Maternidad en solitario

Por Alejandra Rodríguez

Cada vez es más habitual tener conocimiento de mujeres que han optado por emprender la aventura de la maternidad en solitario. El hecho de que muchas de ellas sean famosas ha llevado a algunos a catalogar este fenómeno de moda, aunque lo cierto es que las cifras reflejan una tendencia en auge que ha venido para quedarse.

De hecho, según las estadísticas que maneja Anacer (Asociación Nacional de Clínicas de Reproducción Asistida), entre el 15% y el 20% de las féminas que acuden a un centro de este tipo lo hace en solitario. Teniendo en cuenta que, según esta misma asociación, en nuestro país se llevan a cabo alrededor de 5.000 ciclos de reproducción asistida mensualmente, es fácil calcular que entre 750 y 1.000 de ellos son acometidos por mujeres que desean ser madres solas.

Las trabas existentes para la adopción, los cambios socioeconómicos y el hecho de que España es líder incontestable en Medicina Reproductiva (además de contar con un marco legal menos restrictivo que otros países de nuestro entorno) han contribuido decisivamente a afianzar la opción de ser madre en solitario como una alternativa más para formar una familia.

“El modelo tradicional ha desaparecido y han surgido nuevas estructuras familiares que han demostrado ser completamente válidas. Por otro lado, la sociedad en general y la mujer en particular ha cambiado de mentalidad, ha ganado independencia y se ha dado cuenta de que sus objetivos vitales (maternidad, pareja, trabajo, independencia económica…) no tienen porque ir ligados; ni siquiera coincidir en el tiempo. En definitiva, han asumido la realidad de que no necesita a otra persona para ser madre, de forma que si su prioridad es tener un hijo va a por ello sola”, explica la doctora Rocío Núñez, subdirectora de la clínica Tambre (Madrid).

El reloj biológico sigue contando

Con todo, no son los condicionantes sociales los que más preocupan a los especialistas y refieren las madres solas que ya han pasado por el camino de la reproducción asistida para tener a sus hijos. Como en tantas ocasiones, la piedra de toque en este aspecto es la desinformación y la falta de conocimiento, no ya con respecto a los diferentes métodos que la Medicina Reproductiva ofrece a una mujer que desea un embarazo, sino a los aspectos básicos concernientes a su propia fertilidad.

“Los profesionales nos encontramos cada día con mujeres mayores de 40 años que creen que los avances que se han producido en este campo les permiten prescindir de una pareja masculina y que con esto ya está todo solucionado. Piensan que pueden ser madres de manera rápida y sencilla; y no es así. La fertilidad, independientemente de posición social, trabajo, pareja… tiene fecha de caducidad y es un factor que hay que tener en cuenta a la hora de manejar los tiempos y escoger los tratamientos “, resume el doctor Pascual Sánchez, director médico de las clínicas Ginemed.

Rosa Maestro
Rosa Maestro

Rosa Maestro, madre sola por elección y fundadora de Masola.org (web de apoyo a las mujeres que optan por la maternidad individual) coincide con Sánchez y sus colegas. “Falta educación sobre nuestra propia biología. En la consulta del ginecólogo nadie te cuenta que tu vida fértil se rige por unos plazos, que a partir de los 35 años cae drásticamente y de manera progresiva; que pasados los 38 la cosa es verdaderamente complicada y que más allá de los 42, o recurres a la donación de ovocitos o no hay prácticamente ninguna esperanza de lograr una gestación con óvulos propios”.

Darse cuenta de esta realidad suele suponer un duro golpe para la mayoría de las mujeres que quieren optar a ser madres solas. “Ellas acuden a la consulta ilusionadas y con la fantasía de que con una pequeña ayuda quedarán embarazadas a la primera. Cuando descubren que sus óvulos no sirven o que su reserva ovárica está agotada se llevan una sorpresa muy desagradable. En este sentido difieren notablemente de las parejas heterosexuales que vienen con un diagnóstico de infertilidad o después de varios intentos fallidos”, apunta Vicenta Giménez, psicóloga de la Unidad de Reproducción Asistida del Hospital Quirón Donostia.

