El guardián de la historia española

Por Pilar Salas (Efe)
28/03/2016

Cartas de reyes a papas, condenas de la Inquisición, los ‘Decreta’ de León de 1188 -germen del parlamentarismo europeo actual- e informes de la Comisaría General Político-Social sobre un Piccaso exiliado en París son algunos de los miles de documentos que custodia el Archivo Histórico Nacional.

Fundado por el Real Decreto de 28 de marzo de 1866 como “archivo histórico del Reino de España”, cumple hoy 150 años como “una de las principales instituciones culturales del país, que custodia una parte muy relevante de la memoria, de la identidad y de la historia compartida de los españoles”, ha destacado el secretario de Estado de Cultura, José María Lassalle.

Con motivo de este aniversario, a lo largo del año se sucederán conferencias, visitas guiadas y talleres infantiles, entre otras actividades.

Amplias salas en las que se controlan con suma precisión los niveles de humedad y temperatura acogen estanterías en las que están perfectamente ordenados miles de documentos, desde el más antiguo que se conserva en los archivos estatales, un pergamino de venta de un viñedo en Asturias en el 857, o los más contemporáneos, como expedientes policiales y los que ceden investigadores.

Venta de un viñedo en Asturias en el 857.

Venta de un viñedo en Asturias en el 857.

“Tenemos unos 44 kilómetros de documentación en todos los soportes y de todas las cronologías posibles”, explica la directora del Archivo Histórico Nacional, Carmen Sierra.

Entre ellos, el subdirector, José Luis Latorre, destaca como “los más significativos” el Beato de Tábara, un códice de características mozárabes fechado en el siglo IX, y los decreta de León, origen del parlamentarismo europeo, ambos elegidos para incorporarse al registro de la Memoria del Mundo de la Unesco.

El 'Beato de Tábara'

El ‘Beato de Tábara’

Pero también el Cartulario de Valpuesta (siglo XII), escrito en latín pero en el que aparecen las primeras palabras en castellano o los planos del submarino de propulsión eléctrica de Isaac Peral.

O también los archivos personales de tres premios nobel de Literatura: José Echegaray, Juan Ramón Jiménez y Jacinto Benavente, de quien además de sus manuscritos se conserva la medalla de oro que recibió junto con el galardón en 1922 y que adquirió el Estado.

Además, el Archivo Histórico Nacional cuenta con la mejor colección diplomática medieval europea, sólo superada por los archivos del Vaticano: “Tenemos cerca de 200.000 pergaminos medievales, gracias a las desamortizaciones eclesiásticas del siglo XIX”, subraya Sierra.

En sus 8.460 metros cuadrados de depósito también se conservan documentos en árabe y en hebreo, escritos de la Inquisición, mapas, sellos de cera medievales, bulas papales, correspondencia entre reyes y papas, las actas de las pruebas de sangre para ser admitidos como caballero de la orden de Santiago o miles de actas de Consejos de Gobierno.

Otra parte, menos voluminosa, es la audiovisual, con fotografías, microfilmes, algunas películas y grabaciones de “entrevistas importantes, como la que le hicieron en los setenta en París, totalmente clandestina, a los militares de la Unión Demócrata Militar”, dice la directora.

Los documentos se incorporan por donaciones o compras, aunque la mayoría llega a través del Archivo General de la Administración, una vez que con el tiempo han adquirido la categoría de históricos.

Además de por su gran riqueza documental, este Archivo esta “bastante bien posicionado a nivel mundial” por la digitalización masiva que se ha emprendido de la mano de la Subdirección General de Archivos Estatales.

“Estaremos en torno a once millones de imágenes de los documentos custodiados en el archivo, que están a disposición de todos los ciudadanos a través del Portal de Archivos Españoles (Pares). Internet se ha convertido en la mayor sala de investigadores del mundo y, si algo no está digitalizado, se puede pedir una reproducción”, refiere José Luis Latorre.

Un departamento fundamental es el de restauración, en una de cuyas mesas puede encontrarse en estos momentos un pergamino ilustrado de 1285 con el privilegio de Sancho IV por el que elige sepultura en la catedral de Toledo o varios reportes policiales sobre las actividades vinculadas al “sovietismo” de Pablo Picasso en París.

Aquí se subsanan los efectos del paso del tiempo, de la mala conservación o de una manipulación incorrecta. “Se consolidan las zonas debilitadas y se injerta la perdida con un papel similar, lo que le da más fortaleza para manejarlo”, explica a Efe una de las trabajadoras.

Para acceder a cualquiera de estos testimonios de nuestra historia no es necesario tener la tarjeta de investigador; basta con el DNI o el pasaporte para adentrarse en los documentos que reflejan la identidad del país.

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