La obra hipersensitiva de René Magritte

Por Cambio16
15/08/2017

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René Magritte fue un pintor belga, es una de las figuras principales del movimiento surrealista. Nació en Lessines, Bélgica, el 21 de noviembre de 1898; estudió en la Académie Royale des Beaux-Arts, Bruselas.

Su primera exposición individual fue en Bruselas en 1927. Para entonces Magritte había ya empezado a pintar en un estilo cercano al surrealismo, que predominó a lo largo de su larga carrera.

Diestro y meticuloso en su técnica, es notable por obras que contienen una extraordinaria yuxtaposición de objetos comunes en contextos poco corrientes dando así un significado nuevo a las cosas familiares. Esta yuxtaposición se denomina con frecuencia realismo mágico, del que Magritte es el principal exponente artístico.

Buena muestra de su magnífico hacer es la obra La llave de los campos (1936, Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid), expresión francesa que sugiere la liberación de cualquier restricción mental o física.

Aparte de elementos fantásticos, exhibía un ingenio mordaz, creando versiones surrealistas de obras famosas, como en su lienzo Madame Récamier de David (1949, colección privada), en la que el famoso retrato de Jacques Louis David es parodiado, al substituir a la mujer por un elaborado ataúd. Murió el 15 de agosto de 1967 en Bruselas, para recordarlo te traemos 5 de sus increíbles obras.


Madame Recamier de David
Año: 1949
Técnica: Óleo sobre lienzo.
Medidas: 60 x 80 cm.
Ubicación: Colección privada

 

Intentando lo imposible
Año: 1928
Técnica: Óleo sobre lienzo.
Medidas: 105,6 x 81 cm.
Ubicación: Galerie Isy Brachot. Bruselas

 

Recuerdo de viaje III
Año: 1955
Técnica: Óleo sobre lienzo.
Medidas: 162.2 x 132.2 cm.
Ubicación: MOMA. Nueva York

 

La gran guerra
Año: 1964
Técnica: Óleo sobre lienzo.
Medidas: 81 x 60 cm.
Ubicación: Colección privada

 

La añoranza
Año: 1940
Técnica: Óleo sobre lienzo.
Medidas: 100 x 80 cm.
Ubicación: Galerie Isy Brachot. Bruselas-París

Magritte: El hijo del hombre

El hijo del hombre es quizá la obras más iconica de Magritte, pintada en 1964 como una suerte de autoretrato.

Este cuadro surrealista muestra a un hombre usando un sobretodo negro y  sombrero de bombín, parado delante de un pequeño muro blanco, con el mar y el cielo nublado de fondo.

La cara del personaje no se ve porque está tapada con una manzana verde flotante. Sin embargo, se puede apreciar los ojos del hombre al borde de la fruta, y el brazo izquierdo, que parece doblarse hacia atrás.

Magritte dijo que la pintura simplemente nos mostraba acerca de la humanidad, y que todo lo que vemos esconde otra cosa que queremos ver, pero que está oculta por lo que vemos. Para él siempre hay cierto interés en lo que está escondido y lo que no nos muestra lo que está visible. Por lo que, se entra en una suerte de conflicto interno entre lo visible que está presente y lo visible que está oculto.

En este sentido, la cara del hombre se esconde parcialmente con la manzana. Entonces, se tiene la cara aparente, el objeto que oculta lo visible, y la cara de la persona. Es decir, dos realidades de una misma cosa.

La pieza mide 116 cm por 89 cm, es de óleo sobre lienzo y no puede verse en ninguna exposición porque es de propiedad privada. De igual manera, se han hecho miles de reproducciones en distintos formatos que pueden ser fácilmente adquiridas.

Se dice que en octubre de 2011 la pintura original fue vista colgada en un salón de LHotel, localizado en la vieja parte histórica de Montreal, Canadá.

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