Un nuevo informe de Pacto Mundial de la ONU España revela que más de la mitad de las compañías atribuyen a la sostenibilidad un impacto positivo en sus resultados económicos
La sostenibilidad ha dejado de ser una simple declaración de principios éticos o una campaña publicitaria de responsabilidad social de las empresas en España, para transformarse en un pilar estructural de negocio. Su vínculo con la competitividad y la generación de valor está ya consolidado para el 86% de las compañías, mientras el 53% asegura que tiene un impacto positivo en sus resultados económicos.
La quinta edición de la Consulta Empresarial sobre Desarrollo Sostenible (“ODS, Año 11. Una década de sostenibilidad empresarial y la recta final hacia 2030” ), elaborada por el Pacto Mundial de la ONU España, resalta que el valor estratégico de la transformación verde en las corporaciones es incuestionable. El informe deriva de una encuesta a 1.955 empresas de todos los tamaños y sectores del país.
El sondeo refleja que este vínculo con el negocio empieza a extenderse a otras variables relevantes para la gestión empresarial. Un 56% de las organizaciones considera que la sostenibilidad es relevante para acceder a financiación o conseguir mejores condiciones, y otro 53% afirma que la adopción de prácticas sostenibles ha contribuido a reforzar su resiliencia ante el actual contexto de incertidumbre.

“Estamos entrando en una etapa distinta de madurez. El reto de aquí ya no es sumar compromisos, sino conseguir que la sostenibilidad impregne todos los mecanismos que determinan cómo se crea valor en una empresa. Desde la estrategia y la asignación de recursos hasta los incentivos, la gestión de riesgos o la cadena de valor”, sostiene Cristina Sánchez, directora ejecutiva del Pacto Mundial de la ONU España.
Concienciación de las empresa y la sostenibilidad
Los resultados observan una transformación que se extiende más allá de políticas o iniciativas puntuales. Siete de cada diez empresas españolas afirman contar con planes o estrategias específicas en sostenibilidad, mientras que el 79% dispone ya de departamentos o profesionales dedicados a esta materia. Una cifra que evidencia una evolución acelerada respecto al 57% registrada apenas cuatro años atrás.
Este giro responde a una lógica de mercado cada vez más pragmática: el 56% de los directivos reconoce que la integración de criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) facilita el acceso al financiamiento y mejora sus condiciones crediticias. Al tiempo que más de la mitad sostiene que la resiliencia corporativa frente a shocks macroeconómicos, climáticos o geopolíticos se fortalece con especialmente al adoptar modelos responsables.

La evolución de las prioridades empresariales durante la última década refleja también cómo ha cambiado la forma de entender la sostenibilidad. Frente a 2018, precisa el informe, la igualdad de género mantiene su posición como principal área de actuación de las empresas españolas. Aumentando su presencia del 57% en 2018 al 66% en 2026. Sin embargo, la salud y bienestar, que hace una década ocupaba la segunda posición entre los ODS más trabajados con un 51% de las empresas, desciende hasta el 41% en 2026.
Siguiendo el ranking de prioridades, los datos muestran una evolución hacia una gestión más operativa de la sostenibilidad y cada vez más vinculada a la competitividad de las empresas. Así, la energía (ODS 7) se consolida como la segunda área de actuación más trabajada, alcanzando al 57% de las compañías. Entretanto, la producción y el consumo responsables (ODS 12) se sitúan en tercer lugar con un 51%.
Ventajas palpables en los negocios
La creciente integración de la sostenibilidad todavía no se traduce con la misma intensidad en objetivos concretos, refiere el informe elaborado por el Pacto Mundial de la ONU España. Aunque el 59% de las empresas mide y evalúa ya su contribución a la sostenibilidad y los ODS, solo el 18% establece compromisos públicos, medibles y con un plazo definido. Es un porcentaje que apenas ha variado en los últimos cuatro años.
La brecha aparece también en los mecanismos de gobierno e incentivos. Solo el 21% de las compañías con consejo de administración dispone de una comisión específica de sostenibilidad y apenas el 9% vincula la retribución variable al desempeño en este ámbito.

El informe sitúa precisamente aquí uno de los siguientes estadios de madurez: profundizar en una integración que ya ha alcanzado la estrategia empresarial. Pero que todavía tiene recorrido para trasladarse de forma sistemática a la supervisión, la asignación de recursos, los incentivos y la medición de resultados.
Además registra, entre las áreas con más recorrido para la transformación, la gestión de la cadena de suministro. Y detecta que el 63% de las empresas aplican criterios ESG, pero solo una décima parte del total capacita a sus proveedores en este ámbito.
La publicación identifica ocho prioridades de actuación para acelerar la contribución empresarial al desarrollo sostenible durante la recta final hacia 2030, con especial foco en la gobernanza, la transición climática, las cadenas de suministro, los derechos humanos y el aprovechamiento de tecnologías como la inteligencia artificial.

Cristina Sánchez anticipa que “la próxima frontera es demostrar ese impacto con objetivos y métricas capaces de orientar las decisiones y elevar la rendición de cuentas. Solo así podremos convertir los avances de esta década en una transformación estructural del negocio”.
Experiencias y resultados de las grandes compañías
A pesar de los retos por superar, al día de hoy, son muchas las compañías españolas grandes y consolidadas que abordan el papel de la sostenibilidad en la competitividad y el posicionamiento del tejido empresarial del país, sus ventajas cuantitativas y cualitativas.
Recientemente acudieron a la UN Global Compact Week y la semana de alto nivel de Naciones Unidas para mostrar sus avances. Una nota del Pacto Mundial de la ONU España recoge los Business Cases de Iberdrola, Iberostar, Roca Group, Sacyr, Telefónica, CaixaBank, FCC, ACCIONA y BBVA, con iniciativas vinculadas a la transición energética, la protección de la naturaleza, la descarbonización industrial, la acción climática, la igualdad de género. la integridad empresarial, los datos ESG y la sostenibilidad de la cadena de suministro.
En este sentido, destacan resultados como los del caso de Telefónica, que ha mejorado un 90% su eficiencia energética por unidad de tráfico desde 2015. Pese a haber multiplicado por 9,3 el tráfico de su red, generando un ahorro superior a los 540 millones de euros. O el de Sacyr, que ha dado respuesta a más de 125 requisitos ambientales europeos mediante el fortalecimiento de sus capacidades de evaluación ambiental. Y ha aumentado su elegibilidad para licitaciones públicas que exigen información detallada sobre impactos y dependencias relacionados con la naturaleza.
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