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Catedrático Mario Guillermo Massone: Control, exterminio y desalojo en Venezuela
Catedrático Mario Guillermo Massone: Control, exterminio y desalojo en Venezuela

Control, exterminio y desalojo en Venezuela

*Por Mario Guillermo Massone
Catedrático de Filosofía Política en el Departamento de Ciencias Sociales y de Filosofía del Derecho en la Escuela de Derecho de la Universidad Católica Andrés Bello. Asesor de la Comisión de Política Exterior de la Asamblea Nacional.

El pasado miércoles 26 de septiembre, los gobiernos de Argentina, Canadá, Colombia, Chile, Perú y Paraguay se dirigieron a la Fiscal de la Corte Penal Internacional para que investigue “… la situación relativa a crímenes de lesa humanidad… que se habrían cometido en la República Bolivariana de Venezuela… a partir del 12 de febrero de 2014…”

El día anterior, sendos discursos de presidentes de países de la región se centraron en la crisis humanitaria de Venezuela y la dictadura socialista en el poder.

Cinco días antes, el diputado en el exilio y perseguido político Julio Borges, quien además es el Coordinador Nacional del partido político Primero Justicia, acompañado de una comitiva de políticos venezolanos en el exilio, como los son el alcalde David Smolansky y Lester Toledo, del partido Voluntad Popular del preso político Leopoldo López, y el alcalde Antonio Ledezma, exiliado en Madrid, entre otros, se reunieron en Washington con el Consejero de seguridad Nacional de la Casa Blanca y luego con el Secretario General de la OEA don Luis Almagro. Todo, para tratar el caso Venezuela.

Desalojo masivo, destierro forzado

“… sin más esperanza que el exilio ansiosamente deseado como un mal menor hasta por los privilegiados que son los campeones deportivos y los bailarines de ballet.” Marx y los socialismos reales, Carlos Rangel.

El caso Venezuela ha pasado de ser un caso interno a uno internacional. Los millones de venezolanos que han emigrado del país, están generando grandes problemas para la región y para España. Los países receptores deben destinar importantes recursos económicos, humanos y de infraestructura para atender las necesidades de los miles de ciudadanos que huyen a diario de Venezuela. Y los venezolanos que siguen en Venezuela, junto a connacionales de otros países, sufren una realidad cruel y degradante. Una realidad inhumana.

La dictadura socialista y de carácter totalitario en el poder ejecuta una política sistemática de exterminio humano y social, tanto físico como moral, y de desalojo masivo del territorio venezolano que se ha intensificado en el tiempo. Pareciera que la consecuencia más visible y trágica de esta política es la migración masiva de varios millones de venezolanos. Algunos ya hablan de más de 5.000.000.

Si observamos las oleadas migratorias de venezolanos y extranjeros (que vuelven después de años a sus países de origen) podemos generalizar que al principio emigraron en avión, luego en autobús y ahora caminando con sus pertenencias al hombro. Ello refleja el éxodo de la clase pudiente, la clase media, y ahora los más pobres que arriesgan sus vidas, y la de sus niños, al irse caminando con tal de no permanecer en Venezuela. Y es que prefieren asumir el riesgo de irse que el de quedarse y perecer en Venezuela.

A manera de ejemplo, solo el Ecuador, según su presidente Lenin Moreno en su reciente discurso ante la Asamblea General de la ONU del 25 de septiembre pasado, están recibiendo a unos 6.000 venezolanos al día. Si lo multiplicamos por un año, se estaría hablando de 2.910.000 migrantes. Esta cifra nos debe dar una idea de la magnitud y lo masivo del hecho migratorio venezolano.

Los motivos que han llevado a estos millones de venezolanos a emigrar, así como las decenas de miles que lo siguen haciendo a diario, son producto de la política sistemática que menciono más arriba. Se trata de una política que abarca la destrucción tanto de valores civiles y morales de la persona como de limitar los medios de subsistencia, con el propósito de lograr la sumisión o bien para desalojarlos del territorio venezolano y forzarlos a emigrar. Su fundamento es la idea de todo socialismo real, totalitario, de eliminar al enemigo de clase. Y con ello, como sucedió en la Unión Soviética de Lenin y Stalin, en la Revolución Cultural de la China de Mao Zedong, en Camboya, por nombrar solo tres, se llevan de por medio a la población entera a excepción del establishment.

