Estos equipos están destinados a incursionar en la geografía indómita de La Palma, La Gomera y El Hierro y la creciente virulencia de los incendios de interfaz en el contexto de la crisis climática actual
La gestión de las emergencias ambientales en las Islas Canarias ha dado un salto importante hacia la tecnificación, con la reciente adquisición de tres robots multifunción, destinados a los Equipos de Intervención y Refuerzo en Incendios Forestales (EIRIF).
Esta dotación, cuta inversión supera los 708.000 euros, no responde únicamente a una actualización de inventario, sino a una necesidad determinada por la geografía indómita de las llamadas «islas verdes» —La Palma, La Gomera y El Hierro— y la creciente virulencia de los incendios de interfaz en el contexto de la crisis climática actual.
La principal virtud de estos dispositivos radica en su capacidad para operar en la verticalidad. La orografía canaria, caracterizada por barrancos profundos y laderas de una inclinación extrema, ha sido históricamente una trampa de seguridad para los operarios humanos.

Estos robots están diseñados para la prevención y extinción de incendios forestales. Contienen sistemas de orugas inteligentes capaces de trabajar con total eficiencia en pendientes de hasta 55 grados. Permitiendo que las tareas de desbroce forestal, trituración de biomasa y eliminación de cepas se realicen de forma automática y teleoperada. Al situar la máquina en la línea de fuego o en la faja de prevención, se reduce la presión de los retenes a situaciones de atrapamiento. O agotamiento crítico en terrenos de difícil acceso.
El consejero de Transición Ecológica y Energía del Gobierno de Canarias, Mariano H. Zapata, afirma que la estrategia de modernizar el operativo de prevención de incendios forestales, está dirigida a reducir riesgos para el personal. Y aumentar la eficiencia de los trabajos sobre el terreno. Además, permitirá actuar con mayor seguridad en zonas donde hasta ahora el sistema manual implicaba un peligro elevado”.
Aplacar incendios con la ayuda de robots
El despliegue de esta tecnología se ha estructurado en una fase de implementación estratégica. Actualmente, las tres unidades se concentran en la isla de La Palma para la formación técnica del personal. Un paso que garantiza que el manejo por radiocontrol sea preciso en condiciones de visibilidad reducida.
Posteriormente, cada una de las islas occidentales contará con su propio robot permanente. Esta descentralización es clave para la respuesta inmediata. La capacidad de estas unidades para realizar movimientos de materiales y apoyo logístico en las primeras horas de un foco puede marcar la diferencia entre un conato controlado. Además de un incendio fuera de capacidad de extinción.
Más allá de la fuerza bruta y la tracción, la integración de cámaras y sensores térmicos en estas unidades permite un pilotaje a distancia que dota al mando operativo de una «visión de vanguardia».

En un archipiélago donde la densidad de la biomasa y el abandono de las tierras de cultivo han generado un combustible continuo y peligroso, la capacidad de estos robots para triturar residuos vegetales de manera autónoma es una herramienta de prevención estructural. Es, en esencia, la sustitución del esfuerzo físico extremo en entornos de riesgo por una precisión quirúrgica basada en la robótica de última generación.
Sin embargo, el robot no sustituye al brigadista, sino que lo protege. Le permite realizar la labor táctica mientras la máquina ejecuta la labor de mayor desgaste físico y riesgo vital. La incorporación de estos equipos se anticipa a un futuro donde los incendios forestales son cada vez más rápidos, erráticos y frecuentes con la crisis del clima.
Bomberos y operarios a salvo
Los equipos adquiridos por la Consejería de Transición Ecológica y Energía son máquinas de la firma italiana FAE Group, concretamente de su línea de vehículos sobre orugas Remote Controlled Unit. Se trata de unidades RCU-55 o similares, diseñadas específicamente para el desbroce pesado en condiciones extremas.
Además de su operatividad para trabajar en pendientes, cuentan con un motor que ofrece accionar cabezales de trituración forestal de alta potencia, capaces de procesar arbustos y troncos de diámetro considerable en pocos segundos. Su control remoto tiene un alcance de hasta 300 metros. Lo que garantiza que el bombero esté siempre fuera de la zona de radiación directa del fuego o caída de árboles.

Canarias no es la única región que ha apostado por la «mecanización inteligente», aunque su orografía hace que estas máquinas sean más críticas que en otras zonas. Estos robots no llegan solos a encarar estos eventos. Forman parte de un ecosistema de 46 medios materiales que incluyen 27 vehículos todoterreno 4×4, tres autobombas forestales medianas de 4.000 litros, tres camiones multifunción “multiforestales” con capacidad de 2.300 litros. Así como drones de vigilancia térmica y helicópteros ligeros.
Otras comunidades autónomas con topografía compleja son las de Galicia y Asturias. Han integrado desbrozadoras por radiocontrol (de marcas como FAE, GreenClimber o McConnel) para el mantenimiento de fajas auxiliares en carreteras y perímetros de núcleos urbanos. En la Comunidad Valenciana, se han realizado pruebas piloto con robots para la detección temprana y el apoyo logístico en la línea de fuego.
Condiciones geográficas y climáticas
Países con una cultura forestal avanzada como Francia -especialmente en la zona del Mediterráneo y Córcega- e Italia son pioneros en el uso de estos robots. En los Alpes, se utilizan habitualmente para el control de la vegetación en pistas de esquí. Y zonas de alta pendiente para evitar que la acumulación de biomasa alimente incendios que luego son imposibles de atacar por medios terrestres convencionales.

La necesidad de estos robots se entiende mejor al mirar las estadísticas de vulnerabilidad de estas las tres islas verdes, que dependen enormemente de sus masas forestales para la captación de agua, en específico neblina, y la biodiversidad:
La Palma. Es la isla con mayor riesgo histórico reciente. El incendio de julio de 2023 en Puntagorda y Tijarafe calcinó cerca de 2.900 hectáreas. Afectando incluso al Parque Nacional de la Caldera de Taburiente. La complejidad de sus barrancos hace que el trabajo manual sea extremadamente lento.
El Hierro. Aunque sufre menos incendios de gran magnitud, recientemente, en agosto de 2025, se registró un conato que afectó a unas 9,5 hectáreas en la zona de Las Asomadas. La rapidez de los Equipos de Intervención y Refuerzo en Incendios Forestales es vital para evitar que el fuego alcance el emblemático monte de El Pinar.
La Gomera. La isla posee una de las densidades de biomasa más altas por metro cuadrado debido al Parque Nacional de Garajonay. El abandono de bancales agrícolas ha creado «pasillos de fuego» donde solo máquinas de oruga pueden entrar a limpiar sin poner en riesgo la vida de los brigadistas.
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