Esta visión humanista conecta con la tesis central de Jorge Neri en su libro ‘La Economía de la Abundancia’. El autor y editor de Cambio16 advierte que «las universidades tienen que cambiar y no seguir formando trabajadores para un mundo que ya no existe. Hay que formar personas que cambien el mundo…”
En sus recientes intervenciones dirigidas al ámbito académico, el Papa León XIV ha reafirmado la misión central de las instituciones de educación superior, advirtiendo que la universidad no puede limitarse a ser una mera fábrica de profesionales para el empleo, sino que debe configurarse como un espacio para la formación integral del ser humano y la transformación ética del mundo.
El pensamiento educativo de León XIV, enmarcado en un amplio proyecto de humanismo cristiano, propone una universidad abierta al diálogo entre fe y razón, comprometida con la dignidad humana y orientada al servicio del bien común. El Pontífice alerta sobre los riesgos de una educación fragmentada e hiperespecializada que prioriza las competencias técnicas sobre las preguntas fundamentales del sentido de la vida, la dignidad humana y el bien común.
Esta visión humanista conecta con la tesis central de Jorge Neri en su libro ‘La Economía de la Abundancia’. El autor y editor de Cambio16 advierte en sus páginas que las sociedades han construido un sistema socioeconómico basado en el miedo y la avaricia egoísta. Desde su perspectiva, «las universidades tienen que cambiar y no seguir formando trabajadores para un mundo que ya no existe. Hay que formar personas que cambien el mundo…”.
Propone que la educación superior debe evolucionar para dejar de ser un sistema basado en la acumulación y la certificación. Neri Bonilla aboga por democratizar el acceso al conocimiento gratuito y orientar las universidades hacia la sostenibilidad, el bien común y el desarrollo humano.

León XIV y el rol de la universidad
A través de sus recientes visitas pastorales, como su alocución en la Universidad de La Sapienza de Roma y su mensaje a la Universidad Católica Boliviana, el Pontífice ha subrayado que la identidad universitaria está intrínsecamente ligada a la universalidad del saber y a su capacidad para construir puentes. El Santo Padre ha hecho un firme llamamiento a superar la fragmentación del conocimiento y rechazar cualquier forma de elitismo intelectual, recordando que el saber no puede convertirse en un instrumento de exclusión o de privilegio, sino en un bien compartido que dignifique a todas las personas.
Neri en el ‘La Economía de la Abundancia’ señala que las universidades deben formar líderes éticos que promuevan una economía consciente, integrando la educación ambiental y la responsabilidad social en todas las carreras.
Asimismo, apueta por la democratización del conocimiento y por modelos de educación accesibles y abiertos para garantizar la igualdad de oportunidades. Refiere el editor y autor que la educación superior debe dejar de ser una fábrica de empleados cuyo único fin es la «avaricia» y la acumulación. En su lugar, debe impulsar el emprendimiento ético, el desarrollo local y el bienestar comunitario.
León, por su parte, ha exhortado con firmeza a la comunidad universitaria, tanto a profesores como a estudiantes, a no aislarse en una burbuja de comodidad teórica, sino a responder activamente a las periferias existenciales ya los grandes desafíos ecológicos, sociales y económicos de nuestra época. Sostiene que el futuro de la sociedad civil depende en gran medida de la capacidad de las instituciones académicas para formar profesionales de excelencia que posean una profunda conciencia ética, capaces de transformar la realidad desde los valores del bien común, la inclusión y la solidaridad.

Un espacio en el que se decide la calidad de lo humano
Al inaugurar el Campus Universitario “León XIV” de la Universidad Nacional de Guinea Ecuatorial, en abril de este año, el Papa dijo que esa apertura no consiste simplemente en añadir infraestructuras al mapa académico, sino en afirmar, con un gesto cultural y moral, que la formación de las nuevas generaciones sigue siendo una apuesta necesaria en un tiempo marcado por la incertidumbre. La universidad aparece así no como un institución intermedia, sino como un espacio en el que se decide, silenciosamente, la calidad de lo humano.
En este horizonte introdujo la imagen de la ceiba, árbol nacional de Guinea Ecuatorial. Su presencia en el discurso no respondió a un recurso localista, sino a una intención simbólica, reseña Vatican News. La ceiba, con sus raíces profundas y su crecimiento paciente, ofrece una clave de lectura de la educación, arraigo, elevación y fecundidad. No hay verdadera altura, vino a señalar, sin contacto con la tierra y no hay fruto auténtico que no sea, en última instancia, don.
El Papa retoma la relación entre conocimiento y verdad a partir de la escena originaria del Génesis. En la coexistencia del árbol de la vida y, del árbol del conocimiento del bien y del mal, no ve una desconfianza hacia la inteligencia, sino la advertencia de una posible desviación. Incluso, la tentación de un saber que, en lugar de acoger la realidad, pretende someterla a su propia medida.

Dos visiones, un destino
Para el pontífice, hay un conocimiento que abre y otro que cierra, uno que conduce a la sabiduría y otro que degenera en posesión. Cuando el saber deja de responder a lo real y se pliega a la conveniencia del sujeto, se produce, en términos inequívocos, una fractura antropológica. El conocimiento deja entonces de humanizar y se convierte en instrumento de afirmación y, en no pocos casos, de dominio.
La medida de una universidad no se encuentra en sus cifras, sino en sus frutos, sostiene. Y aquí el término no es solo metafórico, sino también criterio de evaluación, ya que por sus frutos se conoce el árbol. La calidad de una institución se verifica en la densidad humana de quienes forma, en su capacidad de generar no solo competencia técnica, sino también criterio y disponibilidad al servicio.
Neri, por su parte, propone trascender la mentalidad del egoísmo para crear un modelo de abundancia sostenible. La universidad debe ser la incubadora de catalizadores del cambio, personas guiadas por un propósito y no únicamente por la retribución financiera.
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