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Jorge Quiroga

Entrevista | Jorge Quiroga: El fin del socialismo del siglo XXI

Por Juan Emilio Ballesteros | Vídeo: Benito Guerrero
23/05/2018

Una suerte de combinación de debacle económica, la peor catástrofe humanitaria que se recuerda y un afán desmedido de perpetuarse en el poder aupado por la represión autoritaria han llevado al país más rico de las Américas a una distopía surrealista. “En Venezuela rasparon la olla, hipotecaron los cubiertos, vendieron la mesa y se llevaron todo en 18 años”, según Jorge Tuto Quiroga (Cochabamba, 1960), expresidente de Bolivia (2001-2002), eterno rival de Evo Morales –excepto en el equipo de fútbol en el que ambos jugaron contra los periodistas–, que trabaja para volver a ser presidente de su país, pero aún no ha formalizado su candidatura. En su día fue declarado persona non grata por Hugo Chávez y hace pocas semanas fue expulsado de Cuba junto al expresidente colombiano Andrés Pastrana, deportado por orden de Raúl Castro cuando iba a recibir el premio Oswaldo Payá.

Cree que las elecciones presidenciales venezolanas se han convocado con el objetivo de perpetuar la dictadura y convertir el país en la segunda Cuba, lo que incidiría negativamente en el área, donde está previsto que se celebren elecciones en Colombia, México y Brasil. Confía en que las urnas, que dan carta de naturaleza al fraude en Venezuela, supongan en el resto el fin del populismo y el fortalecimiento de la democracia.

En su perfil de Twitter figura su profesión de ingeniero y a continuación su vocación de servidor público. Usted se formó en Estados Unidos y no resulta muy normal que alguien abandone un futuro profesional prometedor para volver a su país a dedicarse a resolver los problemas de los demás…

La vida tiene estos virajes. No nací para político; era matemático y admiraba a Bobby Fischer, el gran jugador de ajedrez. Yo mismo era un prodigio y multiplicaba grandes cifras de manera muy rápida. Quería ser ingeniero como mi padre, que tuvo un gran impacto en mi niñez cuando lo veía llegar del trabajo con un casco de ingeniero civil. Y a eso me dediqué. Fui ingeniero de sistemas en IBM. Vendíamos en Estados Unidos sistemas de 10 o 12 millones de dólares para miles de usuarios. Sabía más de computadoras gigantescas de lo que voy a requerir el resto de mi vida. No obstante, siempre entendí que un boliviano que tuvo la suerte de estudiar y profesionalizarse tenía un deber con su país de intentar devolver vía servicio algo de lo que había recibido. Me di cuenta de que estar en una gran empresa con un futuro prometedor que apuntaba a grandes cargos ejecutivos era muy tentador, pero si empezabas a subir esa escalera ya no podrías volver atrás. El fallecimiento de un amigo de infancia fue determinante para comprender que el país no espera. Entonces corté, volví a Bolivia y empecé a ejercer un servicio público, más como tecnócrata que como político. Por esa vía comenzó mi trabajo en ministerios, en la Cancillería, en el terreno económico. Muy joven llegué a ser ministro de Hacienda.

Por eso llama la atención el hecho de que usted se presente como servidor público cuando no corren buenos tiempos para la política. ¿Cómo se entiende esta vocación cuando los principios éticos y valores no sirven en medio de tanta corrupción?

Bueno, vuelvo al ejemplo de mi padre. Después de 25 días fuera de casa, regresaba al hogar, feliz, con su casco de ingeniero y nos explicaba que estaba construyendo una hidroeléctrica que daría energía a los bolivianos. Eso no es buscar gloria ni fama, sino precisamente servicio público. Procuraba que la gente de mi país, que tiene tantas necesidades, viviese mejor. Eso me marcó. Tuve oportunidades en Estados Unidos, tanto en Texas como en Nueva York y California, pero me decía: aquí siempre voy a ser uno más de un andamiaje muy grande. Por contra, en mi país podía aportar y hacer algo. Por eso regresé y me puse a trabajar. Era lo que despectivamente se conocía en mi país como un tecnócrata.

¿Y qué se entiende en Bolivia por tecnócrata?

