Un bloqueo en el flujo de helio hacia una parte de la etapa superior del propulsor, obligó a la agencia devolver el cohete SLS al hangar del Centro Espacial Kennedy
La misión Artemis II representa ese suspiro contenido que la humanidad ha mantenido por más de 50 años, desde que las huellas de la última misión Apolo 17 quedaran impresas en el regolito lunar en 1972. Después de esas grandes hazañas se han presentado otros importantes avances para la NASA, la industria aeroespacial del mundo y la ciencia, pero regresar a la Luna ha resultado un desafío difícil de alcanzar.
La misión Artemis II no es solo un vuelo de prueba. Es el mensajero de una nueva era. Tras el éxito de Artemis I en 2022, que demostró que el gigantesco cohete SLS (Space Launch System) y la cápsula no tripulada Orión pudieron viajar a la Luna y volver sanos y salvos, esta segunda entrega añade el componente más crítico y vibrante: la vida humana.
Todo estaba listo para emprender la aventura de volar alrededor sobre el satélite natural de la Tierra sin alunizar. Sin embargo, Artemis II y sus cuatro astronautas -Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch de la NASA y Jeremy Hansen de la Agencia Espacial Canadiense- tendrán que esperar, al menos un mes, antes de emprender su misión.

La agencia espacial estadounidense decidió posponer su lanzamiento al detectar una anomalía en el período de prueba del cohete, relacionada con el helio, lo cual requiere una investigación y reparación adicional.
Artemis II, el puente hacia el futuro
El SLS fue trasladado del Complejo de Lanzamiento 39B (LC-39B) al Edificio de Ensamblaje de Vehículos (VAB) del Centro Espacial Kennedy (KSC) de la NASA en Florida. Ya se encuentra resguardado en la Bahía Alta 3 del VAB, donde los ingenieros comenzarán a trabajar para solucionar problemas en la etapa superior del cohete, en una zona inaccesible en la plataforma.
La decisión de volver a guardar el SLS en el hangar se tomó tras el descubrimiento de un bloqueo en el flujo de helio hacia una parte de la etapa superior del propulsor. Ingenieros detectaron el inconveniente la noche del 19 de febrero luego de realizar con éxito una prueba de carga de combustible, conocida como ensayo general húmedo, en la que el cohete fue cargado con más de 700.000 galones (aproximadamente 2.650.000 litros) de propelentes criogénicos y se recrearon prácticamente todos los pasos previos al lanzamiento.

Según la cadena estadounidense NBC News, este es el segundo intento de completar todas las fases del procedimiento. El director de la agencia Jared Isaacman expresó en la red X: “Sé que la gente está decepcionada por este desarrollo. El equipo de la NASA es quien más lo siente”.
No es el primero ni el único infortunio técnico. Una prueba anterior, el día 2 de febrero, terminó abruptamente cuando se detectó una fuga de hidrógeno cerca de la parte trasera del cohete. Este inconveniente obligó a la NASA a cancelar todos los posibles lanzamientos previstos para ese mes. Casos similares ocurrieron durante el desarrollo de Artemis I en 2022, que permaneció en tierra durante seis meses debido a múltiples fugas de hidrógeno detectadas en sus propias pruebas de carga.
Dar la vuelta a la cara oculta de la Luna
La importancia de Artemis II radica en que representa el debut tripulado del sistema combinado SLS-Orión, considerado el pilar tecnológico para los futuros viajes sostenidos a la Luna y, posteriormente, a Marte. La misión no prevé alunizaje, pero validará todos los sistemas implicados en una operación tripulada y de larga duración.
El historial reciente de la NASA indica que los desafíos logísticos y técnicos en la última etapa de preparación, especialmente en los sistemas criogénicos y de seguridad, continúan condicionando los plazos del programa lunar de EE UU. La agencia admite que las tareas futuras dependerán del éxito en solventar el bloqueo de helio y de la revisión integral del sistema tras las pruebas.

