Las grandes petroleras entran en el negocio de las renovables

Por Iñigo Aduriz
10/03/2018

Aunque las energías fósiles seguirán dominando el mercado, las compañías son conscientes de que
la solar y la eólica serán las que más crecerán en los próximos años.

El negocio de la energía verde sigue creciendo y las grandes petroleras internacionales no quieren
quedarse al margen. La mayoría de ellas ya han decidido invertir en renovables, conscientes de la transición del sector energético y de la revolución que se está produciendo en los últimos años. A finales de 2016 y coincidiendo con la entrada en vigor del Acuerdo de París sobre el clima, diez de las empresas
petroleras más importantes del mundo –Repsol, BP, Total, Shell, Pemex, Statoil, CNPC, Saudi Aramco, Reliance y Eni– anunciaban la creación de un fondo conjunto de mil millones de dólares para reducir sus emisiones de carbono.

Y ese compromiso climático se ha ampliado en los últimos meses con la apuesta directa por las renovables. Una de las últimas empresas en sumarse a esta estrategia ha sido la española Cepsa. A finales del año pasado, la compañía anunciaba el desarrollo de su primer parque eólico con una
inversión de 35 millones de euros. Ubicada en Jerez (Cádiz), la instalación inicia la diversificación del negocio de la empresa y se espera que esté operativa a finales de 2018. El director de Gas y Electricidad de Cepsa, Juan Manuel García-Horrillo, señala que “este es un primer paso en las energías renovables”.
punta a que, como empresa energética, la compañía quiere “seguir avanzando en este campo de manera progresiva, complementando la cartera de negocios derivados de combustibles fósiles con fuentes de energía renovable”.

Las grandes petroleras se incluyen en el sector

Respecto al proyecto jerezano, asegura que permite a Cepsa “tener una visión holística como empresa energética” y diversificar sus fuentes de energía “para ser capaces de satisfacer las necesidades
energéticas de cada realidad”. Cepsa considera que las energías fósiles seguirán dominando ampliamente el mercado, si bien las energías solar y eólica representan las de mayor crecimiento para los próximos años.

Una circunstancia que, señalan, “incide en la necesidad de diversificar de manera progresiva la actividad y atender a una demanda de otras energías cuyo desarrollo se prevé especialmente fuerte en regiones como América Latina, África Oiente Próximo”. Así, la empresa considera que su entrada en el sector de
las renovables le permitirá tener acceso a “mercados en crecimiento, desarrollar nuevas capacidades y habilidades en el plano energético y mitigar el efecto de la volatilidad de algunos de los mercados en
los que opera, como el del crudo”. Esos son los mismos objetivos que persigue Repsol, que en su estrategia para los próximos años también contempla participar en la transición energética hacia las renovables. Aunque la compañía no ha desvelado aún los detalles de ese plan, ni ha concretado
ninguna acción específica, la petrolera ya estaría sondeando posibles opciones de compra de empresas de energías renovables, que podrían materializarse en los próximos meses. Fuentes del sector
energético citadas por distintos medios de comunicación internacionales apuntan a que, como Cepsa,

Repsol también apuesta por la transición hacia un modelo energético en el que los combustibles
fósiles sean menos predominantes. Aventuran incluso a que la compañía presidida por Antonio Brufau está en conversaciones con el fondo KKR para hacerse con X-Elio, la empresa surgida de la alianza entre la antigua Gestamp Solar y el fondo estadounidense, especializada en el sector fotovoltaico. De salir adelante la operación, X-Elio aportaría a Repsol 650 megavatios de capacidad renovable en 12 países. Actualmente, el 80% por X-Elio es propiedad de KKR y el 20% restante está en manos de Gestamp. Así,
la petrolera, que ha puesto en venta el 20% que tiene en Gas Natural, quiere crecer en el sector de las energías renovables. La de X-Elio no sería, además, la única vía que está explorando la petrolera española. El diario español Expansión apuntaba recientemente que también estaría barajando la adquisición de Renovalia, propiedad del fondo estadounidense Cerberus, que cuenta con una cartera de proyectos de más de 800 MW diversificada en seis países.

La británica BP lleva ya años adaptándose a la transición energética con la entrada en distintas áreas de las energías renovables. Participa en el sector de los biocombustibles con la producción de etanol a partir de cultivos de caña de azúcar, principalmente en Brasil. BP apuesta, además, por la implantación progresiva de los biocombustibles avanzados o de segunda generación que provienen de residuos urbanos, forestales o agrícolas, o del aceite de cocina usado. 

