La nación insular desarrolló una estrategia sostenida, multisectorial y centrada en la prevención. Desplegó planes nacionales de nutrición, actividad física y control del tabaco e incorporó tamizajes de factores de riesgo mediante servicios comunitarios y clínicas móviles
La pequeña nación insular de Mauricio, es un paraíso que destaca en el Océano Índico por sus fantásticas aguas cristalinas y estar rodeada por la tercera barrera de coral más grande del mundo y, por ser el primer país del mundo en reducir el número de personas con diabetes tipo 2.
Los investigadores afirman que esto es impresionante, dado que las tasas de esta enfermedad están aumentando a escala global. Según la Organización Mundial de la Salud existen cerca de 830 millones de personas con diabetes en el mundo y más del 95% de los casos corresponden a la del tipo 2, cerca de 788 millones de personas.
Este archipiélago, situado frente a la costa oriental de África, lleva desde 1987 realizando un seguimiento de la cantidad de personas con diabetes tipo 2 o niveles elevados de azúcar en sangre, un indicador de riesgo de desarrollar diabetes. El número de personas con esta afección aumentó entre 1987 y 2009, pero para 2021 había disminuido un 11 % en hombres y un 16 % en mujeres. Las tasas de niveles elevados de azúcar en sangre también bajaron en alrededor de un tercio entre 2009 y 2021.

La tendencia es sorprendente, escriben Shukri Mohamed y Andre Pascal, del Centro Africano de Investigación sobre Población y Salud en Nairobi, en un comentario que acompaña al estudio publicado en The Lancet Diabetes and Endocrinology . Probablemente sea el resultado de una mayor concienciación sobre la diabetes, afirman, así como de mejores programas de detección y acceso a la atención médica.
Mauricio revirtió los casos de diabetes tipo 2
Parte del valor de esta investigación está en cómo se obtuvieron los datos. Mauricio realizó siete encuestas poblacionales entre 1987 y 2021, con más de 36.700 exámenes y tasas de participación superiores al 85% en cada una. Pero el detalle decisivo es otro, refiere la publicación, el país utilizó de manera sistemática la prueba de tolerancia oral a la glucosa, conocida como OGTT, durante todo ese período.
La OGTT es considerada por la OMS como el estándar de oro para diagnosticar diabetes y prediabetes. Consiste en medir la glucosa en sangre tras un ayuno, dar a la persona una bebida con una cantidad estandarizada de glucosa —habitualmente 75 gramos para adultos— y volver a medir la glucosa dos horas después.

Es una prueba más exigente que un análisis de glucosa en ayunas o de hemoglobina glucosilada, pero también más sensible ya que puede detectar casos asintomáticos que otros métodos pasan por alto.
Esto importa porque buena parte de las estimaciones mundiales sobre diabetes se basa en encuestas con metodologías distintas o en datos administrativos incompletos. Muchos países no disponen de series largas de medición poblacional y, cuando las tienen, no siempre emplean la OGTT. El resultado es que las cifras globales pueden subestimar el problema. Mauricio hizo algo poco frecuente, vigiló la epidemia con rigor, año tras año, generación tras generación.
Esa constancia le permitió ver no solo el aumento, sino también el punto de inflexión. Sin mediciones confiables y comparables, una reducción real podría haberse confundido con un cambio en los criterios diagnósticos, en la población estudiada o en la calidad de los registros. Mauricio evitó esa ambigüedad.
No fue suerte sino una política pública sostenida
La tentación sería atribuir el avance a alguna intervención espectacular. Pero la investigación apunta a algo menos glamoroso y más difícil de copiar: una estrategia sostenida, multisectorial y centrada en la prevención. Mauricio desplegó planes nacionales de nutrición, actividad física y control del tabaco de manera constante para abordar, frenar o ralentizar el auge de la diabetes 2 en su población.
Incorporó tamizajes de factores de riesgo mediante servicios comunitarios y clínicas móviles, promovió la participación ciudadana y construyó un marco nacional integrado para las enfermedades crónicas no transmisibles. También estableció estándares de atención y aseguró que los servicios públicos de salud, incluidos los medicamentos esenciales, fueran gratuitos, reseña el estudio.

Dicho así, puede sonar burocrático. En la vida real, significa que una persona puede ser detectada antes de que la enfermedad avance; que el sistema de salud no la abandona después del diagnóstico; y que el entorno —la comida disponible, la información, el tabaco, la actividad física— no empuja constantemente en contra de su salud. La diabetes tipo 2 no se combate únicamente en el consultorio: se combate en los mercados, las escuelas, las ciudades, las políticas alimentarias y la vida cotidiana.
La experiencia de Mauricio recuerda que las epidemias crónicas no son un destino. La historia de la salud pública ya ha demostrado que problemas tan complejos como las enfermedades cardiovasculares o el cáncer de pulmón pueden retroceder cuando se combinan evidencia, regulación, prevención y acceso a la atención. La diabetes tipo 2, aunque más ligada a los hábitos y al metabolismo, no es una excepción.
Una lección para el mundo
Lo que hace singular a Mauricio no es solamente haber reducido la prevalencia, sino haberlo hecho con datos sólidos y con un método diagnóstico exigente. Los autores afirman que es el primer país en mostrar una disminución sostenida de la diabetes 2 y de la prediabetes, utilizando criterios basados en la OGTT recomendada por la OMS.
Para muchos países, los sistemas de salud suelen estar presionados por emergencias, desigualdades y recursos limitados, mientras las enfermedades crónicas avanzan con menor visibilidad. La diabetes no suele generar titulares diarios, pero consume años de vida saludable, complica enfermedades cardíacas y renales. Y castiga con especial fuerza a las poblaciones con menos acceso a atención oportuna.

Mauricio demuestra que no hace falta esperar a que la ciencia invente una cura definitiva para actuar. Hace falta medir, prevenir, detectar temprano y sostener las políticas en el tiempo. Hace falta, sobre todo, entender que la salud pública es una inversión y no un gasto.
La isla del océano Índico no ha eliminado la diabetes. Todavía afecta a casi una de cada cinco personas adultas, y el desafío sigue siendo enorme. Pero ha hecho algo que parecía difícil de lograr y ha demostrado que la curva puede doblarse. En una época en que tantas epidemias crónicas parecen crecer sin freno, ese pequeño territorio ha ofrecido al mundo una idea poderosa: la tendencia no es inevitable.
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