Una red búlgara quería controlar la prostitución en Marbella

Por Cambio16
4/7/2017

Agentes de la Policía Nacional y policías búlgaros, coordinados a través de Europol y Eurojust, han llevado a cabo una operación de manera simultánea en Bulgaria y España que ha permitido la completa desarticulación de una organización criminal de origen búlgaro que pretendía hacerse con el control de la prostitución en toda la zona de la costa malagueña de Torremolinos y Marbella. La operación se ha saldado con la detención de 34 miembros de dicha organización, que operaba en ambos países. Además, los agentes han llevado a cabo 21 registros domiciliarios en distintas localidades malagueñas y otros 15 en Bulgaria. Por orden de la autoridad judicial se ha decretado el embargo de 6 inmuebles y 18 vehículos y el bloqueo de numerosas cuentas bancarias. Trece víctimas han sido liberadas.

La investigación comenzó en septiembre de 2014, cuando una mujer de nacionalidad búlgara se presentó en la Comisaría de Policía Local de Marbella asegurando haber escapado de unas personas que la estaban obligando a prostituirse en la zona de Puerto Banús. Tan pronto tuvieron conocimiento de estos hechos, agentes de Policía Nacional especializados en delitos de trata de seres humanos se entrevistaron con la joven y, tras comprobar la veracidad de sus declaraciones, determinaron que efectivamente estaban ante una víctima de este tipo de delitos, a la que ofrecieron todas las medidas de protección y apoyo previstas en la ley.

El avance en las investigaciones permitió comprobar que los primeros explotadores localizados no actuaban de manera aislada, sino que formaban parte de un entramado de carácter internacional que operaba principalmente en España y Bulgaria, y cuyo propósito final era hacerse con el absoluto control de la prostitución en la zona de la costa de Marbella.

Miembros de la organización asentados en Bulgaria buscaban mujeres jóvenes en las zonas más deprimidas del país. Abusando de su precaria situación en unos casos, o recurriendo a métodos como el conocido del “lover boy” en otros, las convencían para desplazarse con ellos hasta nuestro país en busca de una vida mejor.

Tras conseguir su consentimiento viajaban con ellas hasta el aeropuerto de Málaga, donde eran recibidas por otros miembros de la organización que las trasladaban a distintos apartamentos de Torremolinos en los que eran alojadas en compañía de otras mujeres en su misma situación. Entonces eran informadas de que a partir de ese momento debían trabajar para la organización ejerciendo la prostitución. Si se negaban eran agredidas violentamente y las amenazaban con causar daños a sus familiares en Bulgaria, a lo eran especialmente sensibles las víctimas que habían dejado a sus hijos en dicho país.

Durante el tiempo que eran explotadas las víctimas también permanecían bajo el control incesante de otros miembros de la organización que las recogían en Torremolinos a última hora de la tarde y las trasladaban en varios vehículos hasta Puerto Banús, en grupos de seis o siete chicas. Una vez que concluía su jornada (a mitad de la noche o con las primeras luces del día siguiente, dependiendo de la época del año), volvían a recogerlas y las llevaban de nuevo a sus apartamentos. Así cumplían un doble objetivo: mantener el control sobre ellas permanentemente y asegurarse de que ejercían la prostitución durante todo el día.

Pero las víctimas, además, eran aleccionadas para cometer pequeños hurtos sobre los propios clientes de los servicios sexuales, a los que debían despojar tanto de sus pertenencias, como de sus tarjetas de crédito y dinero en efectivo.

El control llegaba hasta el extremo de determinar los propios explotadores el perfil de los clientes que debían captar: extranjero, turista, que lleve encima objetos de valor -principalmente relojes de alta gama- y, preferiblemente en estado de ebriedad.

Tras contactar con ellos en la vía pública y concertar el correspondiente servicio sexual, las víctimas conminaban a sus clientes a sacar dinero en efectivo de un cajero automático, con el fin de que puedan abonárselo. En el momento de la extracción y aprovechando el estado de ebriedad en que se encuentran, intentaban fijarse en el número PIN. De esa manera, y mientras ellos permanecen el piso-prostíbulo, les sustraían las tarjetas de crédito y realizaban extracciones de dinero en los cajeros de la zona. Al tratarse de turistas extranjeros, es muy probable que no advirtieran los cargos realizados en su cuenta hasta el regreso a su país. En ocasiones, incluso, han llegado a dormir a los clientes suministrándoles algún tipo de medicamento narcotizante con las bebidas consumidas, con el fin de sustraerle sus pertenencias.

 

Durante el operativo, que se ha realizado de manera simultánea en ambos países, los agentes han detenido a 34 miembros de la organización (26 en España y 8 en Bulgaria) y liberado a 13 de sus víctimas. En total se han practicado 21 diligencias de entrada y registro en Málaga, Torremolinos, Marbella y Estepona y otras 15 en diferentes localidades búlgaras, en las que se han intervenido casi 50.000 euros en efectivo, 1.600 libras esterlinas y 300 dólares, cinco vehículos, doce relojes de alta gama (seis de ellos de la marca “Rolex”) y gran cantidad de medicamentos narcotizantes.

 

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Sobre Juan Emilio Ballesteros

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Español, radicado en Madrid. Licenciado en Ciencias de la Información, Universidad de Navarra y Periodismo, Universidad Complutense de Madrid. Subdirector y secretario del Consejo Editorial, responsable de cierre y publicaciones (versiones digitales e impresas de Cambio16 y Energía16, y de la revista Cambio Financiero). Con amplia experiencia en el periodismo de investigación. Fundador y director del Diario de Andalucía y director de Cuadernos para el Diálogo (segunda época). Autor del libro El sindicato clandestino de la Guardia Civil, Serie Reporter, Ediciones B, Grupo Z. Membresía: Asociación de Revistas ARI, Colegio Profesional de Periodistas de Andalucía, Asociación de la Prensa de Sevilla (APS) y Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE).

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