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Un pasajero que usa ropa protectora se sube a un taxi al llegar al aeropuerto Josep Tarradellas de Barcelona-El Prat desde Londres, después de que el gobierno español anunció que desde el 15 de mayo todas las personas que ingresen al país tendrán que pasar por cuarentena durante dos semanas, en medio del coronavirus. brote de la enfermedad (COVID-19), en Barcelona, ​​España, 15 de mayo de 2020. REUTERS / Nacho Doce

COVID-19: efecto devastador en el empleo mundial

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Las medidas de paralización total o parcial ya afectan a casi 2.700 millones de trabajadores, es decir, alrededor del 81% de la fuerza de trabajo mundial, que es de 3.300 millones de personas. Una cifra alarmante.

Aunque en la historia reciente de la humanidad ha habido cientos de virus e incluso de coronavirus, el SARS-CoV-2 será difícil de olvidar. En su paso imperceptible ha logrado detener la movilidad social en el planeta, colapsar los hospitales y camposantos; empujar a los gobiernos a declarar estados de emergencia y adoptar medidas excepcionales. Y sin saber con certeza cómo llegó ni cuándo se irá ha desplomado la economía y el empleo en cifras desconcertantes.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) estimó a inicios de enero, un aumento de 2,5 millones de desempleados en el mundo en 2020. Cifra que encajaba entonces en un mercado laboral “relativamente estable, con crecimientos similares a la de los últimos nueve años” y dentro de una ralentización esperada de la economía global.

Estos 2,5 millones de desempleados se agregarían a los 188 millones de personas sin empleo ya existentes. Y se sumarían a los165 millones de personas que no tienen suficiente trabajo remunerado y a los 120 millones o que han abandonado la búsqueda activa de trabajo, o no tienen acceso al mercado laboral. En total, más de 375 millones de personas en el mundo se ven afectadas por esas condiciones de falta de trabajo.

Con el SARS-coV-2 la cotidianidad de las personas cambió y los planes de los gobiernos, empresas e instituciones se detuvieron en forma abrupta. En las reestimaciones de la OIT, ofrecidas el 7 de abril, suponen que “las pérdidas de empleos serán devastadoras”. Y presenta algunos escenarios profundamente adversos.

El globo, un salto atrás

El Fondo Monetario Internacional (FMI) había previsto un crecimiento de la economía mundial de 3,3%, que dejaba atrás el 2,9% de 2019. En paralelo, el Banco Mundial fue más discreto en sus proyecciones: lo ubicó en 2,5%.

Pero la irrupción de la pandemia “provocará la peor crisis en la economía mundial desde la Gran Depresión de 1929”, dijo Kristalina Georgieva, directora gerente del FMI en un abreboca del informe que presentará la segunda quincena de abril. Adelantó algo más: “De la misma forma que la emergencia sanitaria golpea a las personas vulnerables, con más fuerza se espera que afectará a los países más pobres”.

En ese sentido, la secretaria ejecutiva de la Cepal (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), Alicia Bárcena, recordó que América Latina y el Caribe crecieron apenas 0,1% en 2019, lo que le quita sustento para encarar el descalabro de la contingencia de salud. Con un escenario conservador de caída del PIB regional entre 1,8% y 4%, el desempleo podría incrementarse 10 puntos porcentuales.

Esto llevaría a que, de un total de 620 millones de habitantes, el número de pobres en la región suba de 185 millones a 220 millones de personas; en tanto que las personas en pobreza extrema podrían aumentar de 67,4 a 90 millones.

La Comisión Europea, a través de su director general de Asuntos Económicos, Maarten Verwey, señaló en marzo, que “es muy probable que el crecimiento de la zona euro y el de la UE en su conjunto caiga por debajo de cero este año”.

Mientras, Roberto Azevédo, director general de la Organización Mundial del Comercio (OMC) resaltó que el comercio global caerá entre 13% y 32% en 2020 por la perturbación económica causada por el virus. “Las cifras son feas, no hay cómo negarlo. Todo el conjunto de cadenas de suministro se ha visto sacudido de manera significativa”.

