La energía solar fotovoltaica se ha consolidado como la principal fuente de crecimiento del suministro energético mundial, cubriendo más del 27% del aumento de la demanda en 2025, siendo la primera vez que una renovable coloca a un lado a los combustibles fósiles, al dar una cuota mayor para satisfacer del consumo global de energía.
Según datos de la Agencia Internacional de Energía, el aporte energético estuvo seguido por el gas natural, cubriendo alrededor del 17% de la demanda mundial. El petróleo contribuyó con alrededor del 15% y detrás estuvieron la bioenergía sólida y los residuos. Mientras, el alza del carbón se ralentizó debido a las caídas en China y la India.
En total, afirma la AIE, las fuentes de bajas emisiones —que abarcan la solar, eólica, nuclear e hidroeléctrica— contribuyeron con casi el 60% de la expansión de la demanda energética. Esto a pesar del casi nulo crecimiento de la energía hidroeléctrica debido a las malas condiciones hidrológicas en algunas regiones importantes del mundo.
Este comportamiento se debe a la reducción de costos y al rápido despliegue de esa energía limpia. Subraya la AIE que la transición no es solo una ambición futura, sino una realidad operativa
La energía solar fotovoltaica se ha consolidado como la principal fuente de crecimiento del suministro energético mundial, cubriendo más del 27% del aumento de la demanda en 2025, siendo la primera vez que una renovable coloca a un lado a los combustibles fósiles, al dar una cuota mayor para satisfacer del consumo global de energía.
Según datos de la Agencia Internacional de Energía, el aporte energético estuvo seguido por el gas natural, cubriendo alrededor del 17% de la demanda mundial. El petróleo contribuyó con alrededor del 15% y detrás estuvieron la bioenergía sólida y los residuos. Mientras, el alza del carbón se ralentizó debido a las caídas en China y la India.
En total, afirma la AIE, las fuentes de bajas emisiones —que abarcan la solar, eólica, nuclear e hidroeléctrica— contribuyeron con casi el 60% de la expansión de la demanda energética. Esto a pesar del casi nulo crecimiento de la energía hidroeléctrica debido a las malas condiciones hidrológicas en algunas regiones importantes del mundo.

Durante el último año, la demanda global de energía experimentó un crecimiento del 1,3%, una cifra que, aunque positiva, representa una desaceleración respecto al 2% registradaen 2024. Este fenómeno se atribuye a una combinación de factores que incluyen una expansión económica más moderada en sectores electrointensivos, mejoras sustanciales en la eficiencia energética y condiciones climáticas más suaves en regiones clave que reducen la necesidad de refrigeración.
La fotovoltaica cubre fuertemente la demanda
La solar fotovoltaica superó a los combustibles fósiles en la cobertura de la demanda global de energía, dice la agencia, debido a la reducción de costos y su rápido despliegue. Este comportamiento subraya que la transición no es solo una ambición futura, sino una realidad operativa.
En este contexto, la electricidad se ha erigido como la columna vertebral de la nueva economía energética, creciendo a un ritmo que duplica al de la energía primaria total. Este fenómeno, que la AIE denomina la ‘Era de la Electricidad’, está siendo impulsado de manera agresiva por la electrificación del transporte, con ventas de vehículos eléctricos que ya superan las 20 millones de unidades anuales, y la explosión de la infraestructura digital.

Un dato revelador del informe es el impacto de los centros de datos y la inteligencia artificial, que en mercados como el de Estados Unidos ya representan cerca del 50% del crecimiento neto de la demanda eléctrica. Mientras tanto, el carbón ha comenzado a mostrar signos de estancamiento; aunque sigue siendo la mayor fuente de generación eléctrica a nivel global. Su uso para la producción de energía disminuyó por primera vez desde la crisis de 2019, impulsado los descensos en China y la India
Por su parte, la energía nuclear ha alcanzado su máximo histórico de generación, reafirmando su papel como complemento crítico para la estabilidad de la red. En un sistema cada vez más dependiente de fuentes variables. Sin embargo, este avance hacia la limpieza energética convive con tensiones persistentes en el sector de los hidrocarburos.
Competitividad vinculada a la energía limpia y barata
La demanda de gas natural y petróleo continuó creciendo, aunque a tasas excepcionalmente inferiores a las de décadas pasadas, impulsada principalmente por el sector petroquímico y la aviación. Esta resistencia de los fósiles ha llevado a que las emisiones globales relacionadas con la energía alcancen un nuevo récord de 38,4 mil millones de toneladas. Un aumento del 0,4% que evidencia la enorme inercia del sistema actual.
La seguridad energética en 2026 ya no se mide únicamente en barriles de petróleo, sino en la resiliencia de las cadenas de suministro de minerales críticos y en la capacidad de las redes eléctricas para gestionar una capacidad récord de almacenamiento en baterías, la cual creció un 40% en el último ciclo.

