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Un trabajador de la salud sostiene una caja de hidroxicloroquina en la farmacia del hospital Nossa Senhora da Conceicao, en medio del brote de la enfermedad por coronavirus (COVID-19) en Porto Alegre, Brasil. El Gobierno de Jair Bolsonaro también ha impulsado su uso. 26 de mayo de 2020. Imagen: REUTERS

En Francia prohíben el uso de hidroxicloroquina en consultas y hospitales

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Vuelve la hidroxicloroquina al tapete del debate científico. Esta vez se prohibió en Francia oficialmente el uso de la hidroxicloroquina para tratar a pacientes en los hospitales con la COVID-19, un medicamento que se utiliza para prevenir y tratar ataques agudos de malaria. También se utiliza para tratar el lupus y la artritis reumatoide.

Es un derivado de la cloroquina. En Francia se estaba usando en casos excepcionales para pacientes con cuadros graves de la COVID-19. Su uso está autorizado en ensayos clínicos, pero hasta los momentos los expertos y varias publicaciones científicas e investigaciones no dan fe de su eficacia y seguridad en el tratamiento de la enfermedad causada por el SARS-CoV-2.

Por otro lado, el medicamento antimalárico ha sido promovido por el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, quien señaló hace una semana que lo estaba tomando junto con un suplemento de zinc. También el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, admitió que tomaba la hidroxicloroquina -como muchos otros líderes en el mundo- para prevenir la infección por la COVID-19.

En abril, se desarrollaba en los Estados Unidos un ensayo clínico con hidroxicloroquina que tenía buenas perspectivas. Científicos de Emory Health -una división de la Universidad de Emory- informaban que el agente microbiano había demostrado actividad in vitro contra el virus SARS-CoV-2. La investigación estaba comenzando la fase de experimentación con seres humanos, pero advertía que se necesitaban ensayos y evidencias más amplios.

 

Ensayo de Novartis

Dos días después la farmacéutica Novartis anunciaba que había llegado a un acuerdo con la FDA (Administración de Drogas y Alimentos de los Estados Unidos) para ejecutar un ensayo clínico fase III con el uso de la hidroxicloroquina en 440 pacientes con la COVID-19 en más de una docena de hospitales en los Estados Unidos.

El ensayo se proponía administrar tres tipos de tratamiento: solo hidroxicloroquina, el medicamento antimalárico combinado con azitromicina y un placebo.

Para ese momento existía una inminente necesidad de ensayos que evaluaran la eficacia y seguridad del tratamiento, pues mostraba actividad contra el virus de la COVID-19, pero se advertía que el uso de la hidroxicloroquina aumenta el riesgo de síndrome QT largo, un trastorno cardíaco que causa latidos rápidos y caóticos en el corazón. Las consecuencias son desmayos y convulsiones.

Hidroxicloroquina asociada al aumento de la mortalidad

Días después una revisión de pacientes hospitalizados en centros médicos a cargo de la Administración de Salud de Veteranos en los Estados Unidos asociaba el uso de la hidroxicloroquina con un aumento en la mortalidad general de los pacientes hospitalizados con la COVID-19.

Los especialistas a cargo del estudio -pertenecientes a distintas universidades del sur de los Estados Unidos- señalaban que el amplio uso que se le estaba dando al fármaco se basaba solo en observaciones “limitadas y anecdóticas”.

Los resultados del análisis de datos de 368 pacientes hospitalizados con la COVID-19 señalaban que la tasa de mortalidad entre los que habían recibido tratamiento solo con hidroxicloroquina había sido del 27,8%; los que habían recibido el medicamento antimalárico más azitromicina presentaron una tasa de mortalidad del 21,1%. Mientras que los pacientes que recibieron un tratamiento estándar contra la COVID-19 presentaron una tasa de mortalidad de 11,4%.