El método totalitario

Las condiciones de inhumanidad a las que hemos llegado en Venezuela no son un caso único en la historia contemporánea. Bajo todos los regímenes totalitarios, sea donde se les ubique en el espectro de análisis político, han concurrido. Detrás de esas condiciones, que más adelante describo, hay toda una metodología que se vale de una psicopolítica y de un biopoder. La primera ataca al patrimonio psíquico y moral de la persona con técnicas disruptivas y una verdadera tecnología del terror. El segundo, se centra en dominar a su cuerpo; pero, sobre todo, como lo señala Agamben: a su forma-de-vida. Lo hace por medio de una tecnología del control.

La disrupción necesaria para instaurar el socialismo totalitario

En el caso Venezolano, vimos como desde el ascenso de Hugo Chávez al poder se dio inicio a una disrupción de la vida civil como hasta entonces conocían los venezolanos y estaban acostumbrados a vivir. La arremetida frontal por la abolición de la propiedad privada y, más aún, de la carrera por la abolición de la vida privada. La ola de expropiaciones aunadas a aseveraciones de Chávez como “ser rico es malo”, acusando a la burguesía de cuanto mal o carencia existía para entonces en el país, encendió las alarmas de una parte importante de la sociedad venezolana. Arremeter en contra de la élite, conformada por los llamados notables, que apoyó y dio plataforma a la campaña presidencial del entonces candidato Chávez fue uno de los actos que ya en aquel entonces denotaba el carácter antidemocrático del proceso revolucionario.

“Al dominio de lo privado pertenecen también las escuelas privadas, las universidades donde existe libertad de cátedra; las bibliotecas donde se encuentran todos los libros; las hemerotecas de las cuales no han desaparecido las colecciones de diarios y revistas, las iglesias, los sindicatos, los partidos políticos, la prensa libre, las asociaciones gremiales y profesionales; y en general todas las instituciones o asociaciones no estatales, sin cuya existencia vital y poderosa, el peso del Estado gravita de manera despótica sobre cada cual y puede, de hecho, llegar a ser totalitario” (Marx y los socialismos reales, p. 95, Carlos Rangel, 1980).

Hoy en día han cerrado cientos de escuelas privadas y han renunciado los maestros masivamente, la mayoría porque se han ido o se van del país. Los partidos políticos de oposición más importantes han sido ilegalizados y sus dirigentes son perseguidos políticos, presos políticos o están en exilio forzado. Se estima que más de 50 empresas cierran diariamente y las que aún operan lo hacen a menos del 20% de su capacidad, como consecuencia, millones de puestos de trabajo se han extinguido. En 1998 existían en Venezuela unas 14.000 industrias, hoy no llegan a 1.500. El salario ha quedado pulverizado para quienes aún tienen trabajo. Los sindicatos que no son del partido de gobierno PSUV han sido atacados y los dirigentes sindicales son perseguidos, arrestados o asesinados.

El éxodo de profesores en las universidades ha sido masivo lo mismo que los estudiantes. Además la matrícula no da para sostenerlas. La prensa libre ha sido diezmada debido a la imposibilidad de comprar papel, ya que lo tiene bajo monopolio el Estado. Los medios de comunicación digital son bloqueados por orden del Estado, los periodistas son perseguidos, arrestados, presionados, sus pasaportes son anulados… Diosdado Cabello, actualmente presiente de la ilegítima Constituyente, ganó un juicio en contra de tres de los medios más importantes de Venezuela: La patilla, Tal Cual y El Nacional por publicar una noticia cuya fuente fue ABC de España. En Venezuela ya no hay acceso desde hace un bue tiempo a CNN en Español, Noticias Caracol, NTN 24, Fox News… Fedecámaras, que reúne a los empresarios del país, es constantemente acusada de conspiraciones. En resumen, los venezolanos hemos vivido el exterminio de la sociedad civil.

A lo anterior cabe agregar la destrucción del lenguaje y del significado de las palabras. La implementación de la neo lengua.

Psicopolítica: la destrucción de la psiquis y la moral ciudadana

La psicopolítica, entendida como técnicas psicológicas para destruir los valores vividos como costumbres; y para que la persona renuente se adapte o huya (disrupción, persuasión, adaptación y obediencia; y terror, disuasión, avasallamiento y desalojo) ha jugado un papel preponderante, siguiendo el Manual de psicopolítica escrito por el dirigente político comunista y jefe de la policía y del servicio secreto de la Unión Soviética (1938 – 1953). La dictadura socialista en Venezuela sigue un guión y fuerza a unos a adaptarse y obedecer y a otros a huir o perecer.

