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Nelson Mandela: un legado ambicioso para la paz

Cada 18 de julio se celebra en la ONU el Día Internacional de Nelson Mandela. El objetivo es invitar a todas las personas del mundo a hacer pequeñas contribuciones para mejorar su entono. Esto con la premisa de que todos tenemos la “capacidad y responsabilidad de forjar un mundo mejor”.

Rolihlahla Mandela nació el 18 de julio de 1918 dentro del clan Madiba en Mvezo, Cabo Oriental-Sudáfrica. Asistió a la escuela primaria en Qunu, donde su maestra le dio el nombre “cristiano” de Nelson. Se podría decir que tuvo una vida agitada desde muy joven, cuando en 1940 escapó de la custodia de Jongintaba Dalindyebo, quien había arreglado un matrimonio para Mandela.

Congreso Nacional Africano

Aunque ya participaba en política, fue en 1944 cuando se unió al Congreso Nacional Africano (ANC, por sus siglas en inglés) y ayudó a formar la Liga Juvenil de la ANC. Su actividad política se centró en la reivindicación de los derechos humanos, civiles, económicos y políticos de la inmensa mayoría negra en Sudáfrica segregada por el Apartheid.

A Nelson Mandela se le acusó de terrorista, comunista y de utilizar la violencia en su lucha contra la segregación. En 1961 fue cofundador de Umkhonto we Sizwe (La Lanza de la Nación)  brazo armado de la ANC. Durante su comparecencia el 20 de abril de 1964 ante el Tribunal Supremo de Pretoria respondió con un discurso a todas estas acusaciones.

Mandela afirma que la ANC agotó todas las vías posibles de la no violencia para terminar con la segregación racial en Sudáfrica, pero el gobierno cuartó todas las vías pacíficas posibles. Por lo tanto, el sabotaje se escogió como el arma más apropiada para continuar defendiendo la libertad de millones.

Señala Mandela que no fue una decisión baladí, al contrario fue premeditada en cuanto que el sabotaje generaba el menor número de víctimas posibles, además, de un menor resentimiento que al final era el gran monstruo a enfrentar en una Sudáfrica marcada por años de discriminación racial.

Apartheid

El Apartheid fue un sistema de segregación racial que estuvo vigente en Sudáfrica hasta 1992. Durante este período, la población negra sufrió discriminación racial por parte de los afrikáners (grupo étnico de origen neerlandés).

Se instauró formalmente en 1948 cuando se empezaron a crear leyes y normativas que restringían los derechos humanos, civiles, políticos y económicos de la población negra, mestiza e india.

“La falta de dignidad humana experimentada por los africanos es una consecuencia directa de la política de la supremacía blanca. La supremacía blanca implica la inferioridad de los negros. La legislación diseñada para mantener la supremacía de los blancos refuerza esta idea. Las labores de baja categoría son siempre realizadas por africanos”.

Para ese año solo el 21% de la población en Sudáfrica era blanca, mientras que un 68% era de raza negra y un 11%  mestiza e indostana. En líneas generales el Apartheid se vivía así:

  • Playas, autobuses, trenes, aviones, hospitales, escuelas, bancos en los parques públicos fueron separados en “lugares solo para blancos” y “lugares solo para negros”, estos últimos siempre de inferior calidad.
  • Los negros siempre debían portar su documentación y no podían quedarse en ciertas ciudades o entrar a ellas sin el permiso de un blanco.
  • Los negros no podían votar ni ocupar posiciones en el gobierno.
  • Los edificios públicos tenían entradas para negros y entradas para blancos.
  • Para 1970 el coste de un escolar negro representaba el 10% del coste de un escolar blanco y la universidad era un sitio casi inaccesible para los primeros.
  • Estaban prohibidos relaciones o matrimonios mixtos.

Desde la década de los 50’ gran parte de la comunidad internacional condenaba el Apartheid. Sin embargo, sus defensores señalaban que este sistema se basaba legalmente en el hecho de que los negros no eran ciudadanos sudafricanos, sino que eran parte de otros estados (bantustanes) por lo que carecían de ciudadanía y derechos.

Nelson Mandela, solo cinco años presidente

Nelson Mandela centró su lucha en la derogación del Apartheid. Por lo que fue preso, proscrito, clandestino y condenado a una cadena perpetua que apenas duró 27 años (1963 – 1990). Luego de su liberación y la legalización de algunos partidos políticos, entre ellos CNA, comenzó el fin del Apartheid.

Fue en 1994 cuando finalmente en Sudáfrica suceden unas elecciones libres y democráticas con la participación de la inmensa mayoría segregada. CNA ganó las elecciones con 62% de los votos, lo que permitió que el Parlamento eligiera a Nelson Mandela como presidente.

Mandela presidió su país apenas 5 años. Luego de esto se retiró de la contienda política y se dedicó a trabajar por la democracia, la educación, los derechos humanos y la erradicación del Sida. De hecho, una de las críticas a su gobierno fue el poco trabajo hecho para combatir esta enfermedad.

Con el fin del Apartheid Mandela defendió la reconciliación nacional. Usó todos los medios a su alcance para la unidad nacional defendiendo la paz como la vía más expedita para la democracia y el bienestar.

“Esto, por tanto, es contra lo que lucha el ANC. Su lucha es una auténtica lucha nacional. Es una lucha de los africanos, movidos por su propio sufrimiento y su propia experiencia. Es una lucha por el derecho a vivir. Durante toda mi vida me he dedicado a esta lucha de los africanos. He luchado contra la dominación de los blancos, y he luchado contra la dominación de los negros. He anhelado el ideal de una sociedad libre y democrática en la que todas las personas vivan juntas en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal por el que espero vivir y que espero lograr. Pero si es necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir”.

El legado de Madiba

Con el Día Internacional de Nelson Mandela, Naciones Unidas reivindica su legado: la solución de conflictos, las relaciones interraciales, la promoción y protección de los derechos humanos, la reconciliación, la igualdad entre los géneros, los derechos de los niños y otros grupos vulnerables, y la defensa de las comunidades pobres y subdesarrolladas.

En uno de sus muchos discursos Mandela dice: “Todos debemos hacernos la siguiente pregunta: ¿He hecho todo lo posible para lograr la paz y la prosperidad duraderas en mi ciudad y en mi país?”.

La vida de Mandela muestra que el poder político no es la única vía para hacer valer los derechos más fundamentales. De hecho el poder político lo ostentó apenas 5 años. Quizás lo inmenso de su legado recae en sus años de lucha y en los posteriores a su presidencia.

Entre ciudadanos su legado se yergue como una fuerza magnética que nos invita a perdonar a aquellos que alguna vez consideramos contrarios y hasta enemigos. En estos tiempos, donde las fuerzas políticas se radicalizan y son capaces de retrasar la vida administrativa de una nación en aras de ideologías, repasar la herencia de Nelson Mandela puede ser una tarea pendiente, si lo que buscamos es convivir y no mal vivir. #MandelaDay

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About Maria Rosales

Redactora. Amante del aire libre y los espacios verdes. Premisa personal: La paz por encima de todo.

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