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José Ignacio Guédez, exsecretario de la Asamblea Nacional venezolana.

José Ignacio Guédez: “La oposición venezolana ya debería tener un portavoz único”

Por Iñigo Aduriz
18/02/2018

ENTREVISTA | JOSÉ IGNACIO GUÉDEZ. Exsecretario de la Asamblea Nacional venezolana y secretario general de Causa R.

Su partido, Causa R, aboga por no convalidar la “farsa electoral” con la que identifican las elecciones presidenciales convocadas por el Gobierno de Nicolás Maduro. José Ignacio Guédez lamenta que “la dictadura” en su país luzca “afianzada”. Y considera que la lucha contra el régimen está en manos de la comunidad internacional.

¿Cuál es la situación en Venezuela? ¿Cómo está el país?

Muy mal. La crisis humanitaria que hemos denunciado desde hace ya dos años está cobrando una dimensión trágica. Y el pronóstico es mucho peor, porque la hiperinflación apenas comienza y eso quiere decir que la moneda no tiene ningún valor. El bolívar es ya una exmoneda. Un salario equivale ahora a menos de cinco euros y nadie, ni siquiera el gerente de una multinacional, tiene cómo comer con su sueldo. Desde el punto de vista económico la crisis se agudiza todos los días. La única manera de que eso se resuelva es cambiando el Gobierno. Porque este modelo económico es consecuencia del Ejecutivo.

La rebelión venezolana, derrotada por la fuerza

En lo político, la dictadura de Maduro luce afianzada. Derrotó la rebelión venezolana a la que convocamos el año pasado contra el régimen que había anulado al Parlamento, que había eliminado partidos políticos y que no había convocado elecciones oportunamente. La rebelión fue derrotada por la fuerza bruta, con un coste muy alto de asesinatos y, además, consolidando ilegítimamente y de forma anticonstitucional una Constituyente que hoy derogó todo orden de Estado de Derecho. Ya no hay Constitución, sino una Asamblea del partido del Gobierno que está por encima de cualquier derecho. Por eso se ven episodios como los de la masacre del Junquito donde hubo un ajusticiamiento, sino casi un crimen de guerra. La situación es caótica.

La crisis que se vive en la economía venezolana, ¿es un problema estructural o se debe a que se han hecho las cosas mal desde la llegada del chavismo al poder?

Es estructural del propio modelo del Gobierno [de Nicolás Maduro]. Se ha hecho a propósito. La raíz de la crisis económica venezolana está en el control del cambio. El Gobierno hoy vende dólares a su cúpula –a ellos mismos– a diez bolívares, cuando el dólar cotiza en el mercado libre a 200.000 bolívares. Es un producto que está subsidiado a niveles ridículos y lo que hace es enriquecer a una cúpula. El dinero se ha conseguido en Andorra o incluso en España. Y se debe a que nuestro petróleo está en muy pocas manos.

El control de cambio

El único programa que tiene en marcha el Gobierno es la entrega de unas cajas de comida que implican que racionan la alimentación de la gente y que se traen directamente desde México. Lo que hay es un monopolio de los dólares que genera el petróleo y que se hace con total corrupción. Ese control de cambio es la gran distorsión que hay en Venezuela, porque es una ficción económica que no tiene valor. Cuando se elimine y se estimule la inversión privada, se genere producción nacional y se suba la oferta se estabilizará la moneda.

El Gobierno gana en dólares y gasta en bolívares y, por eso, la devaluación es negocio para ellos. Porque esos dólares que le da el comprador de petróleo internacional cada vez le rinden más dado que puede comprar cada vez más bolívares con esos dólares. Es un modelo perverso que ha generado este Gobierno para favorecer a una cúpula y mantenerse en el poder a toda costa. Con eso compra a militares, etc. Y ellos cada vez están mejor salvo que la comunidad internacional empiece a cerrarle el círculo, como está haciendo con sus sanciones.

Ya nadie vive de su trabajo

En Venezuela ya nadie vive de su trabajo. Al final, se vive del reparto que arbitrariamente hace el Gobierno. Las protestas en Venezuela ya no son por aumentos de sueldo. Son para que me llegue el pernil que me prometió el Gobierno, etc. Es un modelo de dependencia en el que ya nadie tiene la capacidad de progresar por métodos propios. A lo que se puede aspirar es a que el Gobierno le dé a uno hoy más comida que ayer. Ha sido exitoso su modelo de dependencia porque ha estimulado la emigración de la clase media, mientras que a la gente que se ha quedado y es menos pudiente le ha generado una dependencia total. Eso es lo hay que combatir.

¿Ve posible revertir esta situación?

