¿Cómo Trump puede revertir las políticas de Obama hacia Cuba? (y lo que implicaría)

Por Andrés Tovar
25/11/2016

Ya decíamos que la muerte del Fidel Castro marcaba el fin simbólico de una época, pero también inminente el fin de la era de Barack Obama y el inicio de la de Donald Trump, que podría tener un impacto mucho mayor en la frágil relación de Washington con La Habana.

Hacia el final de su mandato, Obama llevó a cabo una descongelación importante de las relaciones entre los dos enemigos de la Guerra Fría. Haciendo uso de su autoridad ejecutiva, Obama relajó algunas de las restricciones comerciales y de viaje en el embargo económico de Estados Unidos hacia Cuba y, en julio, los EEUU restauró oficialmente relaciones diplomáticas con la isla. Todo esto fue parte de un amplio acuerdo alcanzado entre los dos países en 2014, que también implicó un intercambio de prisioneros de Estados Unidos y espías cubanos y la salida de Cuba de ser retirado de la lista estadounidense de patrocinadores del terrorismo.

Ahora, el presidente electo estadounidense está amenazando con deshacer todo. Este lunes, Trump tuiteó que iba a “terminar” el acuerdo a menos que Cuba se comprometa a “lograr un mejor acuerdo”.

Sin contar que, en un discurso el 16 de septiembre, Trump afirmó que “todas las concesiones que Barack Obama ha concedido al régimen de Castro se realizaron con orden ejecutiva, lo que significa que el próximo presidente les puede revertir. Y eso es lo que haré a menos que el régimen de Castro cumpla con nuestras demandas”.

¿Trump podría realmente hacer eso? La respuesta es sí, absolutamente. Una vez que asuma el cargo, Trump literalmente, puede revertir cada acción ejecutiva que Obama haya emitido hacia Cuba. Y otra pregunta importante. ¿Será positivo que Trump revierta este acuerdo?

Hasta ahora, lo único que está claro es que, a pesar de su charla sobre impulsar una mayor “libertad religiosa y política para el pueblo cubano”, Trump ha mostrado hasta ahora poco compromiso a la promoción de esos valores en otros lugares, especialmente si lo hace a expensas de los intereses económicos de Estados Unidos. Una referencia: Sobre Afganistán, Trump se manifestó contrario a “seguir perdiendo dinero” para ayudar a la reconstrucción de ese país cuando ese dinero “se podría invertir la reconstrucción de los EEUU o a proteger de los aliados de la OTAN de la agresión rusa”.

Lo cierto es que varias empresas estadounidenses de alto perfil ya han comenzado a ocuparse para abrirse paso en el recién abierto mercado del turismo cubano. Restablecer las estrictas restricciones económicas y de viajes al país caribeño sería con toda seguridad perjudicar los intereses económicos, pensando con la “lógica Trump”.

¿Qué tan dispuesto estaría el magnate de bienes raíces convertido en político, que apuesta a una plataforma para restaurar el poder económico de Estados Unidos, a coartar una oportunidad de negocio potencialmente lucrativa para las empresas estadounidenses en nombre de la “libertad”?

Lo que el “trato” realmente involucra

En diciembre de 2014, tras 18 meses de negociaciones secretas entre funcionarios de alto nivel, el presidente Obama y el presidente de Cuba, Raúl Castro anunció que habían llegado a un “acuerdo histórico”. Tras la liberación de prisioneros estadounidenses en Cuba y similares en EEUU, Obama, usando su autoridad ejecutiva, relajaría una serie de restricciones económicas y comerciales relacionadas con el embargo a Cuba instaurado en 1962.

A las instituciones financieras se les permitiría cuentas abiertas con sus similares cubanas; se aliviarían las restricciones para la importación de equipos agrícolas y de telecomunicaciones a Cuba; a los estadounidenses se les permitiría utilizar las tarjetas de crédito y débito, así como mayores facilidades para el envío de remesas a estadounidenses con familiares en Cuba; y los cubanos podían comprar ciertos bienes de consumo en Estados Unidos vía Internet.

La administración también cambió la normativa para que sea más fácil para los estadounidenses viajar a Cuba, animando a una restauración del transporte aéreo regular entre los dos países.

Lo que Trump podría hacer, y cómo

Al anunciar su última acción ejecutiva sobre la flexibilización de las restricciones a Cuba en octubre, Obama dijo que su objetivo era “hacer que nuestra apertura a Cuba sea irreversible“. Pero el mandatario saliente sabe muy bien que las acciones ejecutivas pueden fácilmente ser revocadas por el próximo presidente.

Así, según las leyes estadounidenses, el presidente Trump podría ordenar al Departamento del Tesoro, al Departamento de Comercio, al Departamento de Transporte, Aduanas y Protección Fronteriza, al Departamento de Justicia y al Departamento de Estado rescindir, revisar o abortar cualquiera de las decisiones que el presidente Obama haya tomado, a tal nivel (en el escenario más radical) que podría ordenar al Departamento de Estado colocar de nuevo a Cuba en la lista de estados patrocinadores del terrorismo, podía romper las relaciones diplomáticas con Cuba y cerrar la Embajada de Estados Unidos en La Habana. Todas estas acciones serían completamente legales dentro del derecho legal de Trump como presidente.

Pero posiblemente la apuesta de Obama radicaba en hacer los lazos económicos entre los dos países lo más poderosos posible, de manera que fuera difícil y costoso abortarlos en un futuro. Quizá por esto relajó el tema de los vuelos a la isla y animó a empresas como Airbnb, Carnival Cruise Lines y Starwood Hotels a “incorporarse en la relajación” de la política económica estadounidense hacia Cuba y apostar por un nuevo punto turístico en auge.

Estrictamente hablando de negocios, eso podría representar para Trump un punto de quiebre con todas las empresas que ya han hecho importantes inversiones financieras basadas en la “buena fe” a las nuevas regulaciones de la administración de Obama, por ejemplo American Airlines que inauguró este 28 de noviembre su primer vuelo directo Miami-La Habana

El tuit de Trump hace pensar que es un hombre de línea dura sobre el tema Cuba. No obstante, lo comercial siempre tiene su peso y quizá el magnate-presidente pueda flexibilizarse, influenciado por los intereses comerciales.

En 1999, Trump escribió un artículo de opinión en el Miami Herald en apoyo del embargo: “Varios grandes grupos de inversión europeos me han pedido invertir en Cuba (…) Mi inversión (en Cuba) subsidiaría directamente la opresión del pueblo cubano. Por eso prefiero perder esos millones que perder mi dignidad”. Sin embargo, documentos revelados por la revista Newsweek develaron que, a tan solo sólo siete meses antes de que Trump escribiera ese artículo de opinión, había enviado en secreto una delegación en representación de hoteles y casinos de Trump Inc. para explorar posibles oportunidades de negocio en el país comunista.

Cuando se le preguntó en una entrevista el 7 de septiembre de 2015, sobre la decisión de la administración Obama para abrirse a Cuba después de décadas de frías relaciones, Trump dijo “creo que está bien. pero debería haber hecho un mejor trato”.

Lo otro que habría que ver es si una línea dura de Trump hacia Cuba, logra la respuesta que está buscando. Después de todo, los 50 años de políticas de Estados Unidos hacia Cuba no lograron alcanzar las reformas políticas, sociales y económicas deseadas dentro de la isla.

Habrá que seguir con cuidado el tema…

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