domingo , mayo 31 2020
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Ruth Bader
Ruth Bader Ginsburg: “Pero a pesar de ser falibles, es nuestro deber sagrado hacer cumplir la ley y administrar la justicia con equidad a todas las personas, sin importar cuán poderosas o pequeñas sean”.

“Las leyes son claras y justas y protegen los derechos fundamentales”

La magistrada del Tribunal Supremo de EEUU, Ruth Bader Ginsburg, ha sido galardonada con el `World Peace & Liberty Award’ que otorgan la World Jurist Association y la World Law Foundation. Y + recoge su opinión sobre el Estado de Derecho:

¿En qué consiste el Estado de De­recho? De acuerdo a Aristóteles, es el gobierno de las leyes y no del hombre. El consenso gene­ral indica que el Estado de De­recho incluye las siguientes cualidades: la ley debe ser conocida y no arbitraria, con­sistentemente ejecutada y aplicada de ma­nera uniforme a todas las personas en igua­les circunstancias.

Luego de la caída del muro de Berlín en 1990 y la separación de la Unión Soviética en 1991, los colegios de abogados han sido fundamentales a la hora de promover el Es­tado de Derecho. Entre ellos destaca el Co­legio de Abogados de los Estados Unidos. Cuando esta asociación profesional inició el Proyecto de Justicia Mundial, predecesor de la Asociación Mundial de Juristas y el World Law Foundation, identificaba cuatro princi­pios universales como elementos clave del Estado de Derecho:

  • El gobierno y sus funcionarios serán res­ponsables ante la ley.
  • Las leyes son claras, públicas, estables y justas y protegen los derechos funda­mentales.
  • Los procesos para promulgar, adminis­trar y ejecutar las leyes deben ser accesi­bles y eficientes.
  • El acceso a la justicia se aplica de forma oportuna por árbitros, abogados o repre­sentantes y funcionarios judiciales com­petentes, independientes y éticos, en nú­mero suficiente, con recursos adecuados y que son el reflejo de las comunidades para las que trabajan.

Como sugiere el cuarto principio del Pro­yecto de Justicia Mundial, una judicatura in­dependiente será vital para el Estado de De­recho en cualquier parte del mundo, con jueces que no estén bajo la bota de otras ra­mas del gobierno —aquellos que ostentan el poder ejecutivo y legislativo— y estén, por tanto, habilitados para administrar la justicia con imparcialidad.

La independencia, claro está, no significa una ausencia de responsabilidad ante la ley. Los jueces no pueden limitarse a votar sí o no, como haría un legislador. Deben tomar las de­cisiones de manera abierta e imparcial y dar razón de sus sentencias, las cuales quedarán registradas en el acta. El Estado de Derecho goza de un lugar prioritario en los instrumen­tos internacionales. El Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos adoptado en 1966, por ejemplo, asevera que “toda perso­na tendrá derecho a ser oída públicamente y con las debidas garantías en un tribunal inde­pendiente e imparcial establecido por la ley”.

Asimismo, los Principios Fundamentales de la Judicatura de las Naciones Unidas, adop­tados en 1985, destacan en su primer artículo que: “La independencia de la judicatura estará garantizada por el Estado y proclamada por la Constitución o la legislación del país”.

Un juez de Luisiana a quien admiraba mucho, Alvin Rubin, juez del Tribunal de Apelaciones del Quinto Circuito de los Es­tados Unidos, dijo: “La estabilidad del go­bierno constitucional y la continuidad del respeto al Estado de Derecho dependen en gran medida de la fe de los ciudadanos en la integridad de sus jueces. Si el públi­co decidiera que… las sentencias judicia­les son tomadas de antemano por perso­nas que se rinden ante la voluntad de los poderosos, entonces no solo se perderá la fe en la judicatura, sino que, con ella, desa­parecerá la fe en la integridad de todos los procesos gubernamentales”.

Los jueces somos humanos y la con­dición natural de la humanidad es la im­perfección. Pero a pesar de ser falibles, es nuestro deber sagrado hacer cumplir la ley y administrar la justicia con equidad a todas las personas, sin importar cuán po­derosas o pequeñas sean. En los años que me queden como magistrada de la Corte Suprema de los Estados Unidos me esfor­zaré por hacer esto precisamente.

Perfil de una heroína de la justicia

Texto: Manuel Levinsky

Ruth Bader Ginsburg nació el 15 de mayo de 1933 en Flatbush, una sección de Brooklyn, Nue­va York, en el seno de una fa­milia judía. Su padre, Nathan Bader, trabajaba en la sección de pieles en una tienda departamental y su madre, Celia, siempre le recordaba a Ruth la importancia de ser tenaz para alcanzar sus metas y la in­dependencia económica. Asimismo, la moti­vaba a la lectura, llevándola a una biblioteca pública situada en la calle de King’s Highway en Brooklyn.

Ruth fue la segunda hija del matrimonio Bader, pero su hermana mayor Marilyn fa­lleció prematuramente de un ataque de me­ningitis a la edad de 6 años. Desde niña, Ruth fue muy despierta y activa al grado de que en la escuela pública a la que asistía editó la revista The Highway Herald y escribió acer­ca del significado de la Carta Magna de los Estados Unidos y los derechos de los ciuda­danos. Se graduó como alumna del James Madison High School.

Ruth Bader creció en la época del Holo­causto y sobre este dramático tema escri­bió lo siguiente: “La segunda Guerra Mun­dial tuvo lugar durante mis años escolares. Los judíos afortunados que pudieron vivir en los Estados Unidos durante esa época, no podían evitar identificarse con la causa del pueblo judío”.

