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En el rescate del Aquarius, el problema es Europa
En el rescate del Aquarius, el problema es Europa

En el rescate del Aquarius, el problema es Europa

Por Andrés Tovar
12/06/2018

La decisión de Pedro Sánchez del rescate del Aquarius y su recibimiento en Valencia es la noticia de la semana. Primeramente, hizo que muchos españoles se sintieran orgullosos o más orgullosos de ser españoles. Pero además ha movido a Europa a la conciencia de un asunto dramático y desgarrador: ahogar a los inmigrantes en el Mediterráneo. Mientras se espera la llegada del barco, los problemas logísticos y burocráticos se han ido solucionando en las últimas horas, a pesar de que ningún país deseaba aceptarlos hace un poco más de 24 horas.

Pero, amen de los elogios, hay que poner la lupa en lo que realmente representa el rescate del Aquarius. La acción de Sánchez de entrar en la brecha causada por el enfrentamiento entre Italia y Malta marcó un tipo de solidaridad y responsabilidad compartida que se necesita con urgencia entre los líderes de la UE. La situación precaria en la que se encontraron el Aquarius y sus pasajeros es una muestra de la descoordinación de los estados miembros de la UE para gestionar la migración de manera estratégica. Principalmente donde los estados miembros -más allá de los que reciben a los recién llegados- son parte de la solución.

También es un reflejo de los Estados miembros que no miran más allá de la costa para abordar de manera exhaustiva las terribles condiciones que llevan a las personas al mar. La migración a causa de los conflictos, los desastres naturales o la pobreza, si bien lamentable, es una realidad. La pregunta no es cómo detener la migración sino cómo administrarla. Asimismo, cómo garantizar que los refugiados reciban la protección a la que tienen derecho en virtud del derecho internacional.

Qué hay tras el rescate del Aquarius

Antes de cualquier consideración, bien vale recordar qué hay tras el rescate del Aquarius. 626 refugiados a bordo. Más de cien niños que viajaban sin sus padres. Siete mujeres embarazadas. 15 personas con quemaduras graves. Varios pacientes críticos por hipotermia y ahogamiento.

Con este panorama, hay varios puntos a tomar en cuenta. En primer lugar, el rescate del Aquarius es una situación excepcional. Más bien, una excepción humanitaria. Son las vidas de cientos de personas. Por lo que un país democrático no debería permitirse dejar morir a cientos de personas en el mar. En este sentido, no sólo es de digno reconocimiento la actitud del gobierno central, sino inclusive la de comunidades como la Valenciana, Cataluña, Extremadura, País Vasco o Navarra. Todas en las últimas horas han ofrecido acoger a inmigrantes que van a bordo del barco humanitario.

No obstante, las excepciones humanitarias no pueden convertirse en regla. El Consejo de Europa, una institución en defensa de los derechos humanos de la que forman parte los países de la UE, al agradecer al Gobierno español el rescate del Aquarius ha avisado que “salvar vidas en el mar es una obligación” de los estados. El llamado es claro. La política migratoria europea no puede estar en manos de decisiones excepcionales de un país u otro. Ni tampoco de gobiernos regionales. Es un reto europeo y la solución tienen que salir de un acuerdo europeo.

La verdad sea dicha

Frente a lo anterior, y mientras la mayoría de comentarios aplauden la decisión del rescate del Aquarius, el racismo ha vuelto a aparecer en escena. No hay que profundizar mucho en las redes para encontrar reprobables comentarios. Quizá, el más doloroso, el del ministro del Interior italiano, Matteo Salvini, que calificó de “victoria” el cierre de sus puertos. “Los 629 inmigrantes a bordo de la nave Aquarius se dirigen a España. Primer objetivo logrado“, reza el tuit de Salvini.

El doble rasero de comentarios como éste olvida no sólo el compromiso humanitario europeo. Sino que resulta deleznable que venga de líderes de países donde gran parte de sus economías dependen de los trabajadores migrantes, como los que vienen de África, para realizar trabajos temporarios y estacionales. Las remesas que estas personas envían a sus hogares también son vitales para tantas familias africanas. Pero la legislación existente, como la Directiva de trabajadores de temporada de la UE, no está funcionando como estaba previsto. Y los proyectos piloto propuestos en la revisión de la UE de la agenda europea sobre migración aún no se han implementado. Los cambios sensibles en esta área darían a los Estados miembros de la UE más control de la migración, no menos.

Por ello, es importante que en el próximo Consejo europeo se reabra el debate. Principalmente para exigir a todos los Estados Miembros que asuman su parte. Y para que trabajen todos juntos para evitar otros casos como el del rescate del Aquarius. O peor. Otra crisis humanitaria como la de 2015. Si cada país acoge o deja de acoger sin consenso ni acuerdo los barcos que otro país rechaza damos la razón a los populistas que quieren ir por su cuenta. Mirando hacia otro lado y desentendiéndose de una tragedia. Una que va en contra de los valores fundacionales de Europa.

Y usted. ¿Aprueba el rescate del Aquarius?

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