En realidad significa que puedes sumar y multiplicar y argumentar técnicamente. Después uno se va dando cuenta de que hay un límite a la capacidad técnica o programática. Al final siempre aparece alguien, un senador o un diputado, y dice: esa división técnicamente es factible, pero políticamente no sirve. Entonces empecé a trabajar más a fondo en política, criticando la gestión de un gobierno presidido por Sánchez de Lozada que quería privatizar hasta los focos. Habiendo tenido cargos técnicos, ingenuo de mí pensé que podría cuestionar esa política sin pagar el precio. Empezaron a atacarme e insultarme. Entonces un amigo me dijo: o te defiendes o te callas para siempre. Comencé a defenderme y una cosa trajo la otra.

¿A qué precio se refiere?

Bueno, hay que ser ecuánimes en esto . Creo profundamente que aquellos que hemos contado con un buen trabajo y un futuro profesional brillante no tenemos la necesidad de decir voy a entrar a robar todo lo que pueda en dos años porque esta es mi oportunidad. Empecé a trabajar en IBM a los 21 años y tenía un sueldo mejor de los que he tenido después en el sector público. Eso me dio cierta tranquilidad. Nunca me asaltó la obsesión por el dinero. Creo que la corrupción es un cáncer, es una fiebre que no la combates con meras aspirinas sino con antibióticos. Con una ofensiva institucional.

¿Cómo se lucha contra la corrupción?

Cuando estuve en la vicepresidencia hicimos un programa estrella con el Banco Mundial para reformar instituciones. Y me duele decirlo ahora porque yo puse en el sector público a mucha gente competente, capaz y profesional, para que no robasen y cobrasen impuestos sin extorsionar. Luego llegó el chavismo y el proyecto de Morales y empezaron a extorsionar y a perseguir a servidores públicos, a los mejores economistas y funcionarios. La gente a veces usa el término política como adjetivo descalificativo cuando en realidad viene etimológicamente del griego politikós, que significa hacer ciudad, patria, que es lo más noble que existe. Siempre lo he visto así. Ahora tengo un compromiso que va más allá de una diferencia circunstancial programática. Hay un tema existencial que es la defensa de la democracia, la libertad y vivir con el derecho a pensar diferente sin ser metido preso, a criticar abiertamente en la prensa sin ser amordazado. Y eso es lo que está en juego en América Latina, tanto en Venezuela como en mi país o en Cuba.

Dice el Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, que es un profundo conocedor de la realidad latinoamericana, que antes las opciones eran luchar contra la dictadura militar o instigar una revolución armada. Esa época pasó y hoy se visualiza la democracia en el área a excepción fundamentalmente de Cuba y Venezuela. ¿Realmente se ha producido un fortalecimiento de los principios y valores democráticos?

En los últimos 15 años del siglo XX hubo un cambio, un viraje hacia la democracia. Se dejó atrás esa dicotomía falsa entre un gobierno militar pinochetista, por usar un término, o una guerrilla subversiva cheguevarista, por utilizar el otro. Y transitamos hacia la democracia por la ruta del progreso: uno puede ser de centroderecha, para la lógica europea centroizquierda, pero conforme uno va definiendo un carril relativamente angosto puede cambiar, como Uruguay, Chile, Costa Rica o Brasil, de centroderecha o centroizquierda, pero sigue avanzando. El problema viene cuando la diferencia es tan amplia que se dan gobiernos que van de la ultraderecha a la ultraizquierda, los que privatizan todo o los que nacionalizan todo, y después uno termina con gobiernos que acaban persiguiéndote.

¿Y qué ocurre hoy en el área?

El América Latina en el siglo XXI, los mejores años de nuestra historia, no se comprende la dimensión que, por ejemplo, tiene China, su impacto. Antes se hablaba del colonialismo español o de la injerencia del imperio norteamericano. Pues los chinos transformaron la región. Desde el Canal de Panamá para el sur son chinos.

¿Por qué?

Porque los chinos compran energía, comida y minerales, a raudales y a precios altos. ¿Y qué tenemos en Suramérica?… Pues petróleo venezolano, carbón colombiano, petróleo ecuatoriano, cobre chileno, estaño y plata bolivianos, hierro brasileño, alimentos argentinos… Tenemos energía, comida y minerales que los chinos compran varias veces el volumen a varias veces el precio. ¡Aleluya! Llenar los cofres y las arcas fiscales de todos los países suramericanos, una época de bonanza despilfarrada y expoliada en Venezuela, mejor aprovechada en Paraguay, Perú y otros países. El drama de este siglo no es tanto las diferencias ideológicas entre derecha o izquierda, sino más bien los ciclos de bonanza de materias primas como el chino o cómo construir el derecho a pensar libremente sin ser perseguido, el derecho a avanzar, progresar, trabajar, a tener empleo digno.