Durante los años de High School, la in­quieta Ruth era bastonera y vendía boletos para los juegos de fútbol americano. Tam­bién tomó parte en las elecciones de la So­ciedad de Alumnos de la que fue una de las candidatas. Un día antes de graduarse en el High School en 1950, su madre falleció a la edad de 47 años por lo que sufrió un fuerte impacto emocional que le impidió ser la ora­dora principal y asistir a dicha ceremonia.

Continuó sus estudios en la Cornell Uni­versity donde tenía la reputación de ser una alumna excepcionalmente inteligente, muy hermosa y popular. Su graduación en dicha universidad tuvo lugar en 1954 y allí co­noció a Martin D. Ginsburg, un compañe­ro que estudiaba con ella un curso de leyes. Ese mismo año, en junio de 1954, ambos contrajeron matrimonio del cual nació su hija Jane. Posteriormente de 1956 a 1958 es­tudió en la Facultad de Leyes de la Univer­sidad de Harvard.

Como un hecho notable debemos decir que de una selección efectuada de entre más de 500 estudiantes, Ruth fue invita­da a una cena en honor de nueve mujeres distinguidas. Ella recuerda cómo en aquella cena el decano de la Facultad le preguntó qué hacía en la Universidad ocupando un asiento que debía haber sido para un hombre y no para una mujer. Esta pregunta discriminatoria significó un momento crucial que cambió la vida de Ruth, quien se convirtió en una denodada defensora de los derechos de la mujer.

Cuando su esposo Martin Ginsburg obtuvo trabajo en un bufete de abogados en la ciudad de Nueva York, ella fue transferida a la Escuela de Leyes de la Universidad de Columbia. Su esposo se convirtió en uno de los más famosos abogados fiscales de los Estados Unidos, teniendo a Ross Perot como uno de sus clientes. En 1959, Ruth Bader Ginsburg se graduó como abogada habiendo obtenido el promedio más alto en la Universidad de Columbia.

En plena actividad profesional, Ruth fue descubriendo que las mujeres no eran bien recibidas en los bufetes de abogados de Nueva York, por lo que tuvo que aceptar un trabajo de ayudante del juez Edmund L. Palmieri, de la Corte del Distrito Sur de la propia Urbe de Hierro en 1959. En 1960, el decano de la Facultad de Leyes de la Harvard University, Albert Sachs, propuso que Ruth Ginsburg, que fue una de sus mejores alumnas, trabajara como abogada asistente del juez de la Suprema Corte de Estados Unidos, Félix Frankfuter quien, argumentando que él todavía no estaba preparado para contratar a una mujer, rechazó el puesto solicitado. Resentida por esta desestimación comentó en cierta ocasión: “En ninguna firma de abogados neoyorquina me hicieron oferta alguna de trabajo por ser mujer”.

Posteriormente, se convirtió en profesora asistente en Rutgers Law School, y cuando quedó embarazada de su segundo hijo, tuvo miedo de que le cancelaran su contrato de maestra por lo que recurrió a la estratagema de vestir una talla mayor de ropa para ocultar su embarazo. Su hijo James nació en el otoño, antes de que las clases se reanudaran.

Como un acto más de discriminación hacia la mujer, todavía en 1963, Ruth Ginsburg recibía un salario menor que el de los maestros colegas de la Rutgers Law School. Esto contribuyó para que en su lucha por la igualdad femenina hiciera una demanda legal que determinó un incremento importante de sueldo tanto para ella como para las demás maestras. Ruth consideraba que la mujer podía desarrollar trabajo profesional igual o mejor que cualquier hombre. En su lucha tuvo efectos favorables y en 1969 logró el puesto de profesora titular de la citada Escuela de Leyes Rutgers. Tres años después ya era la primera profesora con una plaza permanente en la Columbia University.

En 1972, Ginsburg fue fundadora del Proyecto de los Derechos de la Mujer ante la Unión de Libertades Civiles Americanas, que se dedicaba a denunciar casos de discriminación entre hombres y mujeres y su inconstitucionalidad.

Ese mismo año, se hizo cargo del caso Struck contra el Secretario de la Defensa. La ya famosa abogada Ginsburg demandó exitosamente como ilegal que se diera de baja a la oficial Struck de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos por estar embarazada. Este caso fue ganado ante la Suprema Corte de Justicia. De 1973 a 1976 ganó 5 de 6 casos ante la misma Corte, por lo que al acumular esas 5 sentencias, se causó ejecutoria, cambiando en consecuencia la ley que hasta entonces afectaba a la mujer.

El investigador constitucional Erwin Grinswold señaló que dos célebres abogados en la historia moderna alteraron el curso legal de los Estados Unidos: Thurgood Marshall y Ruth Bader Ginsburg.

El puesto culminante de la carrera de Ruth llegó el 14 de junio de 1993, cuando el presidente Bill Clinton, en una ceremonia en el Jardín de las Rosas de la Casa Blanca, la seleccionó para ocupar el asiento vacante de la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos que dejaba Byron R. White. Ella fue la segunda mujer después de Sandra Day O’Connor en servir en la Suprema Corte de Justicia. El primer judío fue Abe Fortas en 1969.

Al anunciar Clinton que había elegido a Ruth Ginsburg para jueza de la Suprema Corte, declaró que ella sería una fuerza esencial para lograr los consensos de ley.

Fue juramentada como jueza de la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos el 10 de Agosto de 1993, habiendo declarado: “Nunca pensé en la posibilidad de llegar a jueza de esta honorable Corte, ya que las mujeres eramos entonces el 3% de los estudiantes. No cabe duda que este es un gran momento en mi vida”.

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