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Empresa social.

Empresas creadas para cuidar el planeta (y sus gentes)

Por Belén Kayser
25/02/2018

No es un tema de superhéroes aunque, teniendo en cuenta el sistema capitalista en el que reman, pudiera parecerlo. Las empresas sociales buscan la rentabilidad poniendo por delante las personas, el medioambiente y un modelo de gestión justo y sostenible. Lo que les diferencia del resto es que el capital no es el medio, es el fin, y que la sostenibilidad es transversal, cuantificable y estructural. La responsabilidad social corporativa (RSC) se ha revelado una herramienta útil para acercar a las compañías a un modelo más humano; corre, sin embargo, el riesgo de ser ‘greenwashing’ (empresas que usan el movimiento ‘verde’ para vender más). En cambio, BCorp, 1% para el planeta, triple balance o la filosofía de microcréditos del Nobel de La Paz, Muhammad Yunus son sellos que obligan a la empresa a adquirir un compromiso real y medible. Existen incluso consultoras que trabajan para fiscalizarlas.

La economía social

Almanatura fue la primera BCorporation de España, una figura creada en Estados Unidos que evalúa a las empresas según su misión y su impacto positivo en la sociedad. No todas las ‘BCorp’ son empresas sociales; pretenden cambiar la lógica empresarial para hacer el planeta un mundo mejor, pero eso no siempre trae consigo que tengan un reto social. En todo caso, no tiran de RSC, sino se rigen por criterios tangibles. Ahora hay otras diez BCorp patrias, pero ésta, fundada en 2013 para evitar la despoblación rural, es una de las mejor valoradas del mundo.

“La gente necesita moverse en estructuras en las que confíe”, apunta Juanjo Manzano, uno de los fundadores. Su lógica es no solo trabajar de forma responsable a nivel local, sino que todos los proveedores también lo sean. “La crisis ha venido a redefinir el concepto de éxito: para muchos, que su empresa haga las cosas bien”. En Almanatura los sueldos son iguales: y los dividendos se reinvierten. Ser así les ha hecho “triplicar su facturación”.

“Un mundo diferente”

Empresas como Ecovamos, una plataforma que recopila iniciativas de ocio y turismo sostenible, intentan seguir su ejemplo y certificarse como BCorp: “Nuestro sueño ha sido que la gente que desee un mundo diferente conecte entre sí”, cuenta la fundadora, María José Fuertes. La app Welever es otro de estos ejemplos: es una red de conexiones entre ciudadanos y agentes sociales, por ejemplo, ONG que buscan voluntarios para temáticas de sostenibilidad.

Si bien este tipo de iniciativas son todavía un reducto, hay signos para confiar en que el momento ha cambiado. En 2015, la Economía Social en España generó 1,2 millones de empleos (lo que supone un 12% del PIB Español y unos 150.000 millones).

Salvar África vendiendo agua

Auara nació de la idea de dos jóvenes madrileños menores de 30 años. Uno de ellos, arquitecto y el otro con experiencia en proyectos en vías de desarrollo. Embotellan y venden agua de manantial y con los dividendos financian proyectos en países pobres. “El agua es el foco de muchos problemas en estos países”, cuentan Antonio Espinosa y Pablo Urbano. No están certificados, de momento, pero son una empresa social de principio a fin. “Con la crisis empezaron a bajar las donaciones y creímos que montar una ONG no era suficiente”.

Así que se dedican a aprobar proyectos en los que invertir. Sus botellas se encuentran en restaurantes, caterings y supermercados como El Corte Inglés. Facturaron 20.000 euros en 2016 con 250.000 botellas en el mercado. Trabajan con Manos Unidas y con la ONG Sauce y entre sus proyectos está la construcción de unas letrinas en Camboya. “Eso funciona porque el enfoque es global: queremos tener impacto social positivo, pero teniendo en cuenta el medioambiente y la felicidad de los trabajadores”. Para ellos, “todas las iniciativas crecen porque hay una oportunidad generacional”.