Y cuál es el drama?

El drama radica en esos gobiernos que, al influjo de los proyectos chavistas, son ambidiestros, ni de derechas ni de izquierdas. A Carlos Fuentes, el eximio escritor mexicano, le preguntaron hace años si Chávez era de izquierda y dijo: no, de izquierda soy yo, Chávez es un Mussolini tropical. Y es eso, un proyecto ambidiestro que conculca libertades, pisotea derechos y destruye la economía con ambas manos. Y es manco para dar respuestas sociales y estructurales como ha quedado claro en el caso de Venezuela.

Jorge Quiroga

¿Pero entonces quién es de izquierda y quién de derecha?

En Europa cuesta entender esto porque es más fácil, cuando uno habla con la prensa o con analistas, buscar el casillero. Quién es del Barcelona y quién del Real Madrid, quién de Ronaldo y quién de Messi, quién es de derecha y quién es de izquierda. En este siglo ése no es el tema, sino quién es demócrata y quién es autoritario. Ésa es la gran diferencia.

¿Entonces Chávez es de derechas?

El proyecto chavista es profundamente derechista neoliberal. Cuando toma PDVSA, la empresa estatal más grande de América Latina, la privatiza, la pone en manos de un hombre y la usa para financiar campañas en toda la región y apoderarse de gobiernos. Son estatistas con lo ajeno y privatizadores con lo del Estado, que lo toman para sí. A veces cuesta entenderlo porque se cae en cierto maniqueísmo, en España también. A los buenos muchachos de Podemos, que ojalá algún día me paguen derechos de autor porque me plagiaron las siglas en Bolivia –la coalición que yo lideraba en 2005 frente a Morales–, los financió el chavismo, que pagó a estos muchachos universitarios que venían a América Latina: Bescansa a Nicaragua, Monedero a Venezuela, a Íñigo Errejón lo tuvimos en Bolivia.

¿Qué hizo Errejón en su país?

¡Hombre!, pues redactó la Constitución plurinacional indigenista de Bolivia. Hay mucho maniqueísmo… Todo eso de que somos soberanos, indigenistas… ¡es mentira!… La Constitución de Bolivia de Evo Morales fue a redactarla Íñigo Errejón. Y además me plagió el nombre puesto que hasta ahora no me paga derechos de autor. Y Monedero se robó la plata de Venezuela. Un total de 425.000 euros para diseñar un tipo de cambio armonizado entre tres países: Venezuela, Ecuador y Bolivia. Venezuela tenía cuatro tipos de cambio, Ecuador está dolarizado y Bolivia tiene el boliviano, puesto en circulación en 1987, con un tipo de cambio flexible. ¡Y a un filósofo le pagaron ese dinero para que hiciera un tipo de cambio armonizado! Son unos ladrones. Y pensar que lo solucionaban acá pagando impuestos. Ah, sí, le pagó impuestos al fisco español por la plata que se robó de allá. ¿Quién le devuelve a Venezuela lo que se robaron? Este es el problema, ese maniqueísmo que impulsan, que no es de izquierda ni de derecha, es una pantomima.

No obstante, el populismo está en retroceso. Ahora hay elecciones en Colombia, Brasil y México. ¿Estamos ante el fin de un ciclo político y económico?

Por un lado, estamos ante lo que se podría denominar el proyecto Chicha. Chicha es un trago alcohólico en Bolivia muy dulce, que trepa muy rápido, más rápido que el jerez. Y Chicha ¿por qué?… Porque era China y Chávez. La bonanza de materias primas, de precios altos, de petróleo, comida y minerales, que de 2004 a 2014 tuvieron una subida y un incremento galopante, todo esto combinado con un político talentoso, el hombre con más talento comunicacionalmente de toda la historia de América Latina y el más desastroso desde el punto de vista de gobierno: Hugo Chávez. Entonces se casaron el petróleo, a 140 dólares el barril, con una ambición sin límite. Chicha armó un proyecto muy grande que, junto a una pareja argentina –los Kirchner– y un partido en Brasil –el Partido de los Trabajadores– tomaron el dominio de América Latina y se apoderaron de mi país, de Paraguay, de El Salvador, de Ecuador y de varios países más. Llegaron a tener 22 de 34 votos en la Organización de Estados Americanos (OEA).