Además, los bios avanzados tienen una menor huella de carbono y requieren menos recursos para ser producidos. La compañía británica es, asimismo, una de las principales productoras de energía eólica en los Estados Unidos, con intereses en 16 parques eólicos en todo el país, que suman una capacidad de 1.556 megavatios.

La petrolera noruega Statoil decidía en febrero de 2016 lanzar un fondo de 197 millones de dólares dedicado a las energías renovables. Y la compañía ya está adquiriendo participaciones minoritarias en empresas emergentes, preferentemente como coinversor con otras empresas de riesgo. Las inversiones
potenciales incluyen energía eólica marina, offshore y solar, almacenamiento de energía, transporte, eficiencia energética y redes inteligentes. En abril de ese mismo año hacía público un acuerdo con el consorcio eléctrico alemán E.ON para invertir un total de 1.200 millones de euros en la construcción de un parque eólico en el mar Báltico y que proporcionará energía renovable para 400.000 hogares
alemanes. El proyecto Arkona, que estará completamente operativo en 2019, estará controlado al 50% por ambas compañías y contará con 60 turbinas de 6 megavatios (MW) cada una, que serán controladas y operadas por E.ON. De esta forma, el acuerdo provocará que Statoil entre en el mercado eólico alemán de alta mar, país donde es el segundo mayor suministrador de gas natural, mientras que permitirá a E.ON convertirse en la primera compañía en operar parques eólicos tanto en el mar Báltico, como en
el mar del Norte alemán.

Además, en octubre de 2017 el desarrollador noruego de proyectos solares Scatec Solar ASA anunciaba que Statoil había adquirido una participación del 40% en un proyecto fotovoltaico de 162 MW que posee en Brasil. Scatec estima que Statoil inyectará un fondo de 25 millones de dólares para su realización. Y que espera finalizar la instalación de la planta a finales de 2018.

Se trata del primer gran proyecto de la petrolera noruega en América Latina.  “Shell lleva tiempo preparándose para los retos de un futuro con menos carbono, mediante la planificación
de escenarios”, apunta la petrolera neerlandesa. “Nuestros escenarios ‘New Lens’ describen futuros plausibles, en los que fuentes de energías renovables como la solar y la eólica podrían suministrar
hasta un 40 % de energía al planeta para 2060, y el sol se convertiría en la principal fuente de energía del mundo una década después”, señala. En los últimos meses Shell se ha gastado más de 400 millones de dólares en una serie de adquisiciones que van desde energía solar hasta puntos de recarga para coches eléctricos. Pretende así acelerar el impulso por expandirse más allá de su tradicional negocio de hidrocarburos y reducir de paso su huella de carbono.

Las grandes petroleras y las empresas

La francesa Total está presente en el negocio de la energía solar desde 2011 a raíz de su participación mayoritaria en SunPower y en 2017 creó su propia filial para el despliegue de centrales solares en los países desarrollados y sistemas fotovoltaicos en instalaciones de empresas. El gigante petrolero anunció el pasado septiembre que iba a invertir 237,5 millones de euros en una ampliación de capital de la compañía de renovables EREN RE, en la que tendrá inicialmente un 23%, con la posibilidad de tomar el control en cinco años. La petrolera indicó en un comunicado que la operación le permitirá, en particular, entrar en la producción de electricidad de origen eólico, que es uno de los principales activos de EREN Renewable Energy, que cuenta también de capacidades solares e hidráulicas. EREN RE, que ha pasado a llamarse Total Eren, dispone de una capacidad bruta instalada, en explotación o en construcción, de 650 megavatios en el mundo y su objetivo es aumentar esa cifra hasta 3 gigavatios en un horizonte de cinco años. La transición energética también ha llegado a Arabia Saudí, uno de los gigantes de la producción de petróleo. El ministro de energía del país anunció en abril que se ha fijado como objetivo para 2023 que el 10% de la electricidad del país se obtenga a través de energías renovables, y para ello, aseguró que busca completar 30 proyectos solares y eólicos con un total de 9,5 gigavatios de potencia renovable. De hecho, la mayor productora de petróleo del mundo, Saudi Aramco, quiere invertir al menos 5.000 millones de dólares en energías renovables en los próximos años, según desveló Bloomberg en 2017. La compañía planea así poner en marcha un programa de diversificación de negocio y reducir el porcentaje de petróleo de la empresa.

Aunque la inversión planeada por las grandes petroleras es, por el momento, mínima si se tiene en cuenta el peso que en su volumen de negocio sigue teniendo el oro negro, la nueva tendencia marca una senda de no retorno, en la que las energías renovables van ganando terreno, y que se suma al compromiso por el medioambiente suscrito por la comunidad internacional

 

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