En Causa R hemos presentado una propuesta en boca de nuestro líder, Andrés Velázquez, con distintos puntos para un plan de emergencia económica que, con acciones muy concretas, revierta esa crisis. La primera es eliminar el control de cambio, que es la madre de la corrupción en Venezuela. Lo segundo es devolverle la autonomía al Banco Central de Venezuela y a PDVSA para, por un lado, estabilizar la moneda con políticas macroeconómicas acordes con el objetivo de que recobre valor, y, por otro, para aumentar la producción petrolera que está en descenso.

Estimular la inversión privada

Lo tercero es recuperar el aparato productivo nacional estimulando la inversión privada. El cuarto punto es situar nuestro plan Marshall en el petróleo: si el dueño del petróleo es el venezolano la explotación del mismo la haga quien la haga debe generar un fondo de regalías que se distribuya directamente entre los venezolanos en dólares, y que luego pase a financiar un sistema de seguridad social que hoy no hay en Venezuela. En vez de que el Gobierno agarre los dólares para comprar una caja de comida y repartir miseria, que esos dólares se los dé a la gente y que con ellos la ciudadanía venezolana pueda resolver sus propios problemas. Haciendo eso comenzamos un plan de recuperación económica nacional con apertura y libre mercado, pero sin el trauma social.

Desde la oposición venezolana han pedido desde hace años que hubiera unas elecciones presidenciales. Finalmente se han convocado para abril. ¿Cómo las ve?

Lo que ocurre es que ahora hay una realidad que es la de la Asamblea Constituyente que, aunque nosotros no la reconozcamos, cambia las reglas del juego. Estamos ante un decreto constituyente ordenado por el CNE para hacer unas elecciones tipo emboscada como las que ya vivimos. Las regionales y las municipales se rigieron también por este formato de emboscada: donde no hay programa electoral, ni siquiera hay tiempo para escoger a candidatos vía primarias, ni para hacer campaña electoral.

La consolidación de la dictadura

Mientras, el Gobierno sí maneja todo su poder mediático para promocionarse descaradamente y violando la ley. Tampoco hay observación internacional, además de que el CNE está totalmente viciado y parcializado. Ya sabemos los resultados. Maduro, que tiene los niveles de rechazo más altos de la historia política venezolana, logró ganar más del 90% de las gobernaciones y alcaldías con este formato electoral evidentemente fraudulento. Claro que queremos elecciones. E hicimos enmiendas como la de acortar el periodo constitucional, porque sabíamos la crisis que el pueblo iba a padecer y está padeciendo. Nosotros responsablemente queremos evitarla.

No me acomplejo de nada de lo que hayamos hecho para forzar unas elecciones anticipadas en Venezuela por vías constitucionales como lo hicimos. Pero llegamos al 2018, fin del periodo constitucional, y lamentablemente ahora la realidad es que Maduro consolidó una dictadura con una Constituyente que lo puede todo, que no tiene límites, que incluso está por encima de la elección presidencial.

Elecciones, pero con garantías

Es un suprapoder que está por encima del presidente electo. Maduro el fraude ya lo hizo. Lo que estamos pidiendo ahora son unas elecciones con unas condiciones que permitan que el pueblo escoja realmente su destino. Y para eso se requiere una observación internacional, un cambio en el CNE, o una auditoría. Todo eso debe ser resuelto y, para ello, la comunidad internacional, que ha ejercido un papel protagonista en el tema de Venezuela y que agradezco que haya sido así, pueda participar de unas elecciones que puedan tener garantías para el pueblo. Para que su voluntad sea respetada.

En todo caso, ¿es posible una candidatura única de la oposición venezolana?

La veo necesaria más que posible, porque posible es todo en política. Además, es un requisito indispensable para todos. Hasta para decir que no vamos a una elección tiene que haber un candidato que lo diga. Ya deberíamos tener un candidato único que sea el portavoz ante la comunidad internacional, que movilice a la gente en Venezuela, que reconstruya esa gran mayoría que quiere cambio, que exija condiciones con tiempo y que incluso si ha de participar lo haga con la rebeldía que exige participar.

En busca del liderazgo

Pongo como ejemplo el escenario de Alejandro Toledo, en Perú. A partir de una elección presidencial, se generó un quiebre que acabó generando el cambio. Para eso se requiere primero el candidato. El candidato único es clave y está en nuestras manos. Hemos dicho que hay que organizar primarias cuanto antes. El escenario de unas elecciones era previsible y teníamos que haber tenido un candidato. Seguimos insistiendo ante nuestros compañeros de la Mesa de Unidad Popular en que hagamos unas primarias y escojamos a ese líder que aglutine, que movilice, que exija condiciones y que ejerza de portavoz ante la comunidad internacional.

¿Ve usted ya a algún líder que reúna estas condiciones?

Hay muchos. Lo que hay que hacer es escoger uno, y el método que hemos utilizado y que ha sido muy exitoso en Venezuela, se llama primarias. Henrique Capriles fue candidato presidencial en 2012 y 2013, y ese liderazgo se generó gracias a un proceso de primarias.

