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Elecciones en América Latina en 2018
Las elecciones en América Latina en 2018 pondrán sobre la mesa (o dentro de las urnas) las consecuencias de un tumultuoso año de agitación política y económica en la región

Las elecciones en América Latina en 2018 decidirán el viraje de la región

Por Cambio16
08/01/2018

Las elecciones en América Latina en 2018 pondrán sobre la mesa (o dentro de las urnas) las consecuencias de un tumultuoso año de agitación política y económica en la región.

Y deben dar una brújula necesaria a medida que algunos de los países más importantes e importantes de la región vayan a las urnas.

Pero el escenario regional es todo menos sencillo de pronosticar.

El ambiente predominante es de incertidumbre, con una gama posible de resultados sin precedentes.

Son seis (o al menos, deberían ser seis) los países de América Latina que elegirán presidentes este 2018.

Los confirmados: Brasil, México, Colombia, Paraguay y Costa Rica. El de la incertidumbre: Venezuela.

Además, en las tres primeras (Brasil, México y Colombia) hay una absoluta imprevisibilidad de los resultados.

Elecciones en América Latina en 2018: ¿A la diestra o a la zurda?

La trascendencia del ciclo de elecciones en América Latina en 2018 no es de poca trascendencia.

Primeramente, en sus resultados está el mapa político del hemisferio.

Un acercamiento reciente sobre el tema lo podemos encontrar en el Barómetro de las Américas 2017/17

Éste estudio es realizado por la Universidad Vanderbilt y fue presentado en octubre del año pasado.

El informe ofrece datos reveladores.

Pero, el más significativo, lo constituye el apoyo a la democracia en la región.

Según el sondeo, ha caído del 66.4 por ciento hace dos años al 57.8 por ciento en la actualidad.

Es el apoyo más bajo para la democracia desde que comenzó a realizar su encuesta anual en la región en 2004.

Además, algunos de los niveles más bajos de apoyo se encuentran en los países más grandes de la región.

Según el Barómetro, solo el 49.4 por ciento de los mexicanos y el 52.4 por ciento de los brasileños creen que la democracia es el mejor sistema político.

Y 38 por ciento de los latinoamericanos apoyarían un golpe de estado si eso ayudara a combatir el crimen y la corrupción.

El populismo no ha muerto

En un momento de auge del populismo en EEUU y Europa, uno puede preguntarse si América Latina no seguirá ese ejemplo.

En México, el populista izquierdista Andrés Manuel López Obrador, el alcalde de la Ciudad de México, lidera las elecciones presidenciales de julio de 2018.

Y en Colombia, algunas encuestas dicen que el ex alcalde de Bogotá, el izquierdista y ex guerrillero Gustavo Petro lidera en un campo de más de 20 candidatos para las elecciones de mayo de 2018.

Brasil, por su parte, tiene al populista de derecha Jair Bolsonaro entre los principales contendientes para la carrera presidencial de octubre de 2018.

Boisonaro, ex oficial del ejército brasilero, ha elogiado a la dictadura que gobernó a su país en la década de 1960.

Ante este escenario, el contraste lo acaba de marcar Chile con la victoria de Sebastián Piñera.

Éste, junto a Mauricio Macri en Argentina y Lenin Moreno en Ecuador, son actualmente las seguras voces liberales.

Y, en el medio crítico, está Venezuela. Según Nicolás Maduro, el país sumergido en la mayor crisis de su historia deberá ir a elecciones presidenciales en diciembre.

Pero, su inestabilidad social y política, no dan una garantía absoluta de su realización.

¿Qué puede pasar?

La pregunta es: ¿Qué pasaría si los candidatos populistas ganan en México, Brasil y Colombia?

Es muy pronto para dar por sentado una respuesta afirmativa. Pero, la experiencia histórica ofrece respuestas.

Tomando en cuenta estudios como el Barómetro de las Américas arriba mencionado, un avance del populismo tendrá carta blanca para que, como es habitual, se aprovechen del desencanto de la gente con la democracia, se presenten como salvadores, destruyan las instituciones democráticas y obtengan poderes absolutos.

Asimismo, podría amenazar la incipiente recuperación económica de la región.

Pues, por consiguiente, puede entre otras cosas, ahuyentar a los inversionistas.

Casos recientes como el de Venezuela han demostrado lo que la política coherente sabe.

Los inversores legítimos prefieren países con instituciones fuertes, en lugar de aquellos con líderes fuertes que pueden cambiar las reglas del juego a su antojo.

Todo ésto será motivo de debates en los próximos meses.

Más que elecciones entre derechas o izquierdas, las elecciones en América Latina en 2018 tienen en sus manos el viraje de la estabilidad de la región.

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