Una decena de países ha desplegado personal experto en situaciones extremas, drones, equipos para detectar sonidos a cientos de metros debajo de la tierra y perros adiestrados para salvar vidas
El norte y el centro de Venezuela acaban de vivir uno de los capítulos más sobrecogedores de su historia reciente; en apenas treinta y nueve segundos, dos terremotos consecutivos e implacables de magnitud 7,2 y 7,5 fracturaron el suelo, derribaron estructuras en la Gran Caracas y convirtieron gran parte de La Guaira en un laberinto de escombros y polvo. El impacto inicial estremeció la geografía. Horas después sigue desolando el alma de una nación entera que vio cómo el paisaje cotidiano se transformaba en un escenario de urgencias, llanto y dolor. En medio del crujir de los edificios y el eco del pánico, brotó de inmediato una respuesta internacional masiva. Países y organizaciones han enviado rescatistas y ayuda humanitaria para salvar vidas.
Las primeras horas, envueltas en la penumbra y la incertidumbre de las réplicas, activaron un engranaje global movido exclusivamente por la compasión, la solidaridad, el bién al prójimo. Antes de que el polvo lograra asentarse por completo, el cielo venezolano comenzó a reportar el tráfico de aviones de carga y transportes internacionales.
Desde los centros de respuesta de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Federación Internacional de la Cruz Roja, se coordinaron puentes aéreos masivos para desafiar el reloj de la ventana crítica de supervivencia. Esas 72 horas cruciales para lograr el rescate y el salvamento de vidas. Tras los terribles sismos, vecinos y voluntarios con las manos desnudas y la premura por ayudar, procedieron a remover piedras, restos de infraestrusturas y a improvisar técnicas de socorro. Lo que supuso el primer respiro para un pueblo en shock.

Ayuda tras los terribles terremotos en Venezuela
La movilización global que se ha desplegado en el suelo venezolano es amplia y abarca delegaciones de todas partes del mundo. Con personal experto en situaciones extremas, drones, equipos para detectar sonidos a cientos de metros debajo de la tierra y perros adiestrados. El Gobierno de Estados Unidos no solo envió a militares-rescatistas del Comando Sur y equipos de respuesta de emergencia, sino que ha autorizado la suspensión temporal de las sanciones económicas que pesan sobre Venezuela para facilitar las operaciones de socorro, luego de los dramáticos e intensos terremotos.
«Seguimos comprometidos con Venezuela«, señaló la Embajada en redes sociales, en un tono que hubiera sido impensable meses atrás.
España se sumó con prontitud enviando a los especialistas de la Unidad Militar de Emergencias (UME), al equipo de Emergencia y Respuesta Inmediata de la Comunidad de Madrid (Ericam) y miembros de Bomberos Unidos Sin Fronteras, quienes aportan una vasta experiencia en estructuras colapsadas. Por su parte, El Salvador comisionó a un contingente multidisciplinario integrado por su cuerpo de Protección Civil, Policía Nacional Civil y Sistema de Emergencias Médicas.

El mapa de la fraternidad se extiende con fuerza a lo largo de América Latina y cruza los océanos. México destinó un contingente de 250 efectivos de su Ejército, la Fuerza Aérea y la Guardia Nacional, incluido su célebre Batallón de Atención de Emergencias, conocidos como “Los Topos”. Colombia permitió el despliegue inmediato de su unidad de élite USAR COL-1, conformada por más de sesenta especialistas, toneladas de equipo técnico y binomios caninos aportados por sus bomberos. A ellos se unen las brigadas voluntarias y técnicas de Chile, Ecuador, Panamá y la República Dominicana, todas enfocadas en las tareas críticas de remoción y salvamento en los focos de desastre.
Manos expertas y bondadosas
Las operaciones conjuntas de estas delegaciones, organizaciones internacionales y el gobierno se concentran en encontrar sobrevivientes, atender a los heridos y determinar el impacto sobre viviendas, hospitales y otros servicios esenciales. Al viernes 26 de junio, los balances oficiales reflejan la verdadera e inmensa magnitud de esta tragedia.
A medida que las labores de remoción de escombros avanzan en las zonas más críticas como La Guaira; y Altamira y Los Palos Grandes, en Caracas, las cifras continúan actualizándose de hora en hora en medio del dolor y angustia. Hasta este momento, el saldo trágico arroja más de 920 personas fallecidas y más de 250 edificios colapsados.

Las autoridades de salud han aclarado que este número corresponde a las víctimas registradas en la red hospitalaria y los cuerpos recuperados directamente de las estructuras colapsadas. Una cifra que lamentablemente ha ido en aumento conforme los rescatistas logran acceder a los niveles inferiores de los edificios destruidos.
En cuanto a los heridos, se contabilizan más de 4.