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Fuentes de energía
Un mejor y más inclusivo acceso a la energía repercute en un aspectos clave, la agricultura y la alimentación

Energías renovables: Una oportunidad para cerrar la brecha entre ricos y pobres

El acceso a las fuentes de energía constituye una de las mayores desigualdades entre las naciones desarrolladas y las regiones más deprimidas del planeta. Alternativas como la fotovoltaica, o incluso la eólica, podrían ser una buena opción para reducir las diferencias. Pero la falta de personal cualificado, de tecnología y de recursos financieros atenta contra esta posibilidad. No obstante, se abre una ventana de oportunidad. La manera como la afrontemos será decisiva para el futuro de la humanidad.

José Luis estudia en la escuela Jomakaba Yabanoko, en la comunidad de Makareo, en el Delta del Orinoco, en la salida de Venezuela hacia el Atlántico. Se trata de una población de la etnia indígena warao. A pesar de ser un niño nacido en el siglo XXI, prácticamente no conoce la electricidad. Este es un servicio al cual solo tienen el privilegio de acceder los lugareños que poseen pequeñas plantas de gasolina. Es un contrasentido, teniendo en cuenta que a poco menos de 200 kilómetros de allí se encuentra Guri, un enorme complejo hidroeléctrico.

Se trata de una situación que se repite, con algunas diferencias, en el vecino Brasil, en México, en África, en Asia. Comunidades aisladas, sin acceso a fuentes de energía y carentes de la tecnología básica.

Lo más curioso es que, a la luz de los avances en energías verdes, se ha vuelto mucho más sencillo (al menos en teoría) llevar electricidad a comunidades remotas. Las fuentes fotovoltaicas o las eólicas, por ejemplo, convierten en innecesarios los ingentes proyectos y elevados presupuestos que representaría acometer tendidos eléctricos o plantas termo o hidroeléctricas. ¿Por qué una tecnología relativamente barata, fácil de instalar, de bajo impacto ambiental, renovable y eficiente no es utilizada en sitios donde es tan necesaria?

Una deuda de las naciones del mundo

Ya han pasado cuatro años, desde que Naciones Unidas aprobara la Agenda 2030 sobre Desarrollo Sostenible que cuenta con 17 objetivos que van desde la eliminación de la pobreza hasta la lucha contra el cambio climático, la educación, la igualdad de la mujer, el medioambiente o el diseño urbano. Y la transición energética es un factor fundamental.


Más de 3.000 millones de personas, la mayoría de Asia y África Subsahariana, cocinan con combustibles contaminantes y con tecnologías poco eficientes.

¿Qué hace falta?

Por un lado, se requiere aumentar la cooperación internacional para facilitar el acceso a la investigación y la tecnología relativas a la energía limpia. En ellas estarían incluidas las fuentes renovables, la eficiencia energética y las tecnologías avanzadas y menos contaminantes de combustibles fósiles. También se requiere promover la inversión en infraestructura energética y tecnologías limpias.

El financiamiento, la educación y la voluntad política sobresalen como requerimientos básicos. Vale la pena analizarlos uno a uno.

Inversión creativa

Ciertamente, la brecha entre ricos y pobres se convierte en un círculo vicioso. Un menor acceso a los recursos financieros reduce las posibilidades de acometer planes que permitan crecer económicamente.

En los países donde la pobreza y la falta de recursos obligan a priorizar, con frecuencia los proyectos tecnológicos (incluidos el sector energético y el ambiental) quedan a la zaga. Sin embargo, aunque es un obstáculo, no es una barrera infranqueable. Sobre todo, si se tiene en cuenta que las energías renovables ofrecen un amplio abanico de opciones de bajo coste. Por otro lado, el acceso a estas fuentes ayudaría a reducir la pobreza. Se cambiaría así un círculo vicioso por un círculo virtuoso.

La creatividad es una buena forma de solucionar el problema. Un ejemplo es Colibrí. Un emprendimiento que se lleva a cabo en Nicaragua, a través de Tecnosol, una pequeña empresa local de energía.


La compañía se asoció con el Fondo Multilateral de Inversiones (FOMIN) para promover un modelo de negocio viable. Con este programa se proponen servir a poblaciones de bajos recursos con acceso limitado a las redes energéticas. De esta manera, les proporcionan financiación a largo plazo para comprar paneles solares.

