Jorge Neri, CEO de Cambio 16, propone una economía 2.0 que sustituya la avaricia por el bienestar humano y la consciencia colectiva para sanar la sociedad actual y despertar la verdadera abundancia
Vivimos dentro de un sistema económico que genera prosperidad material, pero también una extraña sensación de vacío. El problema actual no resulta meramente financiero, sino que posee una raíz moral e incluso espiritual. Hemos organizado el mundo bajo un paradigma de escasez que nos mantiene en un estado de sueño constante, donde aceptamos reglas y parámetros sin cuestionarlos.
Jorge Neri, director de Cambio 16, propone un cambio radical hacia el despertar de la abundancia en su obra más reciente La economía de la abundancia. Estas reflexiones las compartió recientemente con la periodista María Zabay en el espacio El Foco, donde analizó las tesis de su libro. El autor sostiene de forma contundente: «Vivimos dormidos en una economía dormida y lo peor del sueño es que crees que estás despierto».

La tesis surge de su propia experiencia como abogado de renombre en Nueva York, donde descubrió que el éxito material no basta. Explica que la abundancia va más allá del dinero o las posesiones, ya que estas por sí solas terminan por generar un vacío existencial. La sociedad sufre porque el sistema actual solo satisface los bienes materiales y descuida la parte espiritual, confundiendo erróneamente el bienestar con el simple consumo.
La propuesta de Neri no busca la destrucción del sistema, sino su evolución hacia una versión 2.0 más humana. Se trata de redirigir la dirección del dinero, de los mercados y de las instituciones hacia el beneficio del bien común. Este nuevo paradigma requiere que cada individuo asuma la responsabilidad de despertar su conciencia para transformar la realidad, pues las instituciones no tienen conciencia propia; esta reside únicamente en las personas.
Las emociones que encadenan el progreso

La economía actual funciona desde una conciencia baja que limita el desarrollo pleno de las personas. Dos emociones predominantes dominan los mercados hoy en día: el miedo y la avaricia. Neri es enfático al señalar que «el miedo nos somete, nos impide realizar nuestros sueños y permite a unos cuantos la dominación plena». Por su parte, la avaricia rompe las barreras para permitir la acumulación en contra de todos.
Estas emociones bajas producen resultados nefastos como la desigualdad, el estrés, la angustia y la destrucción ambiental. Neri utiliza una analogía familiar para describirlo: si una familia promueve el odio y la división, el resultado final será la ruina absoluta. De la misma manera, el sistema actual fomenta una competencia feroz basada en el egoísmo. El ego pide todo para sí mismo a costa de que los demás pierdan, impidiendo la creación de valor multiplicador a través de la cooperación.
La identificación exclusiva con elementos limitantes como el dinero o la belleza física genera un sufrimiento inmediato. Somos seres que necesitamos identificarnos con el todo para encontrar un equilibrio verdadero. Por ello, para que la sociedad sane, primero debemos recomponernos como individuos. Al despertar, podemos ejercer nuestro poder de elección identificando aquellos productos y servicios que benefician a las personas y a la naturaleza, descartando los que dañan.
El espejismo de las redes y el ego
Las redes sociales actúan como un gran amplificador de las emociones humanas de forma negativa. En lugar de generar paz, fomentan una exhibición constante y frustración. Este fenómeno es parte de un sistema donde la gente está «dormida» consumiendo contenido superficial. Sin embargo, este sufrimiento profundo puede funcionar como un acelerador para el despertar de la conciencia, ya que muchas veces es necesario tocar fondo para iniciar el proceso de cuestionamiento.

Jorge Neri afirma que la escasez no es un defecto natural del planeta, sino un producto del ego humano. El ego es una emoción destructiva que debemos aprender a identificar y superar. Sobre este punto, el autor advierte: «Tratemos de despegarnos de una economía basada en la escasez que no es natural». El planeta tiene abundancia suficiente; es el desequilibrio generado por el ego lo que impide que funcione para todos.
La acumulación desmedida es, paradójicamente, una forma de limitación. Mientras que el alma pide liberación y expansión, el sistema nos empuja a retener bienes materiales, atándonos a ellos. Esta mentalidad bloquea la posibilidad de ganar juntos. El autoengaño representa otro obstáculo grave: a menudo nos saboteamos al no practicar la compasión ni la generosidad genuina. La transición hacia la abundancia requiere la disciplina de renunciar al ego, aunque este siempre ataque a traición.
El despertar de la conciencia individual
En la visión de Neri, el cambio no vendrá desde estructuras abstractas, sino desde la transformación de la conciencia de cada persona. No se puede construir una economía de suficiencia si seguimos operando bajo las creencias del pasado que dictan que el triunfo de uno depende del fracaso de otro. La cooperación y el amor no deben ser temas tabú dentro de la economía; el amor es la energía más potente del ser humano y debería estar integrada en el sistema para generar bien en el planeta.

El autor enfatiza que estar «quemado» en el trabajo muchas veces no es culpa del individuo, sino de un sistema que lo limita. El alma «grita» pidiendo más espacio para la plenitud. Por eso, el despertar es un proceso de disciplina que no ocurre de la mañana a la noche. Requiere querer estar bien y entender que el bienestar propio es la base para poder ayudar a los demás. Si un individuo no está bien consigo mismo, difícilmente podrá aportar valor real a su familia o a la sociedad.
La verdadera abundancia, según Neri, conlleva entender que la felicidad reside en generar felicidad a otros y en dar más que recibir. Es una simbiosis donde el cuidado de uno mismo y el del entorno social y emocional se vuelven uno solo. Al elevar la conciencia, la prioridad deja de ser el «yo» egoísta para convertirse en una voluntad de servicio y creación colectiva, transformando así la raíz misma de nuestras interacciones económicas.
Propuestas para una sociedad en equilibrio

El equilibrio se perfila como el gran lujo y meta anhelada. La naturaleza nos enseña, contra una interpretación simplista de Darwin, que ninguna especie puede devorar su entorno sin autodestruirse; siempre existe un balance. Debemos recuperar la armonía entre nuestra existencia y el sistema que habitamos. Una medida concreta para los gobiernos es la adoptada por países como Bután: dejar de medir el éxito únicamente por el crecimiento del producto interno bruto y empezar a utilizar índices de felicidad y bienestar.
El ministro de economía debe priorizar el bienestar de las personas y la naturaleza como la base de la pirámide. Sin bienestar individual, resulta imposible ayudar de manera efectiva. Nuestra responsabilidad innata consiste en procurar el propio despertar. Neri concluye con un mensaje de esperanza y realismo: «La abundancia es algo innato. Está en nosotros». No es un regalo externo, sino una condición que ya habita en el ser humano, pero que ha sido sepultada por el sistema actual.
Para facilitar este camino, Neri propone utilizar una «contabilidad de la vida»: una herramienta para evaluar qué acciones suman al alma y cuáles restan. Este proceso requiere esfuerzo y tiempo, pero los resultados son gratificantes y elevan la existencia a otro plano. No es una utopía inalcanzable, sino una posibilidad real si nos atrevemos a despertar del sueño y a construir una economía que, finalmente, favorezca la vida en todas sus formas.