Rocío Núñez coincide en esta apreciación. “Negarse a aceptar que la biología es la que es suele llevar a estas pacientes a empecinarse en procesos con muy pocas posibilidades de éxito; además es muy difícil sacarlas de su convencimiento de que el deseo de ser madres y el hecho de encontrarse bien de salud las llevará a lograr un embarazo”.

Estas especialistas destacan, no obstante, que una vez superado ese trago las mujeres solas encaran el camino de la reproducción asistida con un ánimo y una fortaleza envidiables; lo que tampoco quiere decir que no necesiten apoyo emocional y una planificación previa bastante exhaustiva con respecto a aspectos sociales, económicos y personales en los que apenas se repara en el momento de buscar un embarazo.

Eva María Bernal
Eva María Bernal

En este sentido, Eva María Bernal, fundadora de Creandounafamilia.net, un proyecto encaminado a ofrecer acompañamiento en reproducción asistida (a todo tipo de pacientes; no únicamente a madres solas) aboga por la previsión y, al mismo tiempo, por desprenderse de la etiqueta de superwoman.

“No podemos dejarnos llevar solamente por la idea romántica de tener un bebé porque estamos solas o porque es lo que nos falta para realizarnos como mujeres. Hay que sopesar la estabilidad laboral, la organización cuando el niño nazca y vaya creciendo, tener un seguro de vida por si te ocurre algo, disponer de un colchón económico para costear los tratamientos [que a veces no resultan a la primera] y para mantener a ese niño… en cierto que luego la vida te puede dar un vuelco inesperado, pero tener un hijo ha de ser algo muy meditado, especialmente si la principal responsable del desarrollo y educación de esos niños eres tú. Como cualquier familia tendrás que pedir ayuda y necesitarás apoyo de tu entorno, pero tienes que ser previsora”, sintetiza.

Diferentes caminos para lograr un sueño

A tenor de los argumentos expuestos, queda claro que la andadura es compleja y llena de dilemas. Por un lado, la edad idónea para ser madre desde el punto de vista biológico (entre los 20 y los 30 años aproximadamente) por regla general no coincide con la edad a la que la madre está preparada profesional, personal y familiarmente. Por otro, mientras se planifican todos los detalles y se alcanza la estabilidad el tiempo corre y es posible que cuando la mujer se decida a ir a consulta sus óvulos ya no sean válidos ni por cantidad ni por calidad…

¿Tienen estas mujeres opciones de convertirse en madres? “Naturalmente que sí” explica la doctora Miren Mandiola, directora de laboratorio de la Unidad de Reproducción Asistida del Hospital Quirón Donostia.

Esta especialista defiende la calidad de la Medicina Reproductiva que se practica en España, referente a nivel internacional y desgrana las virtudes de lo que se hace dentro de nuestras fronteras. “Tenemos más técnicas y se han mejorado las existentes, se ha reducido la tasa de embarazos y partos múltiples y disponemos de tecnología puntera que nos ayuda a multiplicar el éxito a la hora de conseguir un embarazo”, apunta la experta, en referencia a avances como el Embryoscope (una mezcla incubadora y microscopio para cultivar embriones, vigilar su evolución y seleccionar los mejores para su posterior implantación), la vitrificación (un salto de calidad con respecto a la congelación de óvulos que permite conservarlos con mayor calidad y evita su deterioro al manipularlos) o técnicas de selección embrionaria más certeros.

“A pesar de todos los avances, los especialistas tenemos la obligación de ser honestos con nuestros pacientes y dejarles claro que no hacemos milagros”, apostilla el doctor Koldo Carbonero, Jefe de la Unidad de Ginecología, Obstetricia y Ginecología en el mismo centro vasco que Mandiola.

Por este motivo, el mensaje que transmiten todos los especialistas gira en torno a la idea de que en cuanto una mujer tenga claro que la maternidad es una prioridad en su vida, acuda a una consulta especializada para valorar su salud reproductiva, recabar la información necesaria para organizarse y actuar según las alternativas de las que disponga, ya que este paso previo repercute de manera positiva en el proceso posterior, tanto a nivel emocional, como clínico y económico.