Porque a la destrucción de la vida privada, le complementa el terror sembrado por medio de asesinatos ejemplares de personas que fungen como emblemas o arquetipos dentro de la sociedad venezolana.

La muerte del biólogo Franklin Brito, cuyas tierras agrícolas y productivas fueron invadidas durante la presidencia de Hugo Chávez, lo cual dio inicio en 2004 a disputas y a una larga protesta personal que lo llevó a una huelga de hambre que terminó con su vida en 2010, si bien no parece calificar de asesinato, el gobierno hizo caso omiso a sus reclamos. Fue un caso emblemático que envió un claro y ejemplar mensaje a los venezolanos: “ni nos importa tu propiedad, ni nos importa tu vida”.

Algunos asesinatos en extrañas circunstancias en el año 2006 llaman la atención. El asesinato de los hermanos Faddoul junto a su chofer, tres hijos de un empresario canadiense de origen libanés, simbolizan a la familia de clase alta con valores liberales, que fueron secuestrados el 23 de febrero de 2006 y luego los cuatro cuerpos fueron encontrados el 4 de abril de ese año. El secuestro y asesinato del industrial Filippo Sindoni el 29 de marzo de ese año, empresario italo venezolano cuya marca de pasta alimenticia llevaba su apellido, y que casi un mes después fue detenido, entre otros, un coronel (r) de la Guardia nacional y un subcomisario de la Policía de Aragua, simboliza al inmigrante exitoso y rico; y el asesinato del Padre Jorge Piñango en un hotel, quien era sacerdote y subsecretario de la Conferencia Episcopal Venezolana de la Iglesia Católica.

Luego en 2008 es asesinado en extrañas circunstancias, en su apartamento, el periodista Javier García, quien había trabajado en el canal de televisión RCTV cuya concesión no fue renovada en 2006 y cesaron sus transmisiones. Por cierto, diez años después su hermano fue asesinado en el mismo apartamento. Sin entrar en detalle sobre el origen estos asesinatos, podemos decir que afectaron la sensación de seguridad de buena parte de la sociedad venezolana ya en aquel momento.

Detenciones como las del abogado defensor de los Derechos Humanos Marcelo Crovato, un argentino venezolano que estuvo preso durante tres años por representar a presos políticos de las protestas de 2014. La activista de Derechos Humanos conocida como Mama Lis quien estuvo presa por el solo hecho de llevar comida a los presos políticos y terminó ella siendo una. Médicos presos por denunciar la escasez de insumos que van desde algodón hasta material quirúrgico. La detención de un profesor de la Universidad de Carabobo por publicar un artículo sobre economía…

La inseguridad y la impunidad son instrumentos de dominación y terror. Someten a los ciudadanos a no salir de casa y atomiza a la sociedad. En la actualidad la inseguridad y la impunidad han alcanzado niveles nunca antes vividos en Venezuela. Cuando se está en la calle, nadie sabe quién es amigo ni quien es enemigo. La ciudadanía vive aterrorizada. Vivimos agobiados.

Desde la llegada de la llamada Revolución Boliviariana al Poder, las protestas y la impunidad se han acelerado/Reuters
Desde la llegada de la llamada Revolución Boliviariana al Poder, las protestas y la impunidad se han acelerado/Reuters

Durante las protestas de 2017 vimos como los cuerpos de represión del Estado Guardia Nacional y Policía Nacional actuaron en coordinación con colectivos paramilitares armados. Los venezolanos y el mundo observaron el uso de la represión desproporcionada. Estudiantes asesinados por armas de fuego, por lanza granadas de bombas lacrimógenas disparadas a pocos metros directo al pecho, tanquetas de la Guardia Nacional atropellando a protestantes indefensos.

Vivimos el terror en la calle y en la televisión. No solo supimos que los presos políticos son torturados sino que la dictadura se encargó de divulgar videos exhibiendo presos políticos desnudos, amarrados de manos a un tubo, mientras sus carceleros se turnaban para golpearlos con palos de madera. Y la detención este mes de septiembre de una decena de gerentes de supermercados propiedad de portugueses que fueron liberados ante la protesta del canciller de Portugal, son mecanismos de intimidación para cada sector, oficio, y posición socioeconómica de los venezolanos.

