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La respuesta está en el viento

Por MANUEL DOMÍNGUEZ MORENO

¿Donde no entran dos por qué caben tres o siete? Responder con claridad y solvencia a esta pregunta significa hallar el resultado del primer debate electoral ofrecido por Canal Sur. El ente público andaluz, cuyo consejo de administración tiene mayoría de representantes socialistas, vetó el pasado febrero un cara a cara entre los dos principales candidatos a presidir la Junta de Andalucía, aunque en los comicios celebrados en 2008 y 2012 sí le dio el visto bueno a este enfrentamiento directo a dos bandas. De hecho, la audiencia respaldó esta decisión en 2008 cuando el debate entre el socialista Manuel Chaves y el popular Javier Arenas alcanzó una cuota de pantalla del 21,5%, un porcentaje elevadísimo para los niveles que maneja la televisión andaluza. En 2012, en cambio y pese a que Canal Sur lo volvió a proponer, no hubo cara a cara por la decisión de Arenas de plantar a Canal Sur y dejar su silla vacía. Se excusó en que este medio no garantizaba la neutralidad. Aún hoy se arrepiente de aquella decisión fatal.

De entrada, el debate del 9 de marzo de 2015 a tres bandas (PP, PSOE e IU) entre Juan Manuel Moreno, Susana Díaz y Antonio Maíllo no llegó, ni de lejos, a rozar la audiencia del cara a cara de Chaves y Arenas de 2008 y discurrió por los vericuetos marcados por las normas de la telegenia y la pose impostada.

El formato tremendamente encorsetado planeado por la televisión andaluza, que incluso ha recurrido a árbitros de baloncesto para controlar cronométricamente los tiempos de cada contrincante, provocó en el espectador andaluz, como no podía ser menos, aburrimiento y falta de empatía con unos candidatos demasiado pendientes de no salirse del tiesto, de no cometer fallos en sus poses que les pusieran en un aprieto de cara a los electores.

Los asesores saben mejor que nadie que una simple anécdota puede marcar y decantar el resultado final de este tipo de debates televisivos. Y por supuesto que la imagen vale más que mil promesas vacías que viran 180 grados inmediatamente después de la cita con las urnas. Por eso, el candidato popular vistió impecable traje oscuro, camisa clara y corbata verde; el líder de IU debatió con traje negro, camisa blanca y sin corbata, y Susana Díaz apareció con chaqueta rosa fucsia y por primera vez se la vio en público con blusa blanca de corte premamá. Guiños simples que calan en el espectador quizás más que unos mensajes machacones y ya archiconocidos por cada una de las partes. Propuestas concretas, pocas, muy pocas. Y todas ya requetesabidas.

Así, mientras el candidato popular prometía “un cambio tranquilo” si llega a gobernar la comunidad más extensa y poblada del país, la socialista ofrecía “estabilidad” y volvía a recurrir a la simbiosis de creación de empleo más “blindaje” público de los derechos y prestaciones sociales. El candidato de IU –que como era previsible apareció en muchos momentos del debate como convidado de piedra, aunque fue el que más cercanía mostró con los ciudadanos en su mensaje global– por su parte volvió a incidir en la necesidad de crear una banca pública que facilite el crédito a las pequeñas y medianas empresas, verdadero motor de esta tierra. Maíllo recalcó la necesidad de que el empleo que se cree sea de calidad, se opuso frontalmente al Tratado de Libre Comercio que, según IU, “va a hundir el campo andaluz”, y propuso un plan de empleo que facilite el retorno de los miles y miles de andaluces, jóvenes y muy formados en su mayoría, que han hecho las maletas al extranjero.

Y la promesa que no podía faltar: la rebaja de impuestos. También aquí se produjo ese “y tú más” que el candidato de IU le reprochaba continuamente a sus contrincantes. Mientras Moreno ofertó una bajada de 2 puntos en el IRPF, suprimir el impuesto de sucesiones y la creación de 500.000 puestos de trabajo, la socialista no se quedó atrás y apuntó una rebaja de entre 2 y 3,5 puntos el IRPF, así como la promesa inconcreta de reformar el impuesto de sucesiones.

