Vigilantes del cuerpo

Por GUILLERMO DEL PALACIO

Cuando Samsung presentó en Barcelona su Galaxy S5 hace casi un año, el presidente de la compañía, JK Shin, aseguró que las mejoras que habían introducido llegaban para satisfacer los usos que se hacían del teléfono. Aparte de lo esperado (cámara y seguridad), Shin sorprendió al anunciar un sensor para medir el ritmo cardíaco. Además, el S5 llegó acompañado de dos relojes (Gear Neo y Gear 2) y una pulsera (Gear Fit), esta última todavía más enfocada al deporte (más tarde se les uniría Gear S, el primer reloj prácticamente autónomo).

En apenas un año, lo que parecía una extravagancia se ha convertido en una de las señas de identidad de la gama alta de Samsung y en uno de los aspectos más importantes en el sector de los wereable devicers, una de las tendencias tecnológicas que engloba a los dispositivos que se visten, como pulseras, relojes, gafas o incluso camisetas inteligentes. Dentro de este campo, los smartwatches y smartbands son los más habituales. Cuentan los pasos que da el usuario y monitorizan su actividad física. Pocos fabricantes quieren quedarse fuera de lo que podría ser el próximo gran mercado: LG, Sony, Xiaomi y hasta Apple tienen un terminal de muñeca para utilizar como complemento de la actividad física. Aún no se sabe cuál será el formato que triunfará —reloj o pulsera— o si ambos convivirán, cada uno con sus usos y características. Pero hay que estar ahí.

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Aunque la fiebre es actual, la infección se produjo hace tiempo. Los síntomas se manifiestan sobre todo en redes sociales (Facebook y Twitter son los principales focos de contagio), donde se  comparten los ejercicios mediante comunidades como Runtastic o Runkeeper. Estas aplicaciones sólo necesitan un teléfono inteligente para funcionar, así que otros accesorios podrían parecer incómodos. Sin embargo, se hicieron un hueco en las muñecas de los deportistas.

Entre las primeras compañías que vieron el filón está Nike (su FuelBand llegó en febrero de 2012), más cercana al deporte que a la tecnología. Jawbone, con su gama Up (noviembre de 2011) y Fitbit, que llegó en 2009 aunque no adoptó el formato pulsera hasta 2013 con FitbitFlex. En los últimos años se han sumado los gigantes del sector móvil, con Samsung a la cabeza. Apple se centró en el software con su aplicación Salud que, en iPhone e iPad, almacena la información que recogen estos dispositivos y que se incluye en la última versión del iOS 8. La compañía lanzará su esperado reloj en abril.

Las expectativas son positivas para el sector. Según un estudio de la consultora Gartner, en 2016 los relojes inteligentes supondrán el 40% de los dispositivos de muñeca, un sector en el que ya han entrado nueve de los diez principales fabricantes de teléfonos inteligentes.

Para Annette Zimmermann, directora de investigación en Gartner, los wereable devicers ya tienen más presencia en los hogares estadounidenses que los relojes deportivos (que no miden datos del rendimiento ni de la salud, ni se conectan con el teléfono), a pesar de que estos llevan más tiempo en el mercado. La clave está en que los segundos están dirigidos a profesionales. No obstante, cree que hay problemas que deben superar, como la duración de la batería, que debería aguantar varios meses y no unos pocos días.

Zimmermann también considera que la llegada de los fabricantes chinos acelerará la expansión en 2015. Android Wear, el sistema operativo para dispositivos de Google, ha permitido crear un ecosistema común para relojes y pulseras, lo que unido a unos precios inferiores a 130 euros, sin renunciar al diseño o a la calidad de los sensores, hará que lleguen con fuerza a los mercados maduros.

Pero, ¿qué hacen las pulseras y relojes inteligentes? Los dispositivos de muñeca pueden contar los pasos andados, las brazadas dadas, los kilómetros recorridos o medir el pulso. Algunos, hasta son capaces de reconocer el ejercicio que se está realizando. Las herramientas varían según el modelo, pero casi llevan acelerómetros que detectan el movimiento y, en algunos casos, también un GPS.

Ahora bien, para un análisis más profundo hay que recurrir al teléfono o la tableta que almacenan esta información y permiten comparar las jornadas y compartirlas con otros usuarios. Todo esto lo hacen con sus aplicaciones que, junto al smarthphone, permiten hacer un seguimiento completo, preparar un entrenamiento con ejercicios y planificar dietas. Las hay tanto propias de cada dispositivo como de terceros (Google y Apple ya han creado sus propios programas).

En cualquier caso, no son la panacea para el entrenamiento. Andreu Alfonso, director de la consultora de alto rendimiento deportivo HP Sports y asesor y consultor de la Federación Española de Triatlón lo tiene claro: todavía están lejos de sustituir a un entrenador, “que te dice lo que tienes que hacer”. Eso sí, los considera muy útiles, ya que aportan información que puede ayudar a tomar decisiones, al menos al más alto nivel. Alfonso cree que el pulsómetro, algo que incorporan casi todos los dispositivos del mercado, es necesario. Además, si los datos de frecuencia cardíaca se interpretan correctamente, pueden ayudar a preparar una maratón al amateur y al profesional.

Estos dispositivos son un aliciente para mantenerse en forma. “A quienes nos gusta esto, nos mantiene enganchados”, reconoce el experto. “Ayudan a mantener la motivación”. Los GPS con los que comparar los recorridos o con los que presumir, pueden ayudar a sacar a una persona de casa cuando no le apetece”, explica Alfonso. Pero este experto no permite que los deportistas a los que entrena utilicen GPS en la pista o relojes en la piscina, porque pueden desconcentrar.

Para el entrenador, el aspecto negativo de los dispositivos es que el público considera que las pulseras aportan todo lo que necesitan para el entrenamiento y no recurren a los profesionales. Los programas de entrenamiento “son mejor que no tener nada”, reconoce, pero suelen pecar de conservadores. Alfonso también discrepa de otras de las supuestas bondades, como los sistemas de medición de sueño. “El tema del sueño y de la recuperación es mucho más serio que medir unos cuantos latidos y no registran las horas de sueño ni la profundidad, como quieren vender”. Pueden dar pequeñas indicaciones al usuario, pero no sirven para el alto rendimiento.

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