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Tres apuntes para pronosticar el destino de la “república suspendida”

Por Andrés Tovar
12/10/2017

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Este miércoles, Mariano Rajoy ha dejado clara la posición del Gobierno en un requerimiento formal a Carles Puigdemont, al amparo del artículo 155 de la Constitución, y zanjó ante los independentistas catalanes que no habrá mediación posible en su aspiración secesionista en un marco de desobediencia.

Y, desde la Generalitat, Carles Puigdemont ya hizo acuse de recibo del requerimiento y expresó su intención de responder en tiempo y forma, no sin beligerancia. “Pides diálogo y te responden poniendo el [artículo] 155 sobre la mesa. Entendido”, publicó el presidente del Gobierno catalán en su Twitter.

Tanto la sesión de este miércoles como todos los acontecimientos que han sucedido desde el ilegal referéndum del 1-0 han sido el plato fuerte de la agenda diaria, y con mucha razón. Prueba de ello han sido la gran cantidad de artículos publicados sobre los posibles escenarios Pero, ahora con una “república en estado suspendido” tras el acto de Puigdemont el martes, el ejercicio es considerar los factores políticos y económicos detrás del secesionismo catalán.

Repasamos algunos escenarios que permitirán abrir el debate sobre cuál será el destino de la empresa en suspenso de los independentistas: ¿Avanzará o fracasará la independencia catalana? Considere estos factores.

1. Cataluña y el sustento económico

Conocido es el peso del PIB de Cataluña en la economía nacional –el tercer PIB más alto por habitante de las 17 regiones autónomas-; sin embargo, incluso con gran influencia económica, Cataluña nunca estuvo inmune a la gran recesión que afectó a la economía global, y la región sigue sufriendo las consecuencias económicas de la crisis financiera que afectó a España en 2008. El desempleo de los jóvenes sigue estando en más del 34 por ciento, y la región autónoma tiene la mayor deuda del sector público de todas las regiones en más del 35 por ciento de su economía.

La crisis económica ciertamente le sirvió como argumento al movimiento secesionista. Pero los últimos acontecimientos han dejado claro lo que puede pasarle a la “república” en lo económico:  Uno de los efectos más notorios e inmediatos de la tensión se ha dejado sentir en el tejido empresarial catalán. Y lo ha hecho en forma de fuga masiva de empresas o, más exactamente, de una oleada de traslados de sedes sociales que dejan de estar en suelo catalán para establecerse en lugares donde la estabilidad económica esté menos amenazada por la incertidumbre política.

CaixaBank, Sabadell, Gas Natural, Catalana Occidente, Service Point, Eurona, Ballenoil, Arquia, Banco MediolanumDogi, Oryzon, Grupo Planeta, Bimbo, Idilia Foods, Divina Pastora, Axa… la lista es larga y crece a medida que pasan los días y no se aclara el futuro de la cuestión catalana. Ni el anuncio de independencia suspendida hecho anoche por el president catalán Carles Puigdemont no ha servido para calmar a los empresarios.

Un dato: unos recientes cálculos realizados la escuela de negocios Vlerick de Bruselas, citados por Cinco Días, han precisado que “en base a los últimos datos disponibles, Cataluña ha perdido como mínimo 3.770 milones de euros o 0,33% de PIB en favor de otras regiones” como consecuencia de la fuga de empresas de los últimos días.

2. La congruencia política

Como en casi todos los movimientos secesionistas, la política pro independencia en Cataluña está impulsada por una agenda predominantemente secesionista-izquierdista. En las dos últimas elecciones generales, los tres partidos más exitosos de la región fueron los partidos políticos de esta neo-corriente, con una cuota de voto combinada de casi tres quintos del total de votos en Cataluña.

Al igual que el nacionalismo escocés, los objetivos y aspiraciones de este movimiento secesionista izquierdista en Cataluña son en muchos niveles profundamente contradictorios. Los secesionistas catalanes son profundamente pro-UE y mantienen una creencia poco realista de que después de la separación de España, de alguna manera se les permitirá pertenecer a la eurozona.

Ahora, la declaración de Carles Puigdemont el martes introdujo un nuevo elemento. Sus partidarios más radicales -que también son los más proactivos de su empresa- no han visto con los mejores ojos el “si, pero no”, lo cual puede tener sus consecuencias: La CUP tiene sólo 10 de los 135 escaños en el parlamento regional de Cataluña, pero sin ellos el gobierno pro-independencia no tiene mayoría y se anticipa una posibilidad más clara de unas nuevas elecciones.

3. El reconocimiento internacional

No menos importante para el secesionismo catalán ha sido lograr el afecto internacional a su empresa, vital para el reconocimiento de una república. Pero tras el martes ha quedado más plausible que una Cataluña independiente tendría pocos amigos.

Unos por respaldo a España y al Estado de Derecho, otros por “respeto a los asuntos internos” y otros porque, hay que decirlo, también temen que una reacción ligera al tema catalán sea un aliciente para futuros movimientos de ruptura. Francia, Italia, Alemania, Reino Unido, EEUU, México, Colombia, Paraguay, Uruguay, Perú… y la lista crece. Todos coinciden en el apoyo al estado de Derecho español y en emplazar al logro de soluciones “bajo la Constitución española”.

Igual posición tuvo este miércoles la Comisión Europea (CE) subrayó hoy de nuevo su apoyo a una solución en Cataluña dentro del marco de la Constitución española y mostró su confianza en que así lo logren las fuerzas políticas, tras la declaración del Gobierno regional catalán sobre la independencia.

En cualquier caso, de acuerdo con las normas de la UE, Cataluña no sería un miembro de la UE por sí sola y tendría que solicitar su adhesión fuera del bloque.

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