Migración venezolana en jaque: El drama de las dos fronteras

Por Luis Roberto Martínez | Andrés Tovar
09/02/2018

La migración venezolana está en jaque en sus fronteras. Colombia y Brasil han establecido medidas en sus fronteras con Venezuela en los últimos días ante el río crecido de venezolanos que buscan escapar del hambre, la crisis y la falta de oportunidades. El éxodo venezolano se ha convertido en una situación humanitaria grave digna de un país en guerra. Por consiguiente los países vecinos se preocupan en cómo regular la crisis humanitaria y el desborde de los índices poblacionales de distintas zonas del país.

En ambos casos, la migración venezolana está velada por las tirantes relaciones entre los gobiernos. Asimismo, ambas líneas divisorias constituyen lugar para el crimen, el contrabando y el narcotráfico. En las fronteras Colombia-Venezuela y Brasil-Venezuela conviven guerrillas, paramilitares y mafias. Sin contar las decenas de casos de incursiones militares en territorio extranjero -particularmente en la primera frontera mencionada-. Esa ha sido por lo menos la excusa que ha encontrado Nicolás Maduro para cerrar la frontera con Colombia, unilateralmente, en varias oportunidades.

Ahora, los territorios se han convertido además en una zona de escape. Por ende los venezolanos deben enfrentar los escollos antes mencionados. Pero el drama no termina allí. Cruzar la frontera en ocasiones no es la carta blanca a las oportunidades. Muchos venezolanos han tenido que enfrentar la xenofobia y el temor de los locales una vez cruzan la frontera.

Cada situación tiene sus particularidades. Pero ambas coinciden en que la migración venezolana constituye un drama humanitario que hay que abordar con urgencia. Tanto Colombia y Brasil acusan además un desinterés del Gobierno de Maduro, más concentrado en sus fraudulentas elecciones.

Migración venezolana a Colombia: el éxodo al revés

Migración venezolana a Colombia: el éxodo al revés

Desde los años 50,  a raíz de la situación bélica en Colombia, Venezuela recibía la  mano de obra colombiana calificada, no calificada y campesina. Tanto así que en el 2002 se admitía oficialmente que 2,5 millones de colombianos habían cruzado la frontera. En forma extraoficial se admitía que la cifra llegaba a los cinco millones.

Pero en los años de Maduro cambiaron completamente  los papeles. Ahora son venezolanos quienes escapan, por cualquier vía. En el último año, según cifras de la autoridad migratoria, cerca de 550 mil venezolanos  se han instalado en Colombia. Ello por supuesto ha creado grandes problemas sociales a las alcaldías de Paraguachón, Puerto Santander, Cúcuta, Villa del Rosario,  Arauquita, Arauca o Puerto Carreño, también en la zona costera, en el municipio Maicao, de la península de la Guajira colombiana.

Junto a los departamentos de Bolívar, Atlántico, Magdalena, Norte de Santander y Bogotá, todas estas zonas  congregan a buena parte de los migrantes venezolanos que entraron por la frontera con pasaporte y a los que se quedaron viviendo de manera ilegal en Colombia.

Y dentro de lo complicado que ha resultado el atender a miles de personas, ha surgido uno que ameritó el asesoramiento de la ONU: La xenofobia.

Molestos porque se ven afectado en los servicios básicos, el habitante de las zonas echa culpa de ello a “esos inmigrantes”.  En ese sentido el presidente Juan Manuel Santos alertó: “Les pediría a todos los colombianos que evitemos la xenofobia, las actitudes hostiles contra los venezolanos, es muy fácil manipular el dolor de la gente, por eso les pido a los candidatos que en este momento están en campaña que no usen la situación para exacerbar el miedo con fines electorales”.

Las medidas colombianas

La migración venezolana ha obligado a Colombia a implementar nuevas políticas de Estado. Para enfrentar esta ola migratoria, el Gobierno de Santos adelantó diferentes estrategias de control. Una de ellas son las Tarjetas de Movilidad Fronteriza, un documento que permite a los venezolanos movilizarse por el país sin pasaporte. Otra es la aprobación del Permiso Especial de Permanencia (PEP), una credencial que le reconoce a los venezolanos el permiso de obtener empleo y seguridad social por 180 días.

Los venezolanos deben sellar su pasaporte en las oficinas de control migratorio, pero no todos los hacen. Migración Colombia indicó que en 2017 unos 796.000 individuos estampillaron el PEP y solo 276.000 regresaron a Venezuela cuando venció su tiempo de permanencia.

Por eso la última medida ha sido reforzar la frontera y suspender los anteriores mecanismos. Cerca de tres mil soldados a la frontera con Venezuela para tratar de controlar la ola migratoria. “Tenemos que reforzar más controles migratorios y que sean más estrictos. Que la entrada de venezolanos tenga características controladas, ordenas y dentro de la legalidad” dijo Santos. No obstante el mandatario colombiano se cuidó de no cerrar la frontera.

La migración venezolana que cruzan los puentes internacionales Simón Bolívar, Francisco de Paula Santander y La Grita ha reaccionado sobre estas medidas. “Se nos cierran las puertas por la única salida que tenemos. En Venezuela no hay ni papel para pasaportes, no tenemos bolívares, venimos acá con lo mínimo. No queremos molestar a Colombia lo hacemos por pura necesidad”.

Migración venezolana a Brasil: El drama amazónico

Migración venezolana a Brasil: El drama amazónico

El caso de la migración venezolana a Brasil tiene otras particularidades. La mayoría de venezolanos que iban a Brasil iban en una situación regular (de trabajo a través del gobierno y empresas privadas). Sin embargo, con los problemas que afectan a Venezuela que vienen desde el comienzo de 2010, han comenzado a entrar venezolanos que al huir del del régimen venezolano se encuentran en calidad de refugiados. Una cantidad notable de los venezolanos que emigran a Brasil son de la etnia indígena warao. Al migrar hacia Brasil, se asientan en el estado de Roraima, el cual es limítrofe con Venezuela. Muchos viven de las limosnas y la artesanía.

El ministro de Defensa de Brasil, Raul Jungmann, en visita a la ciudad de Boa Vista, dijo estar “impactado” con la situación de los venezolanos en el estado de Roraima. Se estima que hay unos 40.000 venezolanos lo que ha conllevado a un colapso los servicios públicos de la localidad brasileña. “Los venezolanos están siendo expulsados de su país por el hambre, la falta de empleos y medicamentos”.

Por esta razón Brasil también anunció que su Gobierno reforzará la presencia militar. La gobernadora de Roraima, Suely Campos, ha reprochado al Gobierno federal que el estado ha tenido que hacer frente en solitario a este flujo migratorio, con la única ayuda de las ONG y de particulares. La dirgente ha advertido de que “no está en condiciones financieras” de seguir haciéndolo

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