De esta manera, y por regla general, a una mujer joven y sin problemas de fertilidad que quiera ser madre a corto plazo puede bastarle con la inseminación artificial con semen de donante anónimo; un procedimiento sencillo y mucho menos costoso que el resto de procedimientos.

Si tiene claro su deseo de tener hijos, pero quiere retrasarlo, puede valerse de la vitrificación de óvulos para conservarlos hasta que decida buscar la gestación. Es la opción idónea para separar la edad fértil de la personal. El óvulo se mantiene joven y la tasa de éxito es alta, ya que la edad del útero materno no influye en la implantación del embrión o en el desarrollo del embarazo. Eso sí “hay que tener claro que el tope razonable para congelar óvulos son los 38 años y no es la edad idónea, que se sitúa por debajo de los 36 años”, remarca Mandiola.

Si acude a reproducción asistida en torno a los 40 años, lo más habitual es recurrir a óvulos donados por mujeres jóvenes de manera anónima o a la implantación de embriones donados sobrantes de ciclos de reproducción asistida. “Este caso es extremo, ya que habitualmente se logra un embarazo sano en los pasos previos; pero hay que saber que existe la posibilidad “, apostilla el doctor Sánchez.

Las caras de la misma moneda

Carmen, una abogada sevillana, es el vivo ejemplo de lo útil que resulta decidirse a tiempo. “Me planté en los 32 o 33 años sin haber encontrado a la persona adecuada, pero tenía claro que quería tener hijos, así que fui a la clínica. A esa edad mi reserva ovárica era excelente. Eso me permitió preservar gran cantidad de óvulos de buena calidad. A los 34 años tuve mellizos y apenas año y medio después tuve otra niña. Me quedé embarazada rápidamente y no sufrí el calvario que otras mujeres (emparejadas o no) relatan cuando el embarazo no llega o cuando se producen pero no llegan a término”, rememora.

Eva María representa el polo opuesto. Después de varias relaciones sentimentales fallidas se planteó la maternidad en solitario y se encontró con que la cosa no era tan fácil. “He pasado por todos y cada uno de los procedimientos de reproducción asistida [inseminación artificial, fecundación in vitro, donación de ovocitos y donación de embriones] y he sufrido varios abortos. Mis tres hijos son fruto de un camino muy largo y muy duro que además ha sido muy costoso económicamente.

Por su parte, Rosa presenta un caso atípico, ya que se quedó embarazada “en un abrir y cerrar de ojos mediante inseminación artificial a los 38 años, lo que demuestra que la fertilidad es una caja de sorpresas y que cuanto antes sepas a qué atenerte, mucho mejor”.

¿Y los niños?

No son pocos los que tachan a estas madres solas de egoístas al no pensar en el impacto negativo que su decisión tendrá en la vida de sus hijos. Todas rebaten esta crítica y argumentan que las familias monoparentales son una realidad extendida en nuestra sociedad y que muchas de ellas han llegado a ello tras circunstancias traumáticas de verdad (separaciones y divorcios turbulentos, enfermedad y/o muerte de uno de los progenitores…).

“Si algo me ha enseñado mi profesión”, explica Carmen, abogada de familia, “es que un niño necesita estabilidad y amor, independientemente de que tenga un padre, una madre, uno de cada o dos del mismo sexo”.

Por su parte, Eva María y Rosa coinciden en señalar que en muchas ocasiones estas madres disponen de más herramientas para hacer frente a asuntos tales como la aparición de una pareja, cómo explicarle a los niños la ausencia de un padre biológico… “la clave es afrontar el hecho con naturalidad e ir resolviendo sus dudas adaptando las explicaciones a su madurez. En realidad lo asumen perfectamente”, apunta Eva, quien a través de Creandounafamilia.net ha tocado este tema en forma de talleres y entradas en su blog.

Asimismo, Rosa Maestro escribió Cloe quiere ser mamá, un cuento surgido a partir del blog del mismo nombre, para explicarles a los más pequeños que sus madres decidieron libremente traerlos al mundo en solitario; pero que ni ellas ni sus hijos están solos.

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