El nuevo enfoque técnico prioriza la generación térmica y eléctrica in situ, permitiendo que la energía limpia se incorpore a las líneas de producción
La industria en España ha iniciado un viraje hacia la autonomía energética y la descarbonización directa de sus centros de producción al sustituir progresivamente los combustibles fósiles en sus operaciones, mediante la integración masiva de fuentes limpias en los mismos puntos de consumo. Decenas de fábricas distribuidas por el territorio comienzan a desplazar el uso de los derivados del petróleo por renovables.
Esta transformación no busca reemplazar la gran red eléctrica exterior, sino intervenir sobre el corazón mismo de las instalaciones fabriles. Tradicionalmente, sectores intensivos en calor y energía —como el agroalimentario o el papelero— dependían fuertemente del gas natural o derivados del petróleo para sus calderas, secaderos y procesos de cogeneración. El nuevo enfoque técnico prioriza la generación térmica y eléctrica in situ, permitiendo que la energía limpia se incorpore a las líneas de producción, resguardando a las empresas ante la volatilidad de los precios internacionales de los hidrocarburos.
Esta hoja de ruta ha cobrado tracción a través del programa estatal RENOCOGEN. Impulsada por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico por intermediación del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), esta estrategia canaliza 55,87 millones de euros en fondos europeos NextGenerationEU (provenientes del Plan de Recuperación y del bloque REPowerEU) para reconvertir de forma acelerada la infraestructura industrial.

El balance acumulado del programa abarca 25 proyectos industriales seleccionados en dos convocatorias, que en conjunto sumarán casi 145 megavatios (MW) de nueva potencia renovable instalada.
Industrias en España dejan los fósiles
La primera convocatoria, resuelta en diciembre de 2023, concedió alrededor de 35,5 millones de euros para 14 proyectos, con una potencia prevista de 106,1 MW, repartidos entre 42,4 MW eléctricos y 63,7 MW térmicos.
La energía solar fotovoltaica fue la tecnología predominante, seguida de la biomasa. El proyecto con mayor subvención correspondió a la central de producción térmica con biomasa de Aceites Sierra Sur, en Pinos Puente (Granada), que recibió cerca de 6 millones de euros. Cataluña y Castilla y León concentraron el mayor número de iniciativas aprobadas, con tres proyectos cada una.
La segunda convocatoria, cuya resolución definitiva se aprobó en junio de 2026, asignó 20,33 millones de euros a 11 proyectos, con una inversión subvencionable de 31,1 millones y una potencia conjunta de 38,6 MW, de los que 21,3 MW corresponden a generación eléctrica y 17,3 MW a térmica. Según el ministerio, estas actuaciones supondrán un ahorro superior a 34 millones de euros para el sistema eléctrico, equivalente a 1,7 euros por cada euro de ayuda concedida.

La fotovoltaica vuelve a ser la tecnología predominante. Presente en ocho de los once proyectos seleccionados, varios de ellos con sistemas de almacenamiento mediante baterías. Otros dos proyectos recurren a la biomasa y uno combina energía fotovoltaica e hidrotermia.
El objetivo de este plan es modernizar instalaciones industriales sin detener su actividad, reduciendo simultáneamente emisiones, costes energéticos y exposición a combustibles importados.
La manufactura española aporta cerca del 15% al 20% del producto interior bruto. Los sectores más fuertes son el agroalimentario, automotriz, químico, energético y la fabricación de bienes de equipo.
Aunque avanza rápido con las renovables y reduce el uso de carbón y gas en su sistema eléctrico, los fósiles siguen dominando sectores de la industria en España dependenientes del calor y el transporte pesado.
Sectores de alto consumo térmico y eléctrico
Las plantas beneficiadas pertenecen principalmente a sectores con una elevada demanda térmica y eléctrica para sus procesos productivos. De acuerdo con las resoluciones del programa oficial, las industrias en España que lideran esta reconversión de fósiles a energías limpias son, hasta el momento, veinticinco. Enfocadas en:
- Sector papelero. Uno de los principales receptores por sus altos requerimientos de calor y vapor.
- Sector agroalimentario y aceitero. Procesamiento de alimentos y extractoras.
- Industria de pieles y curtidos.
- Industria ceramica y ladrillera.
- Plantas de tratamiento de residuos y valorización.
- Minería y explotaciones ganaderas.
Las mayores asignaciones presupuestarias se han destinado a la biomasa térmica, imprescindible para los procesos industriales intensivos en calor. Por su parte, la fotovoltaica abandera el volumen de las iniciativas instaladas con apoyo de almacenamiento.

Geográficamente, la distribución de los fondos ubica a la Comunidad Foral de Navarra a la cabeza de las asignaciones. Con un claro protagonismo de las industrias papelera y agroalimentaria, dos de los sectores con mayores demandas térmicas del tejido industrial.
Cataluña y Castilla y León concentran también un número significativo de instalaciones seleccionadas. Y el resto de los proyectos se reparte entre Andalucía, Aragón, Cantabria, Castilla-La Mancha, Comunidad Valenciana, Extremadura y el País Vasco.
Entre los proyectos más destacados figuran Piroliva-CH4, en Valdetorres, Badajoz, con más de 5,4 millones de euros. Y la planta de biomasa de Papelera del Oria, en Zizurkil, Gipuzkoa, con 10.000 kW térmicos.
Precedente para la gran industria en Europa
Más allá de la reducción de huella de carbono y el avance hacia los objetivos de neutralidad climática, la medida ofrece un rendimiento económico directo para las cuentas públicas. Los cálculos oficiales del ministerio estiman que solo la segunda resolución del programa generará un ahorro superior a 34 millones de euros para el sistema eléctrico global. Lo que equivale a un retorno de 1,7 euros de beneficio por cada euro de subvención pública invertido.

Todas las actuaciones financiadas bajo el marco de RENOCOGEN cuentan con un horizonte temporal definido. Deberán estar totalmente operativas antes del 30 de junio de 2029. Esta ventana de ejecución consolidará un precedente para la gran industria europea, demostrando que la transición energética no equivale a detener las líneas de ensamblaje, sino a renovar la matriz energética desde las entrañas de las propias fábricas.
Los proyectos buscan reducir la dependencia de combustibles fósiles importados. Avanzar en la descarbonización de la industria y contribuir a los objetivos establecidos en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) 2030.
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