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Imagen de The Clientele.

'The Clientele': el bello susurro

Por Jon Pagola
17/12/2017

Pocos recordarán por estas latitudes la película Mapa (2012) de León Siminiani, un documental autobiográfico sobre un joven director español que es despedido de su trabajo en televisión. Para superar el bache, se viene arriba: rompe con su vida y viaja de mochilero a la India, donde retomará su sueño de hacer cine. Lo que no sabe es que la búsqueda de su felicidad es, en realidad, una huida. Típico caso de torpe antihéroe que busca infructuosa y desesperadamente su camino.   

Hace seis años el grupo inglés The Clientele decidió criogenizarse. Su camino también se había truncado. Después de un disco tan hermoso como Bonfires On The Heath (2009), se volvieron a sentir desahuciados. La historia de siempre: la crítica y los enteradillos te adoran, y el mundo te ignora. Así ha sido desde los tiempos de Suburban Light (2000), donde pasaron a convertirse en la promesa del indie inglés llevando a su terreno tanto a grupos de los 60 (Love, The Zombies, los Beatles más introspectivos) como a los más exquisitos del pop de los 80 (Felt, Television Personalities, Galaxie 500). Su líder, Alasdair MacLean, hizo de León Siminiani y se refugió en el grupo paralelo que tiene con Lupe Núñez-Fernández, Amor de Días.

Reivindicar su legado

Su salvación, en cambio, lo ha encontrado en The Clientele. Auscultándose a sí mismo. Primero fue la reedición de su debut, después la aparición de unos singles sueltos y ahora este Music For The Age Of Miracles. En la canción que cierra el álbum, The Age Of Miracles, se psicoanaliza: “Últimamente, he estado viviendo como si estuviese muy lejos / como si fuera otra persona en otro lugar”. Aunque nunca serán los favoritos de la parroquia festivalera, ya va siendo hora de reivindicar su legado. Son tercos, fieles a sus principios. No son de los que traicionan sus ideales. Todos sus discos tienen un plus de sinceridad, de arrebato emocional que necesitan ser compartidos con alguien de confianza. En este caso, canciones como The Neighbour y Lunar Days reconfortan el corazón y calientan nuestras manos: también están hechas para abrigarnos y no pasar frío. 

Leves gotas de psicodelia

Poco o casi nada ha cambiado en su música desde que salieron del coma inducido. El característico susurro con reverb de Alasdair sigue meciendo unos temas bañados en aguas crepusculares. Las leves gotas de psicodelia van y vienen y las letras vuelven a capturar simbólicos paisajes. Music For The Age Of Miracles es un disco resplandeciente que brilla con fuerza en el firmamento del pop actual. Admirados por Fleet Foxes o Spoon, parecen misteriosos pintores que te desvelan los secretos de sus cuadros. No es casualidad que la portada del nuevo disco pertenezca a una melancólica obra del artista londinense Carel Weight, The Battersea Park Tragedy, maestro de la generación de oro de la pintura británica de postguerra.

En ese reencuentro con los fantasmas de su pasado para proyectar el futuro, la figura de Anthony Harmer ha sido premonitoria. Alasdair lo conoció a mediados de los 90, pero luego le perdió la pista. Ahora son vecinos. Han trabajado juntos en los nuevos temas. Y, junto con James Hornsey (bajo) y Mark Keen (batería y piano), forman parte de esta segunda etapa de The Clientele. Por cierto, Siminiani se tuvo que volver de la India. Su búsqueda real, la de verdad, estaba en Madrid. En casa.   

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