¿Es la revolución bolivariana?

Es la combinación de una ambición sin límite con un enorme talento comunicacional y un desgobierno que hoy pasa factura en Venezuela. Se le denominó Socialismo del siglo XXI. Yo le escribía cartas a Chávez en 2004. Entonces era el Proyecto Bolivariano porque la ambición estaba más acotada. Solamente quería competir con Bolivia, Venezuela, Ecuador, Colombia y Perú. Eso era con el petróleo a 30 dólares. Con el petróleo a 120 ya había que ir a Paraguay, Guatemala, Honduras, El Salvador, México, Argentina, Brasil y hasta Uzbekistán. Sí, así es, Chávez ha llegado a financiar a Víktor Yanukóvich en Ucrania. ¡No puede ser! Ahí está de nuevo la ambición sin límite con mucho dinero. Cuando sale de los Andes el proyecto bolivariano muta a Socialismo XXI que hoy día ha implosionado y se ha convertido en una caterva de socioslistos, corruptos, delincuenciales, que se han puesto en evidencia. Cuando uno denuncia esto hace unos años, le decían que no, que estaba bien el petróleo, que Lula era popular… Cuando Chávez financiaba una campaña en El Salvador o Paraguay la propaganda era siempre la misma: yo no soy chavista, soy lulista. Tenían ese disfraz. Ese ciclo se acabó porque los precios chinos bajaron, Venezuela implosionó, Lula terminó demostrando que era un proyecto profundamente corrupto, la señora en Argentina también y ahora están en franco retroceso.

¿Por qué es decisivo este año electoral?

Como cada doce años, en 2018 hay elecciones en Colombia, Brasil y México y además, coincide con transiciones en el eje de las dictaduras, Cuba y Venezuela. Más de dos terceras partes de la población de la región elige presidente. En Colombia, Brasil y México hay elecciones limpias, transparentes y democráticas, lo cual no quiere decir que estén exentos de riesgos. Si me preguntas cómo hacerle el mejor regalo a Maduro pues elige a Petro en Colombia, a López Obrador en México y que Lula a pesar de la corrupción vuelva a ganar en Brasil. Maduro será una fiesta y en América Latina será muy diferente si ese camino se transita.

¿Pero hay otras alternativas?

La preocupación no es tanto por el daño que podrían hacer estos candidatos en sus respectivos países si llegan a la presidencia. Al fin y al cabo se trata de países sólidos, institucionales, con prensa libre. El daño lo pueden hacer más en Venezuela y Bolivia. Para congraciarse con los factores de ultraizquierda internos, en Colombia, Brasil y México acaban aplaudiendo y contemporizando con la dictadura de Maduro o aplaudiendo a Evo Morales cuando afirma que quiere ser presidente por cuarta vez violando la Constitución y desconociendo el referéndum. Ése es el peligro. Hacen más daño a Venezuela, Bolivia y Nicaragua que lo que pueden hacer en sus países. Por eso, estos procesos electorales son claves en función también de lo que pase en Cuba y Venezuela.

En Cuba ya no están los Castro…

En Cuba hay una refrendación de la selección hecha por la dictadura decadente del Partido Comunista. Es una sucesión dinástica: ¿acepta usted sí o no al candidato propuesto por Raúl Castro? Y en Venezuela el 20 de mayo llega la coronación para instaurar la segunda Cuba. Como he dicho, cada doce años hay elecciones en Colombia, Brasil y México, pero ahora se le añade este factor de transición en Cuba y Venezuela.

¿Se puede hablar de transición en Cuba y Venezuela?

