Anabel Rodríguez, de la Fundación para la Economía Circular, afirma que hay que innovar

Anabel Rodríguez, directora de la Fundación para una Economía Circular: “El cambio hacia una economía eficiente en el uso de los recursos”

El cambio de modelo productivo hacia la economía ciruclar persigue mantener el mayor tiempo posible los materiales y los productos, pero reduciendo al mínimo los residuos generados, es decir, buscar la efi ciencia en el uso de los recursos

La economía circular es un concepto económico que se interrelaciona con la sostenibilidad, y cuyo objetivo es que el valor de los productos, los materiales y los recursos (agua, energía,…) se mantenga en la economía durante el mayor tiempo posible, y que se reduzca al mínimo la generación de residuos. Se trata de implementar una nueva economía, circular –no lineal–, basada en el principio de “cerrar el ciclo de vida” de los productos, los servicios, los residuos, los materiales, el agua y la energía.

¿Cómo se puede defender que los productos tengan una segunda vida en una industria que impulsa la obsolescencia programada?

A través de instrumentos legislativos (en Francia, por ejemplo, se está discutiendo una ley que incorpora medidas para combatir la obsolescencia programada) que incluyan medidas obligatorias para los productores e instrumentos económicos, como sanciones.

¿Es la innovación una de las palancas para desplegar la economía circular?

Sin lugar a duda. Pero una innovación en el sentido amplio de la palabra, y en todos los ámbitos. Pasar de un modelo lineal a otro circular necesita una innovación en el ámbito de las administraciones públicas, en el sector privado y en la sociedad, en general. Asimismo, una innovación en el modo de pensar, en el uso de los recursos de forma eficiente, a la hora de diseñar los nuevos productos que se introducirán en el mercado, en los sistemas de producción y distribución, también en el ámbito del consumo y la gestión de los residuos. Se necesita innovación para hallar soluciones que ayuden a impulsar, por ejemplo, la reutilización y el reciclado material, los mercados de materias primas secundarias, el desarrollo de las energías renovables o el empleo local.

Las leyes, regulaciones y normativas están hechas para una economía lineal. ¿Cómo incorporar criterios de circularidad?

España pertenece a la Unión Europea. Lo primero es trasponer todos los textos legislativos que hay pendientes en relación con el paquete de economía circular, que ya contemplan medidas dirigidas en este sentido. Otra cuestión es cómo medir el avance hacia ese modelo más circular, cómo analizar si las acciones emprendidas nos llevarán a buen puerto o no, y para eso es necesario disponer de indicadores cuantificables.

Las empresas presumen de su capacidad tecnológica para desarrollar soluciones que modifiquen los procesos de producción y consumo, pero se quejan de las trabas administrativas. ¿Existen dificultades para transformar el mercado?

Es cierto que a veces los procesos administrativos suponen una traba a las soluciones que demanda la industria. Por ejemplo, la normativa con relación a cuándo un residuo deja de serlo para ser considerado un producto, es poco eficiente. Hay que seguir trabajando para impulsar mercados de materias primas secundarias, y en normas de uso que den tranquilidad a vendedores y compradores.

¿Es necesario crear recursos de apoyo económico, a través de la financiación público-privada o de incentivos fiscales, que promuevan procesos que eviten el agotamiento de recursos naturales?

Sí, lo mejor es disponer de una batería de medidas e instrumentos, entre ellos, los económicos. Y aquí no hay que contemplar solo instrumentos sancionadores, sino también aquellos instrumentos positivos como subvenciones o premios. En el ámbito de la economía circular, la colaboración pública/privada es fundamental.

Defienden el concepto de pago por generación, tasas para financiar la recogida y la gestión de los residuos, canon disuasorio para el vertido… ¿Es el viejo principio de que quien contamina paga?

En España todavía llevamos a vertedero el 50% de los residuos generados, cuando el objetivo es depositar como mucho un 10% para 2035. Sin embargo, ya hay países europeos que han alcanzado este objetivo, y todos ellos disponen de tasas variables en función de los residuos que se generan (tipo paga por lo que tiras), y un precio del vertido, incluyendo impuesto al depósito en vertedero, muy superior al que existe en nuestro país. Si queremos fomentar la prevención, la reutilización y el reciclado, no puede existir el vertido barato.

