población mundial y economía
Algunos economistas entablan una relación directa entre el índice demográfico global decreciente y una disminución de la inversión y la demanda

¿Un menor crecimiento de la población mundial impactará en la economía?

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Antes de la pandemia por coronavirus, algunas organizaciones, entidades y pensadores colocaron en el debate la incidencia de los indicadores de población mundial en las economías. El tema cobra mayor expectación cuando la Organización de Naciones Unidas observa que 27 países tienen menos personas en la actualidad que en 2010.

En su informe bianual Perspectivas de la población mundial 2019, la ONU advierte que la población aumentará en 2.000 millones de personas para 2050, que se sumarán a los 7.700 millones actuales. Pero espera que en 2100 serán 11.000 millones, un crecimiento inferior.

Además, anticipa que 55 naciones, incluida China, experimentarán decrecimientos entre hoy y 2050. En el siglo XXI la baja de las poblaciones se tornaría normal.

El influyente economista John Maynard Keynes se refirió en 1937 a algunas consecuencias económicas del declive de la población. Reflexionó sobre esa posibilidad, mientras, en su momento, se registraba una expansión demográfica en el planeta.

Al teórico inglés del keynesianismo le preocupaba la “débil demanda de inversión en un mundo donde las empresas esperan una población de clientes a la baja. Eso conduciría a una menor demanda y, por lo tanto, a más desempleo”.  Y advirtió: “la disminución de las poblaciones acarrean desagradables efectos económicos secundarios”.

Sus comentarios tienen vigencia hoy, cuando la población está disminuyendo en países como Japón y se perfila un futuro decrecimiento global. Al igual que en la década de 1930, muchos dan la bienvenida a esta perspectiva, en gran parte por razones ambientales. Pero la desventaja económica puede ser más severa de lo que Keynes anticipó.

Algunas de las consecuencias entre la población mundial y la economía, son obvias. Menos personas producen menos cosas, por lo cual una población decreciente significa un crecimiento económico más lento y también consumen menos cosas. Por eso, lo que importa para el nivel de vida es la producción por persona y la pregunta crucial es si la menor población puede afectarla. Existen al menos razones teóricas para pensar que la respuesta es afirmativa.

Población mundial y economía

El informe de la ONU estima un mayor envejecimiento de la población y una baja tasa de fecundidad. Según el texto, ese índice pasó de 3,2 nacimientos por mujer en 1990 a 2,5 en 2019.  Y se proyecta que disminuya aún más, alcanzando 2,2 nacimientos en 2050.

Charles Jones, profesor de economía de la Universidad de Stanford, modela lo que pudiera suceder en un mundo de población decreciente.

En lugar de que el crecimiento per cápita siga avanzando, incluso a medida que disminuye la producción en general, Jones argumenta que los niveles de vida se estancarían conforme la población mundial gradualmente desaparece.

En su artículo “¿El fin del crecimiento económico?”, vincula la población mundial y la economía. Sugiere que la disminución de la población pudiera causar un crecimiento más lento en los niveles de vida. Pero existe una posibilidad aún más alarmante. Esto es, un círculo vicioso en el que la tasa de fertilidad en una generación causa una baja tasa de fertilidad en la siguiente, lo cual conduce a una espiral descendente en la población. Ese es el escenario que el demógrafo Wolfgang Lutz y sus colegas llaman la “Hipótesis de la trampa de la baja fertilidad”.

Ellos han propuesto un conjunto de mecanismos donde la baja fertilidad puede pasar de generación en generación. En particular, consideran que la voluntad de casarse y de tener hijos depende, en parte, de si una pareja puede satisfacer sus aspiraciones materiales.

Pero la baja fertilidad va de la mano con el envejecimiento de la población y con el aumento de la carga tributaria para pagar las pensiones y la atención médica. En lugares con baja oferta de vivienda, la caída de las tasas de interés también conduce a altos precios de la vivienda, lo cual ejerce aún más presión sobre las finanzas de los jóvenes.

Existen razones para sospechar que estos mecanismos están funcionando para suprimir la fertilidad. En Japón, por ejemplo, casi todo el reciente crecimiento de los ingresos de las personas en edad laboral se ha visto absorbido por los aumentos de impuestos y por las primas de seguro social.

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Venezolana radicada en Venezuela. Licenciada en Comunicación Social en la Universidad Católica Andrés Bello. Subcoordinadora y redactora de las versiones digitales e impresas de Cambio16 y Energía16. Redactora de la revista Cambio Financiero. Con gran experiencia en la cobertura de las fuentes Ciudad, Educación, Iglesia, Laboral, Partidos Políticos, Cancillería, Parlamento y Palacio de Gobierno, para periódicos como El Mundo, Reporte de la Economía y El Universal. Membresía: Asociación de Revistas ARI, Colegio Nacional de Periodistas (CNP) y Sindicato Nacional de la Prensa de Venezuela (SNTP).

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