Sufjan Stevens: el mejor regalo

Por Jon Pagola
11/02/2018

Cualquier churro que saque Sufjan Stevens logrará más adhesiones que la mayoría de artistas pop. Esto es así. Pero también es verdad que se ha ganado nuestra admiración por méritos propios, con unos movimientos tan geniales como inesperados. Cada disco es una caja de sorpresas. Los dribling te obligan a levantarte del asiento y romper a aplaudir. Y sus concierto, una exhibición de sensibilidad y fantasía. Se dio a conocer en plan grandilocuente, dedicando trabajos enteros a dos estados, Michigan e Illinois. Hace tres años derritió corazones de titanio con una declaración de amor a sus padres: Carrie & Lowell (2015) se ha convertido en una de las cumbres de la música contemporánea. En una época en la que resulta complicado separar el grano de la paja, Sufjan Stevens ofrece un asidero de confianza donde agarrarse. 

Se pueden esperar muchas cosas -y casi ninguna positiva- de una relectura -bajo la ambigua etiqueta de mixtape- de Carrie & Lowell. Este The Greatest Gift. Mixtape. Outtakes, Remixes, & Demos parece un capricho navideño, un sacacuartos, una forzada segunda parte de una obra inmaculada. ¿Estará exprimiendo el zumo del éxito como, no sé, James Rhodes con Instrumental y las secuelas que han venido después? ¿Nos estará dando gato por liebre?

La respuesta es NO. Ya se ha dicho que todo lo que hace Sufjan Stevens es oro puro.

Todo lo que hace Sufjan Stevens es oro puro

Para empezar, aquí hay cuatro temas nuevos que brillan como soles: Walowa Lake Monster, The Greatest Gift, The Hidden River Of My Life y City of Roses. Podrían haber formado parte de su predecesor, aunque el primero de ellos se eleva un palmo por encima del resto. A caballo entre el folk y la música ambiental, la letra rememora el abandono de su madre y lo combina con elementos fantásticos hasta que irrumpe un coro que empuja la canción al infinito. Siete minutos de épica y emociones a flor de piel.

El resto, no por conocido, deja de tener interés. Que dos canciones (Carrie & Lowell y John My Beloved) hayan sido grabadas con un Iphone y mantengan la magia intacta dice mucho de su valía. Recupera por partida doble Drawn To The Blood, lo que da pie a pensar que cualquier corte estaba abierto a las reencarnaciones que a su creador le hubiera dado la gana.

En este caso, de la delicada y acústica versión original se pasa a una toma de perfil electrónico y otra en la que se atreve con una técnica tan complicada como el fingerpicking. En general, las remezclas de The Greatest Gift sacan a la luz su lado más experimental y juguetón. Eso sí, sorprende que le quiera dar una vuelta de tuerca a Exploding Whale: cuando salió como single exclusivo en la gira de presentación de Carrie & Lowell, ya se alejaba de la desnudez instrumental del disco.

Sufjan Stevens es impredecible. Experto en sacarle lustre a discos navideños, ha aparcado los villancicos por una revisión de su obra maestra. Aunque no lo parezca, 2017 ha sido un año muy fructífero para él. Ha sacado un disco colaborativo (Planetarium), dos apéndices de Carrie & Lowell (un directo y una reinterpretación) y hasta ha colaborado en la banda sonora de la película Call Me By Your Name. Hace de todo y todo lo hace bien.

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