¿Son eficientes los actuales puntos limpios para el reciclaje y la recuperación?

Los puntos limpios son imprescindibles para aumentar las tasas de reutilización y reciclado material, especialmente para ciertas fracciones como los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos, los muebles y enseres, el textil, los aceites o los residuos peligrosos del hogar. Sin embargo, hoy en día en España, solo se recoge a través de ellos, el 8/9% de los residuos municipales, mientras que en Francia este porcentaje llega a superar el 30%. De modo que sí, es necesario optimizar los puntos limpios de nuestro país.

“En España todavía llevamos a vertedero el 50% de los residuos generados, cuando el objetivo es depositar un 10% para 2035”.

¿Es posible que el vertido cero no sea el objetivo final sino la consecuencia final?

Sí, puede verse también de ese modo.

¿Se siguen llevando al vertedero la mayoría de los residuos?

En España, como he dicho antes, se deposita en vertedero en torno al 50%. Otros países de la UE, como Francia, Finlandia, Holanda, Alemania o Austria, tienen un porcentaje que ya está entre 5 y 10%. Y en algunos países del Este, en cambio, los porcentajes de vertido aún son mayores que en España.

¿Qué cambios debería abordar España para adaptarse a las exigencias de la Unión Europea?

Lo primero, transponer a su ordenamiento jurídico interno, las modificaciones de las Directivas incluidas en el paquete “residuos” en el marco de la economía circular (de mayo de 2018), y la relativa a la de plásticos de un solo uso. Asimismo, publicar la Estrategia de Economía Circular, “España 2030”. Y después, cumplir con sus disposiciones para, entre otras, alcanzar los nuevos objetivos de preparación para la reutilización y el reciclado, y el nuevo objetivo de 10% para el depósito en vertedero (año 2035).

¿Rediseñar para regenerar?

Rediseñar para fabricar productos que demanden menos recursos (agua, energía,…), para que estos sean después más fácilmente reparables, reutilizables y reciclables.

¿Qué oportunidades brinda la tecnología digital a la economía circular?

Muchas, sobre todo en lo que se refiere a la obtención, tratamiento y análisis de datos, por ejemplo, en el consumo, en la recogida de residuos, en el control y seguimiento de los procesos productivos, etc. Y desde una perspectiva más amplia, en el ámbito de la industria 4.0 y las ciudades inteligentes.

¿Cómo explicar a las empresas que las compañías que cambian de modelo obtienen beneficios que van más allá del aprovechamiento de recursos?

La economía circular representa oportunidades empresariales, en términos de ahorro de costes, ventajas competitivas y una imagen más “verde” que muestra una empresa comprometida con el medio ambiente. Y que, en el ámbito de las compras públicas, también puede conllevar beneficios. Además, hay encuestas que señalan que un porcentaje de la sociedad ya demanda productos y servicios más ecológicos.

El fin último de la economía circular es alcanzar un modelo de producción y consumo en el que no quepa el error, es decir, que se persiga siempre la intención de acabar con los residuos y la contaminación?

En mi opinión, es humano cometer errores, y siempre los habrá. El fin que persigue la economía circular es lograr que el valor de los recursos, los materiales y los productos se mantenga durante el mayor tiempo posible en la economía, y al mismo tiempo disminuir la generación de residuos. No se trata solo de “acabar” con los residuos, sino que estos se generen en menor medida y que, una vez generados, puedan aprovecharse lo máximo posible como recursos para la fabricación de otros productos. Y la economía circular ayuda a combatir la crisis climática y las emisiones.

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Sobre Juan Emilio Ballesteros

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Español, radicado en Madrid. Licenciado en Ciencias de la Información, Universidad de Navarra y Periodismo, Universidad Complutense de Madrid. Subdirector y secretario del Consejo Editorial, responsable de cierre y publicaciones (versiones digitales e impresas de Cambio16 y Energía16, y de la revista Cambio Financiero). Con amplia experiencia en el periodismo de investigación. Fundador y director del Diario de Andalucía y director de Cuadernos para el Diálogo (segunda época). Autor del libro El sindicato clandestino de la Guardia Civil, Serie Reporter, Ediciones B, Grupo Z. Membresía: Asociación de Revistas ARI, Colegio Profesional de Periodistas de Andalucía, Asociación de la Prensa de Sevilla (APS) y Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE).

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