El diálogo

Le preguntaba por si usted tenía algún preferido.

Nosotros tenemos un candidato propio que es Andrés Velázquez. Ganó la gobernación de Bolívar y fue el único que demostró el fraude acta en mano. Es la única prueba que hay en Venezuela de un cambio en la totalización. Logró tener el 100% de las actas, demostró el fraude y sigue peleando. Esa conducta es la que se requiere en un proceso electoral presidencial.

Ha habido una división en la oposición venezolana respecto al diálogo con el Gobierno. ¿Se ha conseguido recomponer la unidad?

Puede haber opiniones distintas, pero en todo caso el diálogo se está haciendo por cuatro partidos que representan la mayoría de votos en la Asamblea Nacional venezolana. Nadie los está agarrando de las manos. Puede haber un debate sobre si creemos que es la mejor estrategia, si los representantes nuestros son legítimos o si realmente estamos cayendo en una trampa del Gobierno o no. Pero lo cierto es que ese diálogo se ha dado desde hace más de año y medio y los resultados hablan por sí solos. No hablaría tanto de si estamos todos de acuerdo o no sino más bien de evaluar los resultados de un diálogo que, en todo caso, se dio y se sigue dando.

Una cosa es el deseo y otra la eficacia

Sobre el diálogo no hay que ser principista. Hay muchos ismos en Venezuela y muy poca eficacia política. Yo quiero una salida negociada y quién no quiere una transición negociada como la que hubo en España. Pero una cosa es un deseo y otra que esa sea una política eficaz. Porque, para eso, el primer paso es que el Gobierno decida que debe salir o que debe dejar que el pueblo se exprese libremente. ¿Pedirá unas garantías de salida? Estoy seguro de que habría muchas maneras de dárselas. Pero nosotros creemos que este Gobierno ha decidido quedarse a todo costo y que el diálogo hasta ahora ha sido una burla. Pero siempre le daremos una oportunidad a la negociación. Ojalá que prospere.

Hasta ahora creemos que el Gobierno, durante el lapso del diálogo, ha avanzado tanto que como ejemplo pongo la Constituyente. Cuando empezó el diálogo esa Constituyente no existía, y ahora la hay. También hemos pedido a nuestros representantes en el diálogo que pongan como punto único en la mesa de negociación y diálogo la Constituyente. El único incentivo que el Gobierno tiene para negociar son las sanciones. Si algo quiere buscar ahí es eliminar las sanciones. Toda negociación pasa por eliminar ese poder ilegítimo supraconstitucional, esa dictadura encarnada en una institucionalidad y luego abrirle el paso a la transición democrática.

La cuestión de los presos

¿También pasa por la liberación de los considerados presos políticos?

Pero es que ese es un requisito previo. Pero tú puedes liberar a unos presos políticos y mañana poner presos a otros, que es lo que ha hecho el Gobierno. O dejarlos ahí en libertad condicional para poder volver a meterlos presos cuando quiera. Son más rehenes o prisioneros de guerra que presos políticos. Lo que tiene que haber es un cese de la persecución. Porque ésta va más allá de una gente que está presa o no.

Como ejemplo, la diáspora venezolana no tiene pasaporte. Y no tiene ni siquiera el derecho del voto en unas presidenciales. Para mí eso es persecución política. Que a un venezolano se le niegue el derecho al voto porque el consulado le niega el pasaporte y no le deja inscribirse en el registro es una violación de los derechos humanos. Liberar a los presos políticos no es suficiente para lograr el cambio. Lo que queremos son unas elecciones libres que permitan que el pueblo tenga el Gobierno que quiera.

El papel de Zapatero

¿Qué le parece el papel que han jugado dirigentes internacionales como el expresidente Zapatero?

Tengo que comenzar siempre agradeciendo a cualquier extranjero que esté interesado en la situación venezolana. No culpo a Zapatero de los resultados del diálogo porque él, en todo caso, es un mediador. El problema no es él. Pero lo cierto es que los resultados son bastante precarios. El diálogo hay que evaluarlo por sus resultados. Y sí creo que no se puede ir a un proceso de negociación con la premisa de que no hay nada más que hacer. Si nosotros creemos que la única manera de salir de esta pesadilla es convenciéndolos a ellos…

Nadie va a un diálogo si no tiene una presión, como hace el Gobierno. Mientras está sentado en la mesa de negociación mete presa a gente, hace una emboscada electoral, hace una Constituyente y avanza. Lo que no podemos perder es la ofensiva y que en todo caso la negociación exista como algo colateral para que en el momento adecuado se permita una salida consensuada hacia la democracia. No quiero juzgar a Zapatero que está dedicando gran parte de su tiempo al problema venezolano.

