"Una Venezuela libre es garantía de una Venezuela próspera"

“Amo a Venezuela”. Alberto Ruiz Gallardón (Madrid, 1958) lo recalca para dejar claro su compromiso con el país suramericano al que ha viajado unas cuantas veces en los últimos años. Considera que algo está cambiando en el país y no porque el Gobierno vaya a modificar sus políticas sino porque, a su juicio, existe una “quiebra interna” en el chavismo, que debilita a Nicolás Maduro.

Quien fuera presidente de la Comunidad de Madrid, alcalde de la capital española y ministro de Justicia ha accedido a ser entrevistado, exclusivamente para hablar de Venezuela, en la sede de Cambio16.

No deje de ver el especial: El caso Venezuela

POR IÑIGO ADURIZ | FOTOS: BENITO GUERRERO
28/07/2017

Dada su experiencia política, ¿cuáles cree que serían las consecuencias de la celebración de la Asamblea Nacional Constituyente de Venezuela?

Al margen del análisis político, se debe hacer uno jurídico. El acto que ha realizado el Gobierno de Nicolás Maduro convocando esa asamblea es rotundamente inconstitucional. La Constitución de Venezuela, que es la de Hugo Chávez a quien Maduro dice seguir, establece claramente que para convocar una Asamblea Constituyente el único que tiene capacidad jurídica para hacerlo es el pueblo venezolano, titular de la soberanía. Por lo tanto, una asamblea constituyente requiere la previa celebración para constituirse. Suplantar al pueblo venezolano, arrogarse una soberanía que no le corresponde al Gobierno, es un acto completamente ilegal.

¿Cuál es, a su juicio, el objetivo político?

Lo que se pretende es instaurar definitivamente un régimen no democrático y autocrático, siguiendo el modelo cubano. Cuando el pueblo venezolano ha acudido a votar libremente ha ganado la oposición y por eso la asamblea legislativa está en estos momentos con una mayoría opositora. Aunque en la práctica no lo es, Venezuela formalmente es una democracia. Formalmente existe una separación de poderes, el legislativo no está sometido al poder ejecutivo y el poder judicial es independiente al margen del propio poder electoral. En la práctica todos sabemos que no es así: el poder judicial está sometido al ejecutivo y la Asamblea Nacional está secuestrada por el propio Gobierno de Maduro.

¿Qué busca entonces el Ejecutivo con la Constituyente?

Convertir en legal lo que de facto ocurre en Venezuela: que desaparezcan los tres poderes y que haya un único que sea el ejecutivo. Esa Asamblea Constituyente lo que pretende es formalizar la dictadura. Es algo que estoy convencido de que el pueblo venezolano no va a aceptar.

Por lo que usted dice, sería imprescindible que hubiera dos referéndums: uno, que diera pie a la creación de la Asamblea Constituyente y otro que refrendara esa nueva Constitución.

Correcto. Eso es lo que dice la Constitución. Convocar una Asamblea Constituyente es abrir las puertas a cambiar de régimen. No es una modificación legal: es cambiar de régimen. Por eso, la Constitución venezolana dice que si se quiere cambiar de régimen esa es una decisión que tiene que adoptar el pueblo venezolano. No la puede adoptar un Gobierno de turno, ni tampoco la Asamblea legislativa por su cuenta y riesgo. Es solo el pueblo venezolano, titular de la soberanía, quien podría tomar la decisión de cambiar de régimen. Eso es para iniciar el procedimiento: esa Asamblea tendría que redactar una Constitución y tendría que ser sometida otra vez a referéndum del pueblo venezolano. Pero ahora, al haberse quebrado el inicio legal del procedimiento tal y como establece la Constitución, el trabajo que en su caso desarrollase esa Asamblea Constituyente sería ilegítimo.

“La quiebra interna”

Se está hablando en las últimas horas de la posibilidad de que esa Constituyente se suspenda. ¿Qué grado de credibilidad da a las informaciones que hablan de una negociación para que eso se suspenda?

El cambio más importante que se ha producido en los últimos meses en Venezuela más que cuantitativo es cualitativo, en relación con la pérdida de apoyos del Gobierno. Es más importante cualitativamente porque cuantitativamente ya lo había perdido. Que la mayoría del pueblo venezolano está en contra de la dictadura de Maduro es algo que ha quedado acreditado en las últimas elecciones libres que hubo en Venezuela que fueron para elegir la Asamblea legislativa. Que la oposición está en contra no solo del Gobierno sino también de este proceso constituyente es algo que todos conocíamos. Lo que ha pasado en las últimas fechas es que algunas voces internas se han alzado ahora para oponerse al Ejecutivo.

