Matarromera, raíces familiares e innovación revolucionaria en la bodega

Por Juan Emilio Ballesteros
24/12/2017

Innovar en España resulta rentable, aunque sea en un sector muy familiar y purista que valora en exceso la tradición. Carlos Moro es hijo, nieto y bisnieto de viticultores. Sus vinos se encuentran tanto en los restaurantes de Nueva York como en el lineal de un supermercado. Y sus bodegas son eficientes y sostenibles.

Este experto agroindustrial de la FAO, con una dilatada trayectoria en el Ministerio de Agricultura y en la industria aeronáutica, fue el primer viticultor español en calcular la huella de carbono con un proyecto integrado de desarrollo sostenible de una bodega.

El objetivo era producir más energía de la que se consumía, reciclar el agua y todos los componentes de la uva y de los sarmientos y reducir las emisiones de CO2 para mitigar los efectos del cambio climático y paliar el avance de la sequía.

Eficiencia y sostenibilidad

Ingeniero agrónomo, máster en Tecnología de la Información y de las Comunicaciones y doctor en Enología y Viticultura, la vida de Carlos Moro cambió cuando en 1988 fundó Matarromera, un sueño que hunde sus raíces en una empresa familiar y que fue el germen de una auténtica revolución.

Como todos los visionarios que se adelantan a su tiempo, sus proyectos han abierto camino a una realidad que hoy sostiene y diversifica la industria del vino con propuestas como el enoturismo, la deconstrucción molecular y el vino sin alcohol, el aceite de oliva o la extracción de polifenoles y antocianos y su aplicación en el sector de la cosmética.

Tras el éxito de Matarromera, con la producción de vinos Ribera del Duero de alto nivel, el grupo apuesta por otras denominaciones de origen. Valdelosfrailes (D.O. Cigales), en el entorno de Cubillas de Santa Marta (Valladolid), o Rento (D.O. Ribera del Duero), de la bodega Renacimiento, ubicada en una antigua casona señorial del Siglo XVI donde residió el marqués de Olivares y que posteriormente fue un convento jesuita. En el año 2007 fundó en Medina del Campo la bodega Emina (D.O. Rueda) y adquirió la bodega Cyan (D.O. Toro), un abanico vitivinícola que se completó con la bodega OxTO, el primer vino fortificado del Duero.

También fundó la única destilería de la zona, Destilerías del Duero. Con la creación del Museo del Vino en Valbuena de Duero, la apuesta pionera por una bodega de arquitectura vanguardista y el enoturismo recibe numerosos reconocimientos, entre ellos la Medalla al Mérito Turístico en 2014.

El último proyecto es una almazara de aceite de oliva virgen extra en la zona de la meseta, en Valladolid. Se recupera así un cultivo histórico que producía un aceite excepcional en la época de Isabel la Católica y que luego cedió terreno ante los cultivos del sur. Ahora se revaloriza y se lleva al mercado bajo la marca Oliduero.

Calados naturales

Convencido de que es posible mitigar con tecnología las consecuencias del calentamiento global, la bodega Carlos Moro (DOCa Rioja), fundada en 2014 en San Vicente de la Sonsierra, en el corazón de la Rioja Alta, donde se producen los vinos más renombrados y prestigiosos y los que tiene mayor proyección internacional, pretende convertise en un referente vitivinícola de compromiso con el medioambiente en una región donde la excelencia y la calidad son señas imprescindibles de identidad.

“Es nuestro proyecto más bonito y paradigmático, el más extremo. Contamos con unos calados subterráneros naturales en los que se mantiene de forma natural la temperatura entre 11 y 14,5 grados. No estamos gastando energía ni siquiera agua”. Piensa que por naturaleza un empresario debe ser innovador. En 2016 fue distinguido con el Premio Nacional de Innovación. 

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