La UNCTAD (Conferencia de Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo) cree que el coronavirus podría costarle a la economía global hasta 2 billones de dólares este año.

El FMI estima que el PIB mundial se contraerá durante este año un 3%, frente al 0,1% de 12 años atrás. Un crac sin precedentes desde la Gran Depresión de los años 30.

¡Ay la economía!

En el caso de España, la consultora Freemarket Corporate Intelligence prevé una caída del 5,6% al 10,6% dependiendo de la extensión del confinamiento y las medidas oficiales que se adopten. Ello implicaría un desempleo de 972.000 personas a 1,8 millones, en función del comportamiento económico.

Goldman Sachs consideró que la economía española emprenderá una severa contracción de 9,7% y el déficit público ascenderá a 10%. De manera coincidente el IESE, escuela de posgrado en dirección de empresas de la Universidad de Navarra, advirtió que el PIB español puede desmoronarse hasta un 10%.

De acuerdo a los ministerios de Trabajo y Seguridad Social, el número de personas afiliadas a la Seguridad Social al 31 de marzo fue de 18 millones 445.436, lo que supone que hasta ese día el sistema perdió 833.979 afiliados. Asimismo, la lista de personas inscritas en el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) se elevó en 302.265 personas respecto al mes de febrero. Cifra que no incluye a los primeros inscritos por ERTE.

Se trata del dato más negativo desde que hay registros. De esta forma, el paro registrado se dispara hasta los 3.548.312 y experimenta una subida mensual del 9,3%.

La preocupación por la economía es tal que, según la segunda ola de la Encuesta Funcas, los españoles valoraron en 9,1 puntos su preocupación por la economía, frente al 8,9 que le otorgan a la preocupación por contagiarse. Un aumento significativo con respecto a la semana anterior. El impacto laboral de la crisis del coronavirus en el empleo ha sido de enorme alcance, advirtió la encuestadora.

El porcentaje de parados que han declarado que no estaban en situación de desempleo antes del estallido de la crisis creció a medida que pasaban los días de la primera semana bajo el estado de alarma.

Catástrofe compartida

A nivel mundial, la OIT estima que la crisis por la COVID-19 hará desaparecer 6,7% de las horas de trabajo en el segundo trimestre de 2020, lo que equivale a 195 millones de trabajadores a tiempo completo.

Las medidas de paralización total o parcial ya afectan a casi 2.700 millones de trabajadores, es decir, a alrededor del 81% de la fuerza de trabajo mundial que es de 3.300 millones de personas. Cifra alarmante.

Recortes a gran escala están previstos en los Estados Árabes (8,1% equivalente a 5 millones de trabajadores a tiempo completo), en Europa (7,8% o 12 millones de trabajadores a tiempo completo) y en Asia y el Pacífico (7,2 % o 125 millones de trabajadores a tiempo completo).

Se calculan enormes pérdidas en los distintos grupos de ingresos. En particular en los países de ingresos medios altos, un 7% o 100 millones de trabajadores a tiempo completo. Esto supera con creces los efectos de la crisis financiera de 2008-2009.

Los sectores más expuestos al riesgo incluyen los servicios de hospedaje y restauración, turismo (aerolíneas), la manufactura, el comercio minorista y las actividades empresariales y administrativas.

“Los trabajadores y las empresas se enfrentan a una catástrofe, tanto en las economías desarrolladas como en las que están en desarrollo… Tenemos que actuar con rapidez, decisión y coordinación. Estamos frente a la peor crisis mundial desde la Segunda Guerra Mundial”, sostuvo Guy Ryder, director general de la OIT.

EE UU y China, unidos en las contradicciones

En China, país donde se originó el coronavirus con epicentro en la ciudad de Wuhan, se levantó el confinamiento este 8 de abril, tras once semanas de extendida cuarentena. Las primeras cifras ofrecidas por la Oficina Nacional de Estadísticas de esa nación asiática registraron descensos a doble dígito, con récords históricos.

