Diseñado y construido por la empresa Posiva Oy, Onkalo es el primer depósito geológico profundo del mundo ideado para el aislamiento permanente de combustible radiactivo gastado
En la isla de Olkiluoto, frente a la costa occidental de Finlandia, el proyecto Onkalo (‘cueva’ o ‘cavidad’ en finlandés) representa la respuesta de la ingeniería moderna al mayor dilema ético y técnico de la era atómica: qué hacer con los residuos nucleares de alta actividad a largo plazo. Diseñado y construido por la empresa Posiva Oy, Onkalo es el primer depósito geológico profundo del mundo ideado para el aislamiento permanente de combustible radiactivo gastado.
La respuesta finlandesa a qué hacer con esos residuos radiactivos no consiste en esperar una tecnología futura ni en exportar el problema. Consiste en aislar el combustible gastado en formaciones de roca cristalina, mediante un sistema de barreras múltiples diseñado para retrasar al máximo cualquier liberación de ese material al entorno.
El combustible nuclear gastado no es “basura” en el sentido cotidiano. Es material de alta actividad que, tras salir del reactor, continúa generando calor y radiación durante siglos. Por eso, antes de su disposición definitiva debe pasar por un almacenamiento temporal. Normalmente en piscinas de agua y luego en contenedores secos, mientras se reduce parte de su calor residual.

Finlandia decidió asumir esa responsabilidad dentro de su propio territorio. Posiva, la empresa creada por las eléctricas Fortum, con un 40% de las acciones y, Teollisuuden Voima Oyj (TVO) con el 60%, es la encargada de gestionar los residuos radiactivos de las centrales finlandesas y de desarrollar el repositorio de Olkiluoto.
Finlandia decide qué hacer con los residuos nucleares
El proyecto inició la fase de caracterización geológica a inicios de los 2000 y obtuvo la licencia de construcción en 2015. En agosto de 2024, Posiva comenzó las pruebas operativas completas (Trial Run of Final Disposal) simulando todo el proceso con contenedores sin material radiactivo real. La licencia formal de operación otorgada por el gobierno finlandés consolida la fase final previa a la disposición real.
La licencia obtenida en octubre de 2026 marca un punto de inflexión, pero no equivale a una autorización inmediata para comenzar a depositar combustible. Posiva deberá completar los preparativos de puesta en marcha bajo supervisión de STUK, la autoridad finlandesa de seguridad radiológica y nuclear.international.

Onkalo se encuentra en Eurajoki, en el suroeste del país. La instalación está excavada en una formación rocosa de unos 1.900 millones de años de antigüedad. Allí, permanecerá el combustible nuclear gastado del entorno para evitar que su radiactividad suponga un peligro.
El depósito tendrá la capacidad para almacenar unas 6.500 toneladas de uranio procedentes de los cinco reactores nucleares finlandeses. Para ello, el combustible se introducirá en recipientes resistentes a la corrosión, que se bajarán a pozos perforados en túneles subterráneos.
Los huecos se rellenarán con arcilla bentonita y se sellarán con tapones de hormigón armado para impedir que los materiales radiactivos se dispersen. Este combustible seguirá siendo altamente radiactivo durante decenas de miles de años. Según las estimaciones de Posiva, tras 100.000 años, su nivel de radiactividad será comparable al del mineral de uranio del que procede.
Protegidos bajo tierra
La elección del emplazamiento no fue casual. Olkiluoto se asienta sobre roca cristalina estable, un tipo de formación geológica que Posiva estudió durante años antes de convertir el proyecto de investigación en un repositorio definitivo. Onkalo comenzó como instalación subterránea de investigación, destinada a verificar la idoneidad del lecho rocoso para el confinamiento a largo plazo.
La profundidad también importa. El repositorio se encuentra entre 400 y 430 metros bajo tierra, mientras que la infraestructura completa alcanza unos 450 metros. Esa distancia busca separar los residuos nucleares de la biosfera superficial de Finlancia y reducir la influencia de procesos humanos o climáticos sobre el sistema.

El diseño, sin embargo, no pretende garantizar que nada pueda ocurrir jamás. Pretende demostrar, mediante modelos y evaluaciones, que cualquier posible liberación de radiación ocurriría tan lentamente y en concentraciones tan bajas que no representaría un riesgo significativo para las personas o el medio ambiente. Esa distinción entre certeza absoluta y seguridad demostrable es central en el debate sobre los repositorios nucleares, sostiene la empresa,
La Agencia Internacional de Energía Atómica (OIEA) ha seguido de cerca el proyecto. En diciembre de 2022, una misión del servicio ARTEMIS —un mecanismo de revisión por pares para la gestión de residuos radiactivos y combustible gastado— visitó Onkalo. Y concluyó que Finlandia estaba comprometida con una gestión segura, protegida y sostenible de sus residuos nucleares.
El equipo internacional destacó que Onkalo sería la primera instalación de este tipo en operar en el mundo y reconoció los preparativos para llevarla a la fase plenamente operativa. También subrayó que la estrategia finlandesa incluía la protección del ambiente y de las generaciones futuras, en línea con los objetivos climáticos del país.
Regulaciones y seguimientos en muchos años
Los expertos recomendaron al Gobierno finlandés simplificar y hacer más coherente su marco legal. Evaluar periódicamente si su política de residuos seguía siendo adecuada frente a las demandas futuras y reforzar los recursos. Así como la disponibilidad de competencias técnicas para gobernar el programa nacional.

Ese matiz es periodísticamente relevante: el respaldo internacional no elimina la complejidad del proyecto. Confirma que Finlandia ha construido un marco institucional serio, pero también recuerda que un sistema de esta envergadura exige vigilancia permanente, capacidad regulatoria y adaptación a lo largo de décadas para tener a buen resguardo los residuos nucleares.
El proyecto también plantea un desafío de comunicación pública. Durante años, los repositorios nucleares han encontrado resistencia social en muchos países, no solo por el riesgo técnico, sino por la dificultad de pedir a una comunidad que acepte un compromiso que supera ampliamente la vida de cualquier institución humana. Finlandia ha logrado avanzar donde otros países se han estancado, pero el caso de Onkalo no borra esa tensión: la transforma en una prueba de gobernanza a muy largo plazo.
La pregunta que Onkalo deja abierta no es si la técnica funciona en el laboratorio o en los modelos. Es si una sociedad puede diseñar, regular, financiar y vigilar durante milenios una infraestructura cuya falla, de producirse, sería lenta, invisible y difícil de revertir. Finlandia ha dado el primer paso institucional. El resto de la historia se medirá en siglos.
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