 

Estudio en The Lancet

Para el momento que Trump admitía que tomaba hidroxicloroquina, el Bristish Medical Journal publicaba una editorial titulada “Falta de eficacia de la hidroxicloroquina en COVID-19”.

Palabras más, palabras menos la editorial señalaba que el uso de medicamentos antipalúdicos como la hidroxicloroquina estaban viendo un gran impulso para el tratamiento de la COVID-19 aún cuando había una creciente evidencia científica de que carecía de eficacia virológica o clínica contra la enfermedad.

Lo último ha sido publicado por la prestigiosa revista médica británica The Lancet el viernes pasado que concluía que los 93.032 pacientes gravemente enfermos con la COVID-19 en 671 hospitales de seis continentes tratados con hidroxicloroquina y cloroquina presentaron mayores posibilidades de morir y padecer arritmias cardíacas peligrosas.

El Gobierno francés prohibió el uso de la hidroxicloroquina al margen de ensayos clínicos, después de que el Alto Consejo de Salud Pública desaconsejara su administración. De acuerdo con el Ministerio de Sanidad francés no debe recetarse a pacientes con la COVID-19 ni en consultas ni en hospitales.

Fórmulas mágicas

La búsqueda de fórmulas mágicas contra la COVID-19 ha traído a la palestra pública una formulación química llamada dióxido de cloro o CDS. Al parecer la fórmula viene publicitándose desde hace algún tiempo contra muchas afecciones, desde la malaria hasta el asma.

En este mes se hizo público el primer estudio hospitalario sobre el empleo del dióxido de cloro frente al SARS-CoV-2. Aunque ninguna institución sanitaria lo ha reconocido hasta los momentos como un medicamento, en una entrevista reciente Andreas Kalcker habló sobre los beneficios del CDS.

Kalcker señala que se trata de un cloro oxidado, cuya función es ser un portador de oxígeno en el cuerpo. Señala que este oxígeno es el que ha mostrado eficacia en el tratamiento de 100 casos en estudios clínicos en Ecuador con un 97% de éxito. Advierte que son estudios preliminares. Agrega que se están realizando estudios multicéntricos en más de siete países para corroborar estos resultados contra la COVID-19.

Kalcker tiene tres patentes del CDS en Suiza y ha decidido dárselas gratuitamente al mundo. Sin embargo, los libros y publicaciones de Andreas Kalcker sobre el dióxido de cloro han sido borrados de Internet, además de ser echado de la Asociación de Biofísicos en Alemania.

Las redes sociales están llenas de testimonios y vídeos de personas beneficiadas con el dióxido de cloro. De hecho hay testimonios de la eficacia del CDS contra el coronavirus.

Cuidado

El dióxido de cloro es un compuesto químico que se usa en el tratamiento del agua y como blanqueador. Señala Miguel Ángel Sierra Rodríguez, catedrático de química de la Universidad Complutense de Madrid, que el dióxido de cloro es un desinfectante comercial que en modo alguno debería ingerirse.

Es un producto químico similar a la lejía o el cloro que se utiliza para descontaminar superficies industriales. Ingerirlo podría causar efectos secundarios graves y potencialmente mortales.

El uso de hidroxidroxicloroquina como un tratamiento eficaz contra la COVID-19 no está avalado por la ciencia. Siempre se argumenta que falta evidencia. Ahora surge una nueva fórmula mágica con el dióxido de cloro, sin una clara evidencia y sin el respaldo de organismos sanitarios autorizados.

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Sobre Maria Rosales

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Venezolana radicada en Venezuela. Licenciada en Letras en la Universidad Católica Andrés Bello. Redactora y correctora editorial de versiones impresas y páginas web, de Cambio16 y Energía16. Redactora de la revista Cambio Financiero. Con 17 años de experiencia como investigadora y editora de contenidos para talleres de ciencia y teatro, libros de inglés, micros radiales, sitios web y redes sociales. Membresía: Asociación de Revistas ARI.

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