Se trata de un esfuerzo que ha logrado instalar más de 45.000 paneles solares, ahorrando 11 millones de litros de keroseno y 26.000 toneladas de emisiones de CO2. La firma opera 17 sucursales rurales y se está expandiendo a Honduras y El Salvador.

El caso no es el único

Otro ejemplo notable es el de Iluméxico. En 2009, un grupo de ocho ingenieros electrónicos, encabezados por Manuel Wiechers, tuvo la idea de emplear la energía renovable como su principal aliado para mejorar las condiciones de vida de las poblaciones marginadas en México.


En el país azteca se calcula en más de medio millón el número de familias que dependen de velas y diésel para iluminarse en comunidades rurales.

A la fecha, la empresa mexicana ha beneficiado a más de 18.000 personas en 254 localidades, al instalar más de 3.000 equipos. Con ello han ayudado a reducir aproximadamente 1.940 toneladas de emisiones de CO2.

No todo se trata de dinero. El caso de Venezuela, donde las zonas remotas carecen de servicios de energía, es un buen ejemplo. Si bien en la actualidad el país suramericano está en la palestra pública por atravesar una profunda crisis humanitaria, este miembro de la Opep era hasta hace poco conocido por su enorme potencial petrolero y su solvencia económica.

No obstante, si bien esa situación privilegiada le permitió notables avances en infraestructura, el acceso a ciertos servicios (como la energía) era limitado, ineficiente o inexistente, sobre todo en zonas remotas. Otros países de la región atraviesan por situaciones similares. Si no es un tema de recursos financieros, ¿qué sucede? En realidad se trata de un problema multifactorial. Pero se puede resumir en una falta de planificación.

La educación es indispensable

Pero los recursos financieros y la voluntad política no bastan. Contar con un capital humano capaz de acometer y participar es fundamental.

En el África subsahariana, aunque las energías renovables pueden ser la solución para más de 600 millones de personas que no tienen acceso a la electricidad, la región carece de trabajadores formados para instalar y mantener sistemas de energía solar, eólica y otro tipo de energías limpias.

La campaña Powering Jobs inició operaciones a finales de 2018. Su objetivo es capacitar a un millón de personas en todo el mundo para 2025. Con ello se busca satisfacer la demanda de trabajadores especializados en energías renovables.

Mejora integral de la calidad de vida

Programas de inclusión en el acceso a la energía redundarían en aspectos claves como la disponibilidad de agua, las fuentes de trabajo, la educación y mejoras en la distribución y calidad de los alimentos, por citar solo algunos.

A modo de ejemplo, millones de pequeños agricultores en el África Subsahariana tienen acceso inadecuado a fuentes de agua sostenibles y consistentes. Carecen de lluvia durante la estación seca y precipitaciones inciertas en otros momentos. Si bien la mayoría puede acceder al agua en su vecindad, enfrentan el desafío de una información inadecuada, mientras carecen de los medios  financieros para pagar los grandes costes iniciales de un sistema de riego confiable.

La respuesta viene de la mano de Sunny Irrigation, una empresa que se basa en energías alternativas. La solución a estos problemas es una bomba de agua solar de última generación, asequible y portátil.

La estrategia central de la firma se basa en la premisa de que un sistema de riego con energía solar permitirá a los agricultores aumentar el rendimiento de sus cultivos y generar mayores ingresos.

Sunny Irrigation estima que hay un mercado potencial de más de 10 millones de pequeños agricultores en Ruanda, Uganda y Kenia. En este último país ya han lanzado un proyecto piloto, bajo un equipo de desarrollo de negocios local.

Un futuro por descubrir

Éste es sólo un ejemplo de cómo un mejor y más inclusivo acceso a la energía repercute en un aspecto clave, como la agricultura y, con ello, la alimentación.

Las soluciones están sobre la mesa. De lo que la comunidad internacional, los gobiernos y las empresas hagan dependerá que las nuevas tecnologías abran aún más la brecha entre ricos y pobres o que, por el contrario, contribuyan a construir un mundo más equitativo.

Para más información visite Cambio16

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