Artemis II es el puente hacia el futuro; el paso necesario antes de que Artemis III vuelva a poner botas humanas sobre la superficie lunar. ¿Cuál es el plan de esta segunda misión? A diferencia de las futuras misiones que aterrizarán en el polo sur lunar, la sonda seguirá una trayectoria de retorno libre. Tras despegar desde el Centro Espacial Kennedy, la nave Orión realizará una serie de órbitas alrededor de la Tierra para verificar que los sistemas de soporte vital funcionen perfectamente.
Una vez confirmado, el motor de la etapa superior impulsará a los astronautas hacia la Luna en un viaje de cuatro días. No entrarán en órbita lunar, sino que utilizarán la gravedad de nuestro satélite para «dar la vuelta» por su cara oculta, alcanzando una distancia de casi 9.000 kilómetros de la superficie. Desde allí, verán la Tierra elevarse sobre el horizonte lunar, una imagen que ha inspirado a generaciones, para luego iniciar el regreso natural hacia un amerizaje en el Océano Pacífico.
¿Por qué es tan difícil volver?
Si el hombre pudo llegar a la Luna con la tecnología de un reloj de pulsera en 1969, ¿por qué no estamos desayunando allá en 2026? La respuesta no es una sola, sino una mezcla compleja de política, dinero y un cambio radical en la tolerancia al riesgo de la industria aeroespacial.
El camino de vuelta del hombre a la Luna ha sido largo y complicado. El factor económico tiene mucho peso. En la década de los 60, la NASA llegó a recibir casi el 4.5% del presupuesto federal de Estados Unidos. Hoy en día, esa cifra ronda apenas el 0,5%. Además, no se trata solo de construir un cohete, sino de mantener bases de lanzamiento, sistemas de comunicación profunda y centros de entrenamiento.
Durante décadas, el presupuesto se desvió hacia el Transbordador Espacial y la Estación Espacial Internacional (EEI), priorizando la presencia en la órbita baja terrestre sobre la exploración profunda.

En los años 60, el mundo aceptaba un nivel de riesgo mucho mayor. Las misiones Apolo eran peligrosas y los astronautas eran, en esencia, pilotos de prueba. Ahora la tolerancia al fallo es casi nula. La NASA y las agencias internacionales no pueden permitirse perder una tripulación en televisión en vivo sin que esto signifique el fin del programa. Esto obliga a realizar pruebas infinitamente más rigurosas, lentas y costosas.
Según algunos analistas espaciales e historiadores, más que perderse el saber científico de las misiones Apolo, por ejemplo, se desmantelaron los equipos, planos y cadenas de suministro que hicieron posible llegar a la Luna. National Geographic España y La Nación señalan que tras 1972, el desinterés político y los severos recortes presupuestarios desmantelaron la infraestructura del programa Apolo, obligando a desarrollar tecnología nueva (como el SLS) en lugar de intentar replicar la antigua.
Camino al universo infinito
Si Artemis II es el vuelo de prueba con humanos, Artemis III es el gran final de esta primera etapa: el momento en que se vuelva a pisar el suelo lunar. Sin embargo, no es un simple ‘remake’ de las misiones Apolo. Es mucho más complejo, ambicioso y, técnicamente, un desafío sin precedentes.
A diferencia del primer alunizaje del hombre, donde un solo cohete (Saturno V) llevaba todo lo necesario, Artemis III requiere varias naves: Orión (NASA), lanzará a los 4 astronautas desde la Tierra. Mientras Starship HLS (SpaceX), el gigante de Elon Musk, será el encargado de bajar a la superficie. Para lograrlo, SpaceX debe lanzar primero varios «tanqueros» de combustible para llenar el depósito de la Starship en órbita terrestre antes de que este viaje a la Luna ponga a esperar a la tripulación.
La nueva fase del programa Artemis, la III, apunta al Polo Sur, una región de sombras eternas y cráteres profundos. Se prevé el despliegue de instrumentos como LEAF (para ver si las plantas pueden crecer en la Luna) y sismómetros avanzados para entender los «terremotos lunares». Se cree que hay hielo de agua en los rincones donde nunca llega el sol. Este hielo es el «oro» del espacio. Puede convertirse en aire para respirar y combustible para viajar a Marte.
Aunque la NASA mantiene oficialmente el objetivo de septiembre de 2026, la realidad técnica (retrasos en el desarrollo de la Starship y problemas con el escudo térmico de la cápsula Orión detectada en Artemis I) sugiere que la fecha más realista es 2027 o incluso 2028.
El universo es infinito e infinitas las posibilidades de conocerlo.
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