Cada dólar invertido en abordar conjuntamente el cambio climático y la contaminación atmosférica puede generar alrededor de 15 dólares en beneficios económicos, afirma el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente
La política ambiental y las finanzas globales han operado bajo un divorcio arriesgado. Los presupuestos destinados a la mitigación del cambio climático y el control de la contaminación se han visto como un costo oneroso, un sacrificio fiscal necesario para la supervivencia planetaria pero perjudicial para el crecimiento a corto plazo. Un reciente informe de una agencia de la ONU echa por tierra ese dilema con cifras contundentes: cada dólar invertido de forma conjunta en acción climática y mejora de la calidad del aire genera un rendimiento estimado de 15 dólares en beneficios económicos y sociales.
Esta revelación transforma radicalmente la narrativa global. Ya no se trata meramente de evitar una catástrofe ambiental o de cumplir con metas abstractas de reducción de emisiones, sino de entender la transición ecológica como una de las oportunidades de inversión más rentables de la historia moderna. Esta cifra es superior a la obtenida al abordar por separado el clima y el aire limpio, e incluye tanto beneficios económicos de mercado como de carácter no comercial.Según los expertos que coordinaron la evaluación, el estudio demuestra que disociar el calentamiento global de la polución atmosférica es un error metodológico y estratégico.
Ambos fenómenos comparten las mismas fuentes de origen, principalmente la quema de combustibles fósiles, procesos industriales ineficientes y modelos agrícolas obsoletos. Y se retroalimentan de manera letal, señala el informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Coalición Clima y Aire Limpio (CCAC, por sus siglas en inglés).

El costo humano y sanitario de inacción es abrumador. Millones de personas mueren prematuramente cada año debido a la combinación de olas de calor extremas y la inhalación de aire tóxico. Un cóctel que incrementa enfermedades cardiorrespiratorias, casos de asma infantil y trastornos neurodegenerativos como la demencia.
ONU ve opciones de negocio en la acción climática
Inger Andersen, Directora Ejecutiva del PNUMA, afirma que “durante demasiado tiempo, hemos tratado la acción climática como un costo que debía gestionarse y la contaminación atmosférica como una consecuencia desafortunada del desarrollo. Este informe demuestra exactamente lo contrario. El aire limpio es un motor fundamental del desarrollo, la salud, la seguridad alimentaria y energética y la estabilidad climática. Un activo en el que debemos invertir”.
Asegura que “las soluciones probadas ya existen. Lo que nos falta es el liderazgo decisivo de los gobiernos, las instituciones financieras y las empresas para aplicarlas con la rapidez y coordinación que exige esta crisis”. Frente a este panorama, el informe de la ONU plantea un paquete de 25 medidas estratégicas que abarcan seis sectores clave de la acción climática. Están la energía, industria, transporte, agricultura, calefacción doméstica y gestión de residuos.

La aplicación rigurosa de estas directrices no solo contribuiría de forma decisiva a que el calentamiento global no rebase los umbrales críticos de seguridad, sino que tendría un impacto directo y veloz en la economía real. De acuerdo con las proyecciones del organismo, los beneficios acumulados equivaldrían al 2,8% del Producto Interno Bruto (PIB) mundial en 2035. Escalarían al 4,5% en 2050 y se dispararían hasta el 11,4% en 2100. Estos números incorporan un rendimiento directo de 4 a 1 sin contar el valor de las vidas salvadas. Cifra que salta a la proporción de 15 a 1 al integrar el bienestar sanitario global, la reducción del ausentismo laboral. Y, al mismo tiempo, el incremento de la productividad.
Efectos beneficiosos y multiplicadores
Cada año de retraso en la adopción de medidas implicaría renunciar a más de 1.500 millones de dólares anuales. Equivalentes al 0,5% del PIB, en beneficios combinados de mercado y no comerciales. Incluso excluyendo estos beneficios no comerciales, las medidas generan un retorno aproximado de 4 dólares por cada dólar invertido.
“Una relación beneficio-costo de 15 a 1 atraería capital de inmediato en casi cualquier otro sector. La única razón por la que esto aún no ha ocurrido en el ámbito de la acción integrada sobre clima y aire limpio es que los beneficios se distribuyen entre los sistemas de salud, la productividad y los daños climáticos evitados, en lugar de reflejarse en un único balance financiero. Los ministerios de finanzas e inversionistas que siguen manteniendo el clima y la calidad del aire en partidas presupuestarias separadas están abandonando billones sobre la mesa”, dijo Elliott Harris, copresidente independiente de la evaluación.

Entre el conjunto de medidas analizadas en el informe de la ONU y su incidencia directa en la acción climática, figuran la expansión de las energías renovables y la eficiencia energética. El aumento de las soluciones de cocina y calefacción limpias; normas más estrictas sobre emisiones y eficiencia vehicular. Inspección y mantenimiento de vehículos; vehículos eléctricos y combustibles marítimos bajos en azufre. Recuperación del gas asociado para poner fin a la ventilación y quema rutinarias y reducir las fugas de petróleo y gas. Gestión del ganado y del estiércol; uso más eficiente de fertilizantes. Así como la mejora del cultivo de arroz y alternativas a la quema de residuos agrícolas; mejor gestión de desechos sólidos y aguas residuales. También la reducción progresiva de los hidrofluorocarbonos.
Asimismo, el plan contempla una salvaguarda humanitaria sin precedentes: la posibilidad de evitar hasta 144 millones de muertes prematuras hacia el año 2050. Lo más alentador de estos datos es que gran parte de los dividendos sanitarios y económicos podrían materializarse con gran rapidez. Inclusive dentro de los márgenes de un único mandato gubernamental, lo que desarma el argumento de que las políticas ambientales solo dan frutos a un horizonte inalcanzable.
Trabas en el camino
El verdadero obstáculo, advierten los autores del informe, ya no es tecnológico ni financiero, sino institucional y de gobernanza. La persistencia de estructuras burocráticas fragmentadas impide alinear los presupuestos públicos y privados hacia soluciones sistémicas.

“Tratar el cambio climático y la contaminación atmosférica como problemas separados nos lleva a subestimar los beneficios de abordar cualquiera de ellos. Cuando los modelizamos conjuntamente, los beneficios fueron mayores de lo que cada uno podía mostrar por separado. Porque las mismas fuentes, sectores y políticas impulsan con frecuencia ambos problemas”, sostuvo Simon Dietz, copresidente de la evaluación y profesor de Política Ambiental en la London School of Economics.
En palabras de los directivos del PNUMA, la transición ecológica no representa un gasto enterrado en el aire, sino un activo financiero de primera magnitud. Cada año de retraso en aplicar estas medidas transita bajo el peso de un costo de oportunidad multimillonario que los mercados y los Estados ya no se pueden permitir ignorar.
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