Corrupción

Pero fue en el segundo de los tres bloques temáticos propuestos por el ente andaluz el que acaparó, como estaba previsto, todos los focos y el cruce de acusaciones, leve y sin demasiado énfasis, que podía dejar un formato tan acartonado e hierático. Era el momento de hablar de transparencia y, por tanto, de corrupción. Ahí no ahorraron reproches los candidatos de PP y PSOE, con la consiguiente escenificación de fotos entre imputados, recortes de prensa y el consabido “y tú más”. Contundente fue el candidato de IU cuando les espetó a ambos contrincantes: “Estáis hasta arriba de corrupción los dos y estáis desviando la atención”. Y añadió un reclamo que, evidentemente, cayó en saco roto por su oponentes: “Tienen que pedir perdón por los casos de corrupción”. Silencio de Moreno, silencio de Díaz.

En el momento más tenso del debate a tres, la candidata socialista dijo con seriedad algo que ya ha repetido en otras ocasiones: le “repugna” la corrupción. Para evitarla de ahora en adelante propone la creación de una “oficina antifraude”, un portal de la transparencia o la fiscalización de las cuentas de los partidos por la Cámara de Cuentas. Pasó al ataque al acusar a Moreno de ser “una autoridad en corrupción” porque la ha vivido “de cerca” con Luis Bárcenas y “ha tenido el posgrado con Ana Mato”.

El candidato del PP no se quedó corto en su réplica y le enseño una foto en la que aparece ella flanqueada por los expresidentes andaluces Manuel Chaves y José Antonio Griñán, imputados en el Supremo por el monumental caso de los ERE, a los que aún no ha reclamado que dimitan y devuelvan sus actas de diputados pese a su delicada situación procesal. Moreno recordó a Díaz que, en 33 años de gobiernos socialistas, “no se han abierto puertas y ventanas”, que consecuentemente no ha producido la transparencia necesaria al tiempo que acusó directamente a Díaz de haber “tapado” la corrupción. “Ha tenido la oportunidad de combatir la corrupción pero ha preferido taparla porque lleva una mochila muy pesada” y “no se puede deshacer de Chaves y Griñán”, añadió Moreno.

En el apartado de la corrupción, el que más ha podido alardear de llegar limpio de ella a estas elecciones ha sido el candidato de IU, que “desde el primer minuto hasta el último” de los tres años en los que IU ha estado en el gobierno de coalición con el PSOE “ha habido corrupción cero”. Maíllo ha apostado por “abrir y reabrir” todos los expedientes que hagan falta, así como establecer un código ético para los cargos públicos y una comisión permanente en el Parlamento de Andalucía que investigue todos los casos de corrupción. Al PP, el candidato de IU le espetó que lleva “un rally de imputados” a las elecciones municipales y a Díaz de mover “la ruedecita de la línea roja” con la imputación de Chaves y Griñán y de haber “desalojado” a IU del Gobierno regional porque “temblaba” ante la posibilidad de llevar a cabo una comisión de investigación.

Hasta la llegada de este debate a tres bandas, según el CIS, el 41% de los andaluces electores aún no había decidido su voto. Será difícil determinar si este encuentro a tres bandas ha servido para reducir un porcentaje tan elevado o incluso todo lo contrario, para elevarlo. Porque otra realidad que este encuentro televisivo entre PP, PSOE e IU ha evidenciado es que no se ha atendido lo que todas las encuestas claman: que otras corrientes de opinión piden paso de forma atronadora para ocupar sus escaños en el Hospital de las Cinco Llagas de Sevilla, sede del Parlamento andaluz.

Podemos y Ciudadanos, y en menor medida Partido Andalucista y UPyD, tienen opciones claras de ser determinantes en el próximo gobierno autonómico, y de momento la maquinaria mediática electoral sigue apostando por silenciarlos y arrinconarlos.

Si para algo ha servido ya esta cita electoral del 22-M en Andalucía es para poner sobre la mesa un evidente cambio generacional en una comunidad regida desde 1982 por el PSOE. Salvo el candidato de Ciudadanos, Juan Marín, el resto de contrincantes con más posibilidades de obtener escaño en la Cámara andaluza –Susana Díaz (PSOE), Juan Manuel Moreno (PP), Antonio Maíllo (IU) y Teresa Rodríguez (Podemos)– no sobrepasa los 50 años de edad, aunque ninguno de ellos surge de la nada en el mundo de la política.

Y la pregunta final: ¿quién ganó el debate? Quizá la respuesta, como ya dijo Dylan, “está flotando en el viento”. Sin duda está en la calle. Probablemente está fuera de ese encorsetado plató de figurantes. Y con total seguridad estará dentro del Hospital de las Cinco Llagas (sede del Parlamento de Andalucía) desde el lunes 23 de marzo.

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