Entre los presos políticos, además de los alcaldes, resaltan por una razón particular el de los diputados a la Asamblea Nacional. El reciente secuestro, porque no tiene otro nombre, ya que se ha impedido la visita y comunicación de sus familiares y abogado defensor, del joven diputado Juan Requesens, no solo se debe por la sistemática anulación de las voces más destacadas y de mayor peso de la oposición. También da un mensaje ejemplar al resto de la población: “si somos capaces de hacer esto con un diputado con inmunidad parlamentaria, imagina lo que podemos hacer contigo”. Cada acto envía un mensaje a un sector particular y, a su vez, a toda la población. Esto es parte de la psicopolítica.

No hay ya necesidad de cometer el crimen ontológico, como lo fue exterminar a todos los judíos en la Alemania Nazi; no hace falta asesinar a todos los empresarios; basta con asesinar a uno de manera ejemplar. No hace falta asesinar a todos los estudiantes; basta con asesinar a algunos de forma ejemplar. Se trata de una tecnología de represión selectiva con la finalidad de causar terror generalizado en toda la población.

Biopoder: someterse y obedecer o perecer

Los fallos de los servicios públicos como el transporte agobian a los venezolanos a todo lo ancho y largo del país/Reuters

Por otra parte, el biopoder juega su parte por medio de la tecnología del control. Así como en 1984 de George Orwell leemos la creación del Ministerio de la Abundancia, cuyo fin es administrar la escasez, en Venezuela la escasez es la regla y la abundancia no es la excepción.

Miles de venezolanos han muerto por hambre y falta de medicinas porque no hay comida y no hay medicinas, y cuando se consiguen no alcanza el dinero para comprarlas. Por si esto fuera poco, tampoco hay dinero. No hay ni papel ni monedas. Tampoco papel higiénico. El champú y el jabón son hoy en día prendas de lujo que solo se consiguen en el mercado negro, en eso que llaman los bachaqueros.

Ante esta realidad inducida (controles de costo y precios, destrucción del aparato productivo, monopolio de gran parte de las importaciones de bienes por parte del Estado, etcétera), creada por diseño, la tecnología del control es más eficaz. El carnet de la patria, entre cuyos antecesores, por nombrar dos, se remontan a la hoja membretada del Tercer Reich o a la libreta de racionamiento de la Cuba comunista de los castro, es un mecanismo de sometimiento que ha doblegado la voluntad de millones de venezolanos que se ven forzados a adaptarse a los designios de la dictadura y, finalmente, obedecerla mansamente a cambio de recibir una caja CLAP contentiva de algunos alimentos básicos, de pésima calidad, pues de no hacerlo morirían de hambre ellos y sus hijos.

Las misiones, implementadas desde Hugo Chávez, fueron la primera fase del más cruento biopoder sobre la forma-de-vida de los venezolanos. Solo los miembros inscritos en las misiones reciben beneficios del Estado, como llantas, repuestos de coches y motocicletas, útiles escolares para los niños, bonos de guerra económica… Solo quienes tienen el carnet de la patria reciben cajas CLAP; y, en adelante, serán ellos quienes paguen la gasolina a precio subvencionado. El resto deberá pagarla a precio internacional con ingresos de hambre. Para llevar a cabo esta discriminación social, se está implementando el bio pago, una máquina capta huellas que discrimina quien compra a cuál precio. Lo mismo aplica para la atención médica y todo lo relativo al sector de la salud.

El exterminio no se limita a la vida privada, a la sociedad civil. También se extiende a los más vulnerables. Niños y ancianos mueren cada día en Venezuela por desnutrición, mueren de hambre por falta de alimentos y de dinero para comprarlos y mueren por falta de medicinas.

Esta es la lógica del poder en Venezuela y sus consecuencias se constatan de los millones de venezolanos que han sido desalojados por la fuerza de sus hogares, de sus propiedades, de sus vidas y de sus sueños. Han sido arrancados de raíz de la forma más violenta. Los venezolanos que aún viven en Venezuela también han sido desenraizados. En buena medida han perdido su arraigo y el sentido de pertenencia se hace cada día más difícil de mantener. La inmensa mayoría está en modo sobrevivencia. Sobreviven, no viven. Viven para sobrevivir.

Esta realidad está no solo creando unos problemas de convivencia en los países receptores sino que buena parte de los recursos públicos de sus presupuestos han sido desviados para atender las necesidades materiales y morales de los venezolanos migrantes. Los venezolanos huyen de su país para no perecer en el. Me atrevo a afirmar que de no darse un desenlace en un tiempo perentorio, este sería apenas el comienzo.

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