Gestión responsable

La gestión responsable de las plantillas es otra de las peculiaridades de esta nueva economía. También de los proveedores. La moda es uno de los sectores con más visibilidad. Quizá alertada por los escándalos de las condiciones de los trabajadores para alimentar el monstruo de la moda rápida. I Owe You Project, de Kavita Parvar (con tienda en Madrid) fue la primera en informar paso a paso de la trazabilidad de su ropa, desde el momento de la confección del hilo, en los talleres de artesanos. Y aún se recuerda aquella campaña “No compres esta chaqueta” de la marca de deportes al aire libre Patagonia; contra la obsolescencia programada del sector, en su adn siempre ha estado la reparación la ropa.

En distintos sectores

Su fundador, Yvon Chouinard, lanzó en 2002 el sello 1% for the planet, para donar ese porcentaje a proyectos de protección al planeta. One Oak, la marca de relojes y gorras de madera, funciona de forma parecida: repuebla el amazonas peruano con árboles autóctonos. Por cada reloj vendido compran 500 kilos de madera y dan trabajo a la población local. Sannas, asociación de 70 empresas de triple balance, aúna a compañías como el Coworking Rural La Solana, en Torrelodones (Madrid), donde funciona la Solana Capital, una empresa que busca financiación para proyectos sostenibles y con impacto positivo en la sociedad.

También la arquitectura es un sector con mucha presencia en esta revolución. De hecho, uno de los fundadores de Sannas fue el arquitecto Francisco Romero, de Cohousing Verde, proyecto de “viviendas para personas que quieren cambiar el mundo”. Su idea es unir gente que buscan vivir de una manera más acorde con sus principios y facilitan el trabajo para que estas casas se construyan. Cuenta Virginia Gallo, gerente de Sannas, que las empresas de este tipo aparecieron “por la pura insatisfacción, descontento con el sistema y más importancia de los valores, de consumir de forma más coherente. La crisis llevó a mucha gente a un cambio de paradigma y a apostar por algo que le gustase”. Sannas cuenta con su propia herramienta para medir el triple balance.

Un gran desconocimiento

¿Y qué opinan los economistas de todo esto? En general, existe gran desconocimiento de las materias. Manzano lo resume así: “No se sale de ADE sabiendo lo que es una empresa social”. Para él, Empresa Social es “aquella con capacidad para dar respuesta a las problemáticas sociales y ambientales desde puntos de vistas inclusivos y que consigue satisfacer las necesidades de los clientes a la vez que dan dividendos a los fundadores y trabajadores”.

Todas las empresas sociales reivindican que las compañías tengan un trato preferente por el Estado. Y sus proyectos se encuentran bajo el paraguas de la “nueva economía”. Así lo cuenta Lucía Gómez, del área de economía social y solidaria de Economistas Sin Fronteras. Insiste en que aunque hay un auge de este tipo de empresas, en ningún caso nacen para destrozar el sistema existente. “Hay cierto miedo y mucho desconocimiento. Claro que lo normal debería ser pagar de forma justa, trabajo y conciliación y que las empresas no trabajaran por sus beneficios sino por el de trabajadores y del planeta, pero de momento, los dos modelos pueden convivir”.

“Construir sin destruir”

Según esta economista, “no se trata de romper con el capitalismo, sino construir sin destruir, que no sea excluyente y que a la vez seduzca a las empresas de toda la vida para acercarse a este sistema”. Danone, por ejemplo, ha obtenido la certificación BCorp para una de sus divisiones. Pascual es otro ejemplo: ya dispone de una planta cero residuos, y está adaptando su sistema hacia una economía circular, entre otras medidas por la sostenibilidad. Empresas como Laboratories Quinton, en Alicante, llevan décadas con jornada reducida y conciliación para los mayores, además de un trato inclusivo con sus trabajadores autónomos.

“Las personas tienen que ser el centro real de la economía, y las personas trabajan en un sitio, y ese sitio merece que respeten su medioambiente y se produzca ahí para generar riqueza”, apunta la economista Lucía Gómez. Por eso, en su opinión, funciona el trabajo colectivo, las estructuras más cooperativas, el trabajo en red. En esta nueva economía “el capital es el medio, nunca el fin. La empresa debe ser rentable pero no a costa de brechas enormes y de agotar los recursos del planeta”. El rumbo hacia el triple balance y la empresa social es imparable. 

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