¿Por ejemplo?

Fuera de la política el venezolano más universal, que es Gustavo Dudamel. Él, que durante muchos años –y no juzgo sus razones y motivos– ha tenido una actitud, si no de apoyo oficial, sí al menos de silencio ante el deterioro democrático de Venezuela, en los últimos días ha salido públicamente con una voz muy rotunda demandando esa democracia y solicitando expresamente al Gobierno que no celebre esa ilegal Asamblea Constituyente. En segundo lugar, se ha producido una quiebra interna dentro de las propias estructuras del régimen. Hay muchos ejemplos pero sin duda el más significativo es el de la fiscal general. Aunque son muchos ya los sectores del chavismo que en este momento se dan cuenta de que la huída hacia delante que han preparado Nicolás Maduro, Diosdado Cabello y las personas que hayan tomado esta decisión, no les va a llevar a parte ninguna. No les va a legitimar la pérdida de libertades que en estos momentos tiene Venezuela. No hay Asamblea Constituyente que pueda legitimar la existencia de presos políticos en el siglo XXI ni en Venezuela ni en ningún país del mundo. Yo no tengo información en estos momentos para saber si se va a rectificar o no esa decisión. Pero sí la tengo sobre que el chavismo se está quebrando y que una parte importante de sectores de la opinión pública, del propio Gobierno y del Ejército, que hasta hace unos meses apoyaban el Gobierno de Maduro, hoy ya no lo apoyan y son conscientes de que lo que ha hecho Maduro convocando la Asamblea Constituyente ha sido dar un golpe de Estado institucional. Ellos no quieren ser cómplices de ese golpe de Estado.

Desde abril se han producido más de un centenar de muertos en las protestas contra este proceso constituyente. ¿Existe ya un conflicto civil?

El conflicto civil existe. En estos momentos, la situación de Venezuela es la de mayor violencia de todos los países del mundo en los que no está oficialmente declarada una guerra. No hay ningún país sin declaración de guerra que haya tenido tantos muertos por habitante como ha tenido Venezuela en el último año. Esta es una realidad. Ahora bien, tenemos que ser conscientes de que, siendo dramática la situación en Venezuela, puede empeorar y mucho. Si la violencia se generaliza y se llega a un conflicto armado entre distintas partes del Ejército o entre el Ejército y la población, la situación sería homologable a la de aquellos países que están sufriendo un conflicto bélico. Hay una responsabilidad de todos, pero muy especialmente de quien tiene el poder, es decir, del Gobierno, a la hora de evitar que eso pueda ocurrir. No les queda mucho tiempo. No pueden seguir jugando ni con el hambre, ni con la desesperación, ni con la pérdida de libertades del pueblo venezolano.

El Gobierno siempre ha insistido en que, entre otras razones, sigue ahí porque el Ejército le respalda. ¿Existen divergencias?

Sin que sirva de precedente estoy de acuerdo con el Gobierno de Maduro. Él no estaría en el poder en estos momentos si no tuviera el respaldo del Ejército. No tiene ni el apoyo popular ni el internacional. La única razón por la que Nicolás Maduro sigue siendo presidente de Venezuela es por el apoyo del Ejército. Pero esa realidad que ha sido cerrada hasta la fecha, puede dejar de serlo. Puede que haya muchos militares que antepongan el interés general del pueblo venezolano al interés particular de Maduro y Diosdado Cabello.

“Soy partidario de sanciones individuales”

¿Comparte entonces la reflexión que hacía recientemente Felipe González que consideraba que la única salida pasa por que el Ejército se pronuncie?

Coincido plenamente con el presidente González en que, si es el Ejército el único sostén que tiene el Gobierno venezolano, la salida no violenta debe pasar por el propio Ejército.

España ha solicitado a la Unión Europea que sancione de alguna manera a Venezuela si esa Constituyente se produce. ¿Cuáles son esos posibles castigos?

