lleva una máscara protectora, es visto antes de salir de casa para su vacunación, durante el brote de la enfermedad por coronavirus (COVID-19) en Hanoi, Vietnam, el 13 de abril de 2020. Fotografía tomada el 13 de abril de 2020.

Albert Esteve, CED: COVID-19 marcará más la natalidad que la mortalidad

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La crisis producida por el coronavirus SARS-CoV-2 ha dejado un alto número de fallecidos y de personas contagiadas. También un impacto económico con una caída del producto interior bruto del 9,2%  y una tasa de paro en 19% para el cierre del año, según el Gobierno. Esos temas copan las conversaciones de los ciudadanos, en las empresas y entre los miembros del Ejecutivo. No obstante, hay otro que afectará en forma importante a España: el índice de natalidad.

Albert Esteve es doctor en demografía y director del Centre D´Estudis Demográfics (CED), una organización que es referencia en el país y Europa. Considera que la COVID-19 marcará más la fecundidad que la mortalidad, sobre todo porque esta crisis ha puesto una barrera a la inmigración, que ayudaba a que las cifras no fueran todavía más negativas. El proceso de envejecimiento se acelerará.

Señaló que el impacto de la mortalidad está concentrado en el tiempo. Una vez que se encuentre una vacuna se gozará de buena salud y esperanza de vida. Pero dijo que el impacto de la fecundidad es más a largo plazo y España viene de años malos.

“La natalidad se va a resentir. La gente no tiene hijos por cuatro razones: la primera que soy demasiado joven y todavía no entra en mis planes. La segunda que ya no soy tan joven, pero ahora no tengo pareja. La tercera es que ahora que tengo pareja, no tengo los medios: empleo, hogar, cosas materiales que arreglar con dinero y la cuarta: lo tengo todo, pero con 38 o 40 años tengo problemas para concebir”.

Caída de la fecundidad

Con la crisis que está dejando la pandemia se percibe que no es una buena época para formar pareja o irse a vivir juntos. Los niveles de desocupación se elevan al igual que los ERTE. Ni hablar de la incertidumbre para los próximos dos años. “No hay nada que pueda ayudar a confiar en el futuro”, agregó.

El experto en nupcialidad, hogares y estratificación social indicó que antes de la crisis ya se esbozaba una caída en los nacimientos.  La fecundidad era baja en 2003, 2004, subió un poco en 2007, “pero en el 2019 cayó con respecto a 2018 y 2020 no pintaba bien, porque el empleo es precario entre los de 30 y 35 años. Y nadie se siente seguro precisamente en la edad en la que se tiene el primer hijo”.

Cree que a partir de 2021 puede haber una caída en la fecundidad y no es de los que piensa que el confinamiento incidirá en forma importante en la subida de los índices de natalidad, pues las relaciones sexuales no significan hijos. La maternidad y paternidad es algo totalmente deseado y planificado. Por lo menos en España.

Expresó Albert Esteve que el coronavirus se ha encontrado demográficamente con uno de los países más envejecido del mundo, con un alto porcentaje de personas mayores de 65 años, con una de las esperanzas de vida más alta y que lleva 30 años con una de las tasas de natalidad más baja. “Entonces llegó un virus que nos puede infectar a todos pero que es letal para los más mayores. Se encontró con una buena candidata”.

390%, tasa de sobremortalidad en Madrid

Al preguntársele sobre si se está midiendo bien la crisis dijo que se están dando muchos datos, probablemente no los ideales, “pero no por falta de transparencia, sino porque no se han podido hacer test a todas los infectados. Es probable que gente que ha muerto con comorbilidades no se sepa qué es exactamente lo que les ha matado. También hay dificultades en cómo se recogen las defunciones. El registro civil se ha visto desbordado y eso demora los registros. Los datos reales acabarán saliendo pero se necesita tiempo”.

Explicó que durante la segunda quincena de marzo y en abril se ha producido una  sobremortalidad elevada (80%) si se compara con 2019. Entre el 17 y el 31 de marzo murieron en España 29.006 personas y el año pasado 16.061 en el mismo periodo. En Madrid fue del 390% (1.683 en 2019 vs 6.588 en 2020) y en Cataluña fue del 60% (2.492 vs 4.009), pero los periodos no se pueden comparar, pues en esta región las semanas más duras llegaron más tarde.

“Es probable que la sobremortalidad no se termine notando tanto en el año. Mueren 425.000 personas cada año en España y muchas de estas 20.000 muertes pueden anticiparse que se producirían de todas formas en 2020. Tendremos que ver si la sobremortalidad de estas cuatro semanas más críticas se reparte a lo largo del año. Aunque  parezca mentira, el indicador demográfico que menos se va a resentir es la mortalidad y el que más la natalidad”.

También dijo que tenía mucho sentido que las tasas de mortalidad más altas se concentren en Madrid y Barcelona, porque son los polos económicos con mayor índice poblacional, con transportes públicos copados y mucha actividad social.

Albert Esteve: No hay un manual de desescalada

Durante la entrevista en 20minutos.es manifestó que en la crisis sí se ha tomado en cuenta el poblamiento y la demografía. Se ha diferenciado en la desescalada a las provincias menos afectadas, las que tienen menor población o que haya horarios prioritarios para los mayores. Quizás no se ha tocado tanto el tema de los hogares y la exposición que tienen los abuelos.

“Lo están más quienes residen con gente joven que sale y vuelve. Pero es difícil de controlar un hogar. No llevamos un carné de con quién residimos. Lo que veo es que es un factor que la gente que reside con gente joven es potencialmente más vulnerable. Se podría haber afinado un poco más, nada se ha escrito en el BOE sobre proporcionar medidas alternativas al hogar, como hoteles, para evitar que gente con necesidad de cuarentena no afecte a sus mayores”.

Para enfrentar el desconfinamiento sostuvo que no hay un manual para desescalar y toda decisión tiene algo de arbitrario. Dijo que decidir con base en la edad es un factor objetivo de controlar, pero no todas las personas de 70 años se infectan y hay jóvenes que la han pasado muy mal. También sostuvo que los desplazamientos podrían limitarse a un radio de 20 kilómetros, pero exigir llevar un GPS.

“Es el problema o la ventaja de que no saben exactamente todo de nosotros. Se aplican criterios que se vigilan mejor”.

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Sobre Ernesto Linzalata

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Venezolano, radicado en Venezuela. Licenciado en Comunicación Social y Máster en Desarrollo Organizacional y Gerencia de Proyectos, en la Universidad Católica Andrés Bello. Coordinador de contenidos de las versiones digitales e impresas de Cambio16 y Energía16. Y de la revista Cambio Financiero. Con amplia experiencia en el mundo de las comunicaciones, en medios como la Agencia Alemana de Prensa y el diario Economía Hoy. Asimismo, fue director redaccional de la revista de la Cámara Venezolana-Americana. Por más de 13 años se desempeñó en el área de Comunicaciones Corporativas de la Industria Petrolera. Membresía: Asociación de Revistas ARI, Colegio Nacional de Periodistas (CNP) y Sindicato Nacional de la Prensa de Venezuela (SNTP).

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