Han pasado de una dictadura familiar castrista a una dictadura de régimen despersonalizada, pero igual de peligrosa. Y en Venezuela, Maduro que dice: castré el Congreso, cancelé el revocatorio, instalé la ANC (Asamblea Nacional Constituyente), es decir la asamblea narcocubana, y ahora hago la segunda Cuba con la coronación del 20 de mayo. Creo que colombianos, mexicanos y brasileños tienen recursos para defenderse de cualquier amenaza populista autoritaria dentro de sus países. No obstante, me preocupa que se encumbren gobiernos en esos tres países que terminen aplaudiendo o contemporizando con las dictaduras de Cuba y Venezuela. América Latina se decide en 2018. Los socioslistos del siglo XXI están retrocediendo y este año puede ser el final para que pueda prosperar la libertad y la democracia. O también pueden fortalecerse en función de lo que suceda en los próximos meses.

¿Qué puede hacer la comunidad internacional para garantizar la limpieza de los procesos electorales en Latinoamérica y consolidar el fortalecimiento de la democracia?

Desde luego es importante lo que pueda hacer el mundo. Cuba parece una causa perdida en el sentido de que es una dictadura personal, mitológica, con el valor mercadeado de los Castro, la utopía de Sierra Maestra. Cuando fui deportado de Cuba recientemente me dije: Raúl Castro lleva más años en el poder que yo viviendo, es mayor que mi padre. Se trata de una dictadura decadente, gerontocrática, nonagenaria, que va a perder el valor mitológico de los Castro para caer en manos de los aparateros burócratas del partido. Igual la gente tiene que reaccionar. Por eso fui con Andrés Pastrana…

Y los deportaron…

Un gran honor. Maduro nos ha declarado personas non grata y Raúl Castro nos ha deportado. Es importante resaltar el trabajo y la valentía. Para nosotros fue una incomodidad estar tres horas vigilados por dos cámaras en un cuartito, pero Rosa María Payá, la hija de Oswaldo, es de una valentía impresionante. Ha tomado el legado de su padre, está ahí, la hostigan, la persiguen. Toda esta gente merece el respaldo. Como cuando fuimos Andrés Pastrana y yo a visitar a Leopoldo López a Ramo Verde. Había que mostrar al mundo los presos políticos de Venezuela y había que recordarle que Cuba es una dictadura decadente que está transitando de una dictadura familiar a otra de régimen hegemónico de largo plazo. Aquí radica la diferencia con Colombia, donde se convocan elecciones libres, multipartidistas, con primarias. Maduro tiene una criptomoneda (petro) en Venezuela y un criptocandidato en Colombia, el señor Petro.

Las elecciones presidenciales en Venezuela han sido rechazadas por todos los observadores, pero se van a celebrar.

Creo que la comunidad internacional se mueve mucho más lentamente que la velocidad que le imprime el régimen dictatorial tiránico de Venezuela a la consolidación del poder, que a su vez es más lento que la destrucción de la economía. Lo que ocurre en Venezuela es de locos. Es el país más rico de las Américas y también el campeón del mundo en hiperinflación, en contracción económica, en escasez, en criminalidad, en conculcación de libertades, en corrupción… campeones del mundo en todo lo malo. Han destruido el país más rico de las Américas. En la petropotencia más grande del mundo hacen colas interminables para entrar a un mercado como si se tratase de un partido del Real Madrid. Mientras tanto, la inflación te devora los billetes de la cartera. Entras al mercado y no hay aceite ni harina ni comida. Sales y te asaltan los delincuentes. Llegas a casa y tienes que cocinar a leña. Al vecino se le murió el hijo de malaria y el de al lado de difteria… ¡En Venezuela! ¡El sarampión ha vuelto! Esa es la destrucción que se ha consumado. Y ahora, la propuesta de Maduro es seguir para siempre. El 20 de mayo no hay elecciones: es la coronación de Maduro para quedarse para siempre.

¿Qué debe hacer entonces la comunidad internacional?