El informe proyecta un mundo donde la competitividad económica está intrínsecamente ligada a la capacidad de los países para ofrecer energía limpia, barata y confiable. Transformando la transición climática en una carrera por la soberanía tecnológica y la eficiencia industrial. Y la solar fotovoltaica ha marcado un hito sin precedentes al consolidarse como la principal fuente de respuesta ante el incremento de la demanda energética mundial.
Entre fósiles y renovables
En Asia, el motor del cambio sigue siendo China, que aunque ha ralentizado su auge económico general a un 1,7%, sigue dominando la expansión renovable al instalar casi el 60% de toda la nueva capacidad solar del planeta. Este despliegue masivo ha permitido que, por primera vez en un período de crecimiento, la generación eléctrica a partir de carbón en el gigante asiático disminuya. Una tendencia que también se empieza a observarse en la India, donde la capacidad solar creció un impresionante 60% en un solo año para desplazar gradualmente la dependencia de los combustibles sólidos.
Por su parte, Estados Unidos presenta una paradoja notable en 2026, ya que mientras lidera la adopción de tecnologías de vanguardia como los centros de datos para inteligencia artificial —que ya suponen la mitad de su crecimiento neto de demanda eléctrica—, ha experimentado un repunte temporal en el uso de combustibles fósiles. Incluyendo un incremento del 10% en el consumo de carbón debido a factores climáticos. Y, a la vez, una ligera contracción del 13,8% en sus nuevas instalaciones solares anuales respecto al año anterior.

La Unión Europea ha logrado un avance estructural significativo al conseguir que el carbón represente menos del 10% de su mix de generación eléctrica total. Impulsado por la adición récord de casi 69 GW de nueva energía solar que superó con creces las cifras de 2024. A pesar de los desafíos en la estabilidad de los precios mayoristas del gas que han mantenido los costes de la energía por encima de los niveles prepandemia.
América Latina, modernización de redes
En América Latina, la transición se manifiesta a través de un enfoque híbrido donde la robusta base hidroeléctrica de la región se está viendo complementada por una aceleración en proyectos solares y eólicos. Especialmente en mercados como Brasil y Chile, que buscan diversificar su matriz para protegerse de la volatilidad climática.
No obstante, el informe señala que la región aún enfrenta el reto de modernizar sus redes de distribución para integrar este flujo de energía limpia de manera eficiente y equitativa. En un contexto donde la seguridad energética y la resiliencia tecnológica se han vuelto tan prioritarias como los propios objetivos de descarbonización.

Respecto a Australia, la agencia, señala que se ha consolidado en 2026 como uno de los laboratorios más dinámicos de la transición energética global, presentando un comportamiento único donde la descentralización es la verdadera protagonista.
En este mercado, la energía solar fotovoltaica no solo ha mantenido su dominio, sino que ha alcanzado un hito social sin precedentes. El 40% de los hogares australianos ya cuentan con sistemas solares instalados en sus tejados, sumando más de 4,3 millones de viviendas que generan su propia electricidad. Esta explosión de la «solar residencial» ha convertido a los ciudadanos en productores activos, obligando al sistema a evolucionar hacia la integración masiva de centrales eléctricas virtuales y tecnologías de red inteligente que gestionan este flujo de energía.
Mientras que las renovables ya cubren más de un tercio de la generación eléctrica total del país, con la solar aportando un 18% y el viento un 12%. El carbón ha iniciado un declive irreversible en el Mercado Eléctrico Nacional, aunque Australia sigue manteniendo una dualidad compleja al ser uno de los mayores exportadores mundiales de este mineral.
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