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martes , agosto 20 2019
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Hay hombres mal hechos
Multitudinarias manifestaciones con motivo del Día Internacional de laMujer.

Hay hombres mal hechos

Por Rogelio Biazzi

No creo en el feminismo. No porque me asuste ni me parezca malo en sí mismo, sino porque me parece ininteligible y baladí. Lo que veo cuando escucho -perdón por el anti pleonasmo- argumentos feministas es incongruencia, confusión, desconexión, ambigüedad.

Se pide la igualdad entre géneros a la vez que se exige discriminación positiva, se lucha por combatir la superioridad masculina y a cambio se propone la femenina, se busca la protección a ultranza de la mujer mientras se sostiene que la mujer es fuerte y autosuficiente, se persigue que las políticas públicas acompañen a las mujeres en su batalla de ideas y al mismo tiempo se reclama su absoluta independencia.

Todas las sensibilidades

Y ello pasa en todas las variantes, ahora llamadas sensibilidades, de feminismo. Hay hasta un feminismo liberal, menudo oxímoron, que propone, por ejemplo, legalizar la prostitución y la gestación subrogada, iniciativas que comparto como liberal sin necesidad de ser feminista. Permitir el alquiler del cuerpo es lisa y llanamente libertad. Libertad contractual si se quiere. Contratos en los que, además, pueden participar tanto mujeres como hombres, como oferentes y demandantes en el caso de la prostitución, o demandantes en el caso del alquiler de vientres. 

Hombres mal hechos

Hay problemas sociales evidentes y hay hombres mal hechos. Hay asesinatos de mujeres en manos de hombres, persiste una mínima discriminación laboral estadística, y aún queda en una parte arcaica de la sociedad un sentimiento de superioridad de los hombres respecto a las mujeres.

Y, como sociedad, debemos luchar contra estos problemas, sobre todo contra la violencia. En la lucha para erradicar la violencia masculina, las mujeres tienen un papel, que, aunque sea una obviedad, es importante destacar: intentar evitar el riesgo.

Evitar el riesgo

El psiquiatra Theodore Dalrymple, reflexionando en base a cientos de casos que ha tratado, sostiene que si una mujer elige como pareja a una persona violenta que en algún momento muestra señales de serlo, de alguna forma se pone a sí misma en riesgo de convertirse en víctima. Está claro que hay también una responsabilidad del poder público. Las leyes penales deben estar diseñadas para enviar potentes incentivos para disuadir a asesinos y maltratadores. 

Nadie está en contra de castigar a esos hombres mal hechos. Se ha hablado mucho de Vox en sentido negativo, como si en su ideario estuviese la desprotección de las mujeres. No soy simpatizante de ese partido, desde mi punto de vista es muy conservador y poco liberal, pero he buscado en sus argumentarios esa idea de desprotección de las mujeres y no la he encontrado.

Ideología de género

Más bien lo que quieren evitar es que se utilice la ideología de género para la búsqueda de rentas, es decir, que un individuo u organización busque obtener ingresos a través de la manipulación o explotación del entorno político. Lo que queda claro es que el Estado debe implantar políticas basadas en evidencias y no asumiendo creencias.

Dice Dalrymple respecto a lo que define como sentimentalismo tóxico: “El sentimentalismo no es dañino mientras permanece en la esfera de lo personal, pero como motor de una política pública, o de la reacción pública a un acontecimiento o problema social, es tan perjudicial como frecuente”. 

Discriminación estadística

Con respecto a la discriminación, casi todos los partidos, con mayor o menor pasión, se han plegado al discurso dominante, de que se discrimina a la mujer en un nivel superlativo. Pero la realidad muestra que la discriminación por sexo ha disminuido notablemente hasta casi desaparecer y lo que queda es lo que se llama discriminación estadística.

Se proclama la lucha por los derechos de la mujer, como si fuesen distintos a los del hombre, pero esta lucha ya pasó, muchos lucharon por conseguir esta igualdad de derechos y ganaron.

Sin embargo, las feministas siguen erre que erre con la igualdad absoluta. Me viene a la mente un cuento de Borges, “Ulrica”, en el que las primeras palabras que pronuncia su protagonista son “Soy feminista. No quiero remedar a los hombres”. Sin embargo, a mí, el feminismo actual, me suena a lo contrario. Parece que en el fondo el ser feminista sea la aspiración de convertirse en hombre, con lo fantásticas que son las mujeres. 

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