Siempre he sido partidario de que las sanciones que se hacen a los gobiernos que actúen al margen de la legalidad no perjudiquen a los ciudadanos. El Gobierno de Maduro es merecedor de sanción, pero lo que pido a la comunidad internacional es que esas sanciones afecten a todos los que están participando en la usurpación democrática que vive Venezuela, pero que no al pueblo venezolano. Sanciones que empobrezcan aún más al país no creo que se deban aplicar. Sí soy partidario de las que afecten directamente al presidente, a sus ministros, a la administración, a los militares participen en este destrozo democrático.

¿Tenía que haber actuado antes la comunidad internacional?

Sin duda alguna. La comunidad internacional ha reaccionado tarde. Hace ya muchos años que empezó este secuestro de la democracia en Venezuela pero muy especialmente a raíz de la anulación de la voluntad popular, despojando de competencias a la Asamblea legislativa a raíz de las últimas elecciones, la comunidad internacional debería haber actuado. Dicho esto, tengo que reconocer que hay algunas excepciones que son admirables, al frente de las cuales pongo al secretario general de la Organización de Estados Americanos, Luis Almagro. Ha sido la voz valiente que, enfrentándose no solamente a Venezuela sino a algunos países que les interesaba más que el tema venezolano no estuviera en la agenda política, ha defendido de verdad lo que necesitaban los venezolanos.

¿Ha echado en falta un papel más activo de EEUU, la UE o la ONU?

EEUU, cuando piensa en Venezuela, nunca agota ahí su pensamiento. Está siempre pensando en un binomio Cuba-Venezuela. Sin esa clave no se puede entender por qué no ha habido una actitud más enérgica en relación con la situación venezolana. Tengo la esperanza de que eso cambiará.

Usted es uno de los abogados de Leopoldo López. ¿Cómo valoró su excarcelación?

Desde el punto de vista humano como positiva para él e incluso más que para él para su familia. Porque era su familia la que padecía el auténtico sufrimiento por el encarcelamiento en Ramo Verde de Leopoldo López. Desde un punto de vista jurídico y político hay que recordar que Leopoldo López sigue preso. Es verdad que no está en una prisión militar sino en su casa. Pero sigue preso, sin libertades, sin sus derechos políticos, sin poder ser candidato a unas eventuales elecciones legislativas o presidenciales. Por lo tanto, el régimen no ha liberado a Leopoldo López, lo único que ha hecho ha sido trasladarle de Ramo Verde a su domicilio. Leopoldo López, a día de hoy, sigue siendo un prisionero político.

¿Es de los que cree que se debe solucionar la situación de esos presos para iniciar cualquier diálogo o negociación?

La liberación de los presos políticos no debería ser la consecuencia del diálogo de la oposición con el régimen. Debería ser una premisa para iniciarlo. Entiendo que abordar el futuro, fijar las fechas electorales o reformas legislativas, todo eso debe salir de un diálogo. Pero para empezar esas conversaciones la oposición debería exigir la liberación no solo de Leopoldo López sino de la totalidad de los presos políticos en Venezuela. En el siglo XXI una nación occidental y latinoamericana como es Venezuela, no puede tener presos políticos.

¿Ha cambiado su percepción del papel que ha jugado el expresidente Zapatero a raíz de esa excarcelación?

Los tres expresidentes del Gobierno –Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero– han jugado cada uno un papel en todo el proceso venezolano, como también lo ha jugado el presidente actual, Mariano Rajoy. Cada uno lo ha hecho donde pensaba que podía ser más útil y es indudable que Zapatero tiene un acceso al Gobierno venezolano que no tienen ni el presidente Aznar ni el presidente González. Cada uno ha jugado en el terreno donde podía ser más útil. Por tanto, yo sí creo que la clase política española ha tenido un papel activo y espero que lo siga teniendo en todo el desarrollo de la situación en Venezuela.

La unidad popular

En el futuro, ¿ve necesaria una reconciliación nacional en Venezuela?

Para que Venezuela vuelva a ser la gran nación que tiene derecho a ser por historia, por el talento de sus ciudadanos, por sus recursos naturales y por tantas razones, es absolutamente fundamental que, por encima de las diferencias políticas, se produzca un proceso de unidad popular en torno a un ideal democrático y a la defensa de un proyecto de país. Eso se tiene que generalizar. Dicho esto, tengo que decir que ese gran movimiento de unidad popular no debe ser de ninguna forma incompatible con la exigencia de responsabilidades políticas y jurídicas a los que hayan violado la ley, usurpando las libertades de los venezolanos y actuando en contra de su propia Constitución.