La producción industrial (que mide la actividad manufacturera, minera y de servicios públicos) cayó un 13,5% interanual, la primera contracción desde enero de 1990. Las ventas al por menor, un indicador clave del estado del consumo en la segunda economía mundial, descendieron un 20,5% interanual, el mayor derrumbe desde que se tienen estadísticas. Mientras que la inversión en activos fijos -que refleja gastos en artículos que incluyen infraestructuras, propiedades, maquinaria y equipos- se redujo un 24,5% interanual, otro récord a la baja.

Pero poco se ha dicho del empleo. Las autoridades aseguran que se trata de una caída temporal y que la situación apremiante pronto se superará.

En Estados Unidos el coronavirus tardó en llegar. Pero en cuestión de días  ha arrollado a la población y se ha colocado en la punta de los contagiados y fallecidos. Igual sucede con sus niveles de empleo. El Departamento del Trabajo reporta el récord histórico alcanzado en las últimas tres semanas, al acumular cerca de 17 millones de peticiones de ayudas desde el inicio de la crisis. Los datos constituyen la cadena de mayor pérdida de empleo y la más rápida desde 1948.

Opciones para salir a flote

Para evitar una inminente recesión económica mundial, los multilaterales y organismos financieros han salido al paso. Se han activado y han movilizado aportes importantísimos para atajar el bajón de la economía. Igualmente, en forma particular, los gobiernos han dispuesto fondos para atender la crisis sanitaria y aliviar las penurias futuras.

La OIT sugiere adoptar medidas políticas integradas y a gran escala, centradas en cuatro pilares: apoyar a las empresas, al empleo y los ingresos; estimular la economía y los empleos; proteger a los trabajadores en el lugar de trabajo; y utilizar el diálogo social entre gobiernos, trabajadores y empleadores a fin de encontrar soluciones.

El G20, que reúne a las mayores economías del mundo, se comprometió a presentar un “frente unido” contra la amenaza común que representa el COVID-19, y anunció que inyectará más de 5 billones de dólares para impulsar la economía global.

Entretanto, el Banco Central Europeo (BCE), anunció un programa por 750.000 millones de euros para comprar bonos públicos y privados. El organismo definió el plan como Programa de Compra de Emergencia por Pandemia (PEPP) y el mismo realizará adquisiciones de “todas las categorías de activos elegibles” según lo establecido en el actual Programa de Compra de Activos (PPA) hasta finales de año.

El gobierno de España ha aprobado recursos, dentro de un plan de choque, para detener la contracción de la economía. Un primer tramo, por 20.000 millones de euros se destinará a asegurar la liquidez de las empresas más afectadas, y la mitad de ese importe servirá para garantizar nuevos préstamos a pymes y autónomos. Y en el lado de los trabajadores, se mantiene en discusión la aplicación del Ingreso Mínimo Vital.

Al ofrecer las estimaciones preliminares, el director de la OIT asentó que “esta es la mayor prueba para la cooperación internacional en más de 75 años”. Y afirmó que las medidas correctas, urgentes y coordinadas entre todos “podrían hacer la diferencia entre la supervivencia y el colapso”.

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Venezolana radicada en Venezuela. Licenciada en Comunicación Social en la Universidad Católica Andrés Bello. Subcoordinadora y redactora de las versiones digitales e impresas de Cambio16 y Energía16. Redactora de la revista Cambio Financiero. Con gran experiencia en la cobertura de las fuentes Ciudad, Educación, Iglesia, Laboral, Partidos Políticos, Cancillería, Parlamento y Palacio de Gobierno, para periódicos como El Mundo, Reporte de la Economía y El Universal. Membresía: Asociación de Revistas ARI, Colegio Nacional de Periodistas (CNP) y Sindicato Nacional de la Prensa de Venezuela (SNTP).

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