Medidas para la crisis

Para solucionar la crisis política venezolana, ¿cuáles son las medidas más urgentes?

Unas elecciones libres, el cese de la persecución política, que se legalicen los partidos incluidos el de la MUD –que es la tarjeta electoral más votada en la historia del país–, que se habilite a los candidatos y se permita escoger a un candidato único y que a través de una elección se escoja a un presidente para una transición democrática que se comprometa a no optar a la reelección y que logre adoptar las medidas que necesita el país para transitar hacia la recuperación económica.

Creo que el cambio está en unas elecciones libres donde el pueblo pueda escoger un nuevo Gobierno. Sin embargo, tenemos que entender que estamos luchando contra una dictadura. Y yo sí creo en la protesta y que todos tenemos el deber de colaborar en rescatar la democracia. Valoro que la comunidad internacional esté haciendo todo lo que esté en sus manos para presionar para que en Venezuela se recupere la democracia.

¿Qué más se puede hacer por parte de la comunidad internacional para ayudar a superar la crisis venezolana?

Se está haciendo un buen trabajo y simplemente se debería insistir. Que los que hoy gobiernan Venezuela de forma dictatorial entiendan que tienen una salida que la comunidad internacional les pueda dar en la medida en la que ellos permitan que haya un cambio de gobierno democrático en Venezuela. La salida tendrá que negociarse. La negociación sí debe estar ahí, en cómo ellos entregan el poder. Pero tiene que partir de la entrega, de la decisión de ellos de que el pueblo se exprese libremente y de ellos aceptar esa decisión.

La comunidad internacional

Estoy seguro de que la comunidad internacional, ante ese escenario, dará las garantías que tenga que dar para que eso se dé y se recupere la democracia en Venezuela. Pero creo que la comunidad internacional ha hecho lo correcto. Lo único que puedo decir es que tardó. Pero los tiempos internacionales son así. Uno entiende que el drama que se vive dentro de un país va mucho más rápido que como van los tiempos diplomáticos. Pero entendiendo eso, yo creo que hoy estamos en la dirección correcta y nuestro principal aliado de lucha es la comunidad internacional.

¿Está manteniendo reuniones en España con los distintos partidos?

Sí, con todos los partidos que tengan a bien recibirnos. Nos reunimos en primer lugar con el PP, que es el partido de gobierno. Pero también con el PSOE. Con diputados y, sobre todo, con los portavoces en materias internacionales. También incluso con la central sindical y fui a Bilbao para realizar reuniones con miembros del gobierno de allí. He ido a Logroño a una actividad organizada por Ciudadanos de un foro sobre Venezuela, acabo de estar en un coloquio del PP también en Madrid…

Los partidos en España

Sí ha visto el compromiso de los partidos españoles.

Y lo agradezco enormemente. Es impresionante. Agradezco mucho que a pesar de hoy hay temas domésticos realmente gruesos en España, el de Venezuela no se olvide. Eso hay que agradecerlo. El Gobierno español puso a Venezuela en el tapete internacional. Sobre todo a partir de lo que fue la detención arbitraria de Leopoldo López. Y luego, el resto de los partidos del sistema, que han colocado en su propio debate interno el tema de Venezuela. Y, a veces, yo puedo notar que se asume desde un punto de vista ideológico. Lo digo por algunos partidos como Podemos, al que le cuesta criticar lo que pasa en Venezuela.

Yo lo que he pedido aquí es que no se vea como algo ideológico porque, entre otras cosas, el militarismo no tiene ideología. Lo que pasa en Venezuela no es un tema de izquierdas y derechas. Es un tema de dictaduras y de derechos humanos. Y ojalá siga siendo ese: hay o no hay democracia en Venezuela. Nosotros nos merecemos vivir en democracia. Tenemos un legado democrático muy importante que fue ejemplo incluso para España en algún momento. Los partidos que no hayan querido ver eso desde ese cristal porque privilegian apegos ideológicos están a tiempo de colaborar para una salida democrática en Venezuela.

Ni de izquierda ni de derecha

Entiendo que la crisis humanitaria venezolana va a arreciar y que estamos hablando de vidas humanas. Yo quisiera reunirme con Podemos. Y decirle que la diáspora venezolana no puede votar, lo cual es una violación de los derechos humanos. También está ahí el tema de los pensionistas, a quienes hace dos años el Gobierno dejó de pagarles las pensiones. Como tú emigraste yo no te pago más la pensión. La razón de eso tiene que ver con el control de cambio, que es la raíz de todas las extorsiones. El caso es que no se puede consentir es que se les niegue la pensión de forma arbitraria. Sin ningún tipo de explicación y sin ningún tipo de acto administrativo. ¿Eso es defendible? Será que Podemos no ve a los mayores que están aquí sin pensión. Y que me diga si eso es de izquierda o de derecha.

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