¡Todo! ¡Hay que hacerlo todo y ahora! Sanciones a la cleptocracia criminal, incautaciones de sus bienes y de sus cuentas, tanto de los delincuentes como de sus parientes y testaferros. También toda la presión diplomática: suspenderlos de Unasur –ya salieron de Mercosur–, carta democrática interamericana para suspenderlos en la OEA. He escuchado al presidente Santos –más vale tarde que nunca– decir que Venezuela es una dictadura, que no va a reconocer la elección del 20 de mayo. Yo pregunto a los colombianos: si estuviese yo hace 30 años sentado contigo y Pablo Escobar dice que te va a matar el 20 de mayo, yo no sería buen amigo si te digo: no te preocupes que el 21 de mayo lo denuncio. Si sé que es creíble la amenaza tengo que empezar a actuar ahora. Si van a aniquilar la democracia es ahora cuando se deben retirar embajadores, suspender relaciones y toda la presión posible. Las denuncias ante la Corte Penal Internacional por crímenes de lesa humanidad, ahora. El sentido de urgencia me parece que aún falta en la comunidad internacional. El 20 de mayo se instaura una segunda Cuba y si Maduro logra hacerlo, va a ser muy difícil revertir. Si queremos salvar a Venezuela hay que actuar ahora.

Esa inacción y lentitud se vuelve exasperante en los países del entorno.

Me duele reconocerlo, pero en el gobierno de Obama, que los gringos juzguen si fue bueno o malo, había una suerte de quid pro quo y un pacto entre Obama y el Papa que privilegiaba el triángulo del Caribe –Cuba, Colombia y Venezuela–, donde se jugaba la geopolítica de América Latina. Y apostaron por la apertura en Cuba después de 50 años, loable intención y mala ejecución; a la paz en Colombia, loable intención y la ejecución veremos cómo va. Todo ello a costa de, y eso fue la miopía, sacrificar la defensa de la democracia en Venezuela.

¿Por qué?

Porque Venezuela produce los barriles para que Cuba se sostenga mientras siga la dictadura y porque Venezuela acoge a los guerrilleros, la cocaína, las armas y el dinero de las FARC. Venezuela es el engranaje imprescindible y se pensó en la realpolitik que sacrificando la democracia en Venezuela se conseguía apertura en Cuba y paz en Colombia. Me temo mucho que estamos en el camino de no tener ni lo uno ni lo otro ni lo otro. Ahora se necesita toda la presión.

Pues no parece que la OEA sea un ejemplo de cohesión y acción común…

En América Latina somos muy buenos para hablar y a veces muy poco efectivos para actuar. En esta década de bonanza china yo me pregunto cómo es posible que no hayamos podido hacer más integración. Mercosur es un cuento. La única integración de Mercosur que funciona es la delantera del Barcelona: Messi, Coutinho, Paulinho y Suárez. Argentina, Brasil y Uruguay solo trabajan juntos en la delantera del Barcelona. Allá, comercialmente es un desastre. No obstante, reconozco que el rol de la Administración norteamericana, del nuevo Gobierno de Estados Unidos, y también Canadá, en sanciones fue mucho más acertado. Y en el caso de España, Rajoy también se ha distinguido por actuar, tanto con sanciones como acogiendo a los presos y sus familias. Castiguen la dictadura narcotiránica de Venezuela con sanciones e incauten los bienes, pero todos al mismo tiempo porque si ellos se dan cuenta de que las sanciones son en Miami, se vienen a España y si ven que es en España, se van a Panamá, a Colombia, a Costa Rica… Tienen que saber que no hay lugar en el que puedan esconderse y que les espera una hamaca caliente en Cuba o una celda fría en la cárcel. Cuando entiendan que ésas son sus dos alternativas, ahí vendrá el colapso del régimen. El régimen no se sostiene por popularidad, apoyo o buena gestión sino por miedo y represión. No quiero acabar como mi amigo Carlos Alberto Montaner, viajando por el mundo desde hace 30 años diciendo: yo tenía un sueño que se llamaba Cuba. Venezuela es un sueño democrático que se tiene que recuperar ahora. 

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Sobre Juan Emilio Ballesteros

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Español, radicado en Madrid. Licenciado en Ciencias de la Información, Universidad de Navarra y Periodismo, Universidad Complutense de Madrid. Subdirector y secretario del Consejo Editorial, responsable de cierre y publicaciones (versiones digitales e impresas de Cambio16 y Energía16, y de la revista Cambio Financiero). Con amplia experiencia en el periodismo de investigación. Fundador y director del Diario de Andalucía y director de Cuadernos para el Diálogo (segunda época). Autor del libro El sindicato clandestino de la Guardia Civil, Serie Reporter, Ediciones B, Grupo Z. Membresía: Asociación de Revistas ARI, Colegio Profesional de Periodistas de Andalucía, Asociación de la Prensa de Sevilla (APS) y Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE).

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