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La fuerza del voto

El Consejo Editor de Cambio16, en una aportación editorial que inaugura las propuestas de este órgano asesor ante las cuestiones que más preocupan hoy a la ciudadanía y que, en consecuencia, deberían centrar el debate político y la actividad de nuestros representantes públicos, ha señalado que probablemente la respuesta más eficaz de la sociedad frente a la corrupción se manifieste a través del voto, que en democracia es la principal herramienta para expresar y representar la voluntad popular.Todas esas normas que garantizan la transparencia en la gestión pública, y que exigen el rendimiento de cuentas y el cumplimiento estricto de la ley, estarían de más si no tuvieran el refrendo de las urnas.

A través del voto podemos constatar la aceptación o el rechazo de actitudes y conductas que consolidan el modelo de convivencia democrático o, por el contrario, contribuyen al descrédito de la política y generan desconfianza en el sistema. El voto lleva implícita toda la fuerza ideológica que sustenta nuestra forma de pensar, todo aquello en lo que creemos, el mundo que anhelamos como posible, el necesario espíritu crítico con el que debemos afrontar y evaluar todo lo que concierne al ámbito de lo público. Supone la herramienta más eficaz contra la corrupción, cuyo caldo de cultivo es el silencio cómplice. Frente al conformismo y la claudicación, la rabia expresada a través de las ideas.

Detrás de cada voto hay una ideología y una conciencia. En democracia, el voto, mucho más que cualquier otro medio de expresión u otro instrumento de control, evidencia la satisfacción o el descontento, la capacidad de aglutinar mayorías que hagan posible un gobierno representativo, con capacidad de ejercer el poder de forma legítima y respetuosa con los principios éticos que afianzan la libertad, la justicia y la igualdad. Supone el mejor reflejo de la conciencia social y del compromiso éticoidóneo para exigir la asunción de responsabilidades a quien ejerce la acción política desde una representación otorgada. Por eso, el voto no debe jamás encubrir ni justificar la corrupción. Dicen los políticos a los que la estadística les es adversa que a la hora de la verdad siempre consiguen darle la vuelta a las encuestas, cambiando el sentido de las mismas. Las urnas constituyen la única encuesta válida y, de la misma manera que se no puede renunciar a las ideas, abstenerse de pronunciarse mediante el voto equivale a ser copartícipesde la corrupción.

El déficit democrático es de tal magnitud que ya no se refleja solo en el hecho de que ignoremos principios éticos y valores que han sido un referente moral, es que hemos claudicado incluso ante la responsabilidad que conlleva nuestra condición de ciudadanos que formamos parte de una colectividad y las exigencias, tanto individuales como sociales, que ello implica.No podemos consentir que se haya perdido la vergüenza como si no pasara nada, considerar como normal comportamientos que atentan gravemente contra los derechos y las libertades de todos, admitir como válidas conductas que ensucian la convivencia y pisotean el bienestar. Creer que la trampa es mejor que la ley y que ésta se ha hecho para eludirla o burlarla. Afirmaba StanislawLec que la ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento; su conocimiento sí. Estamos viviendo en medio de la indignidad y el poder resiste a duras penas la presiones de una sociedad indignada ante mascaradas tales como la participación a título lucrativo en la corrupción… ¿Es que se puede participar de alguna otra manera? La verdad se lleva mal con el silencio. No conviene callar ante el delito ni ocultarlo o camuflarlo porque supone amparar la corrupción. La realidad es como es, tal cual, y cualquier intento de manipulación supone, más que una traición, una cooperación necesaria con la corrupción. En política casi todas las cosas son lo que parece que son, no como en la economía, que sucede lo contrario. La calidad de la democracia que pretendemos depende en gran medida de la fuerza de nuestro voto.

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