¿No ve factible una suerte de vacatio legis como se propone desde algunos sectores?

Es una decisión que tendrán que tomar los venezolanos. En la solución final hay que conseguir dos cosas: una, que Venezuela vuelva a las libertades y desde la libertad a la prosperidad, y otra, que nadie tenga la tentación en el futuro de volver a robarle la soberanía a los venezolanos. Un acto de usurpación de la soberanía y de violencia democrática debe tener una respuesta política y jurídica.

¿Hubo un punto de inflexión que hizo que el chavismo comenzara su deriva que ha culminado con la convocatoria de la Constituyente?

Ha sido un proceso progresivo en el que se ha ido degenerando. Hay dos puntos de inflexión: el primero, cuando el Gobierno de Maduro toma la decisión de tratar de forma desigual a los venezolanos y de hacer una selección de personas afines dentro del Ejército, de la administración y de la judicatura, a las que se les da una serie de privilegios que se les restan a los ciudadanos. Ahí es donde el Gobierno, que tenía una legitimidad de origen por haber ganado las últimas elecciones presidenciales, pierde sin embargo la legitimidad de ejercicio. En segundo lugar, cuando empieza este golpe de Estado institucional es cuando el chavismo pierde las elecciones a la Asamblea legislativa. En lugar de aceptar esa derrota lo que hace es anular la capacidad legislativa de la Asamblea violentando la Constitución, y, por tanto, le niega al pueblo soberano su capacidad para decidir su destino.

La oposición ante la crisis

¿Ha fallado la oposición por no haber estado completamente unida en todo momento?

La oposición sabe que la unidad es su gran fortaleza. Durante los últimos meses el chavismo ha intentado en repetidas veces dividir a la oposición, enfrentar a unos líderes con otros, y no lo ha conseguido. La oposición venezolana ha dado muestras de una enorme responsabilidad ante la gravedad de la situación del país.

Dos de los problemas más graves del país son la inseguridad y la escasez de alimentos. ¿Cómo solucionarlos?

Venezuela es el país más inseguro del mundo que no tiene declarada una guerra. Hay que ver las causas de esa inseguridad porque Venezuela sufre dos tipos de violencia: una es la política y, la otra, la derivada de la ausencia de productos básicos, alimenticios y sanitarios para una parte muy importante de la población. Hay que recordar que una parte muy importante de esa ciudadanía está en estos momentos en posesión de un arsenal muy importante. Unas armas que fueron entregadas en su día por el presidente Chávez bajo la amenaza de que iban a ir los yanquis a la frontera e iban a invadir a Venezuela. Los yanquis no aparecieron nunca pero esas armas se quedaron ahí. Y se están utilizando no solamente para asesinar a miembros de la oposición en las manifestaciones, sino también para asaltar establecimientos como consecuencia de la situación económicamente patética que atraviesa el país. La primera medida que habría que tomar es que no existiesen más armas en Venezuela que aquellas que estuviesen en manos del Ejército o de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Todos los colectivos tienen que ser necesariamente desposeídos de esas armas. En relación a la situación terrible que está padeciendo el país, una Venezuela libre con un Gobierno democráticamente elegido por los ciudadanos, con un Estado de derecho que garantizase la división de poderes, lograría dos cosas: una solidaridad internacional formidable que le ayudara ante esta situación crítica que se está viviendo y, en segundo lugar, por el talento de los venezolanos y por los recursos naturales del país, una garantía de crecimiento económico durante los próximos años que en un plazo relativamente breve pudiese devolver a Venezuela a los estándares de bienestar que tenía antes de que el chavismo iniciase el deterioro del país.

¿Qué mensaje les trasladaría a los venezolanos? ¿Sería de esperanza?

Sin duda. Venezuela tiene futuro. Aparte de que amo mucho a ese país creo profundamente en Venezuela. Creo en su gente, en el talento, en la formación y capacidad que tienen los venezolanos para asumir los retos más importantes. Si Venezuela se convierte en un Estado de Derecho y en un país con libertades, estoy convencido de que va a ser enormemente atractivo para la inversión internacional, para localizar actividades allí. Una Venezuela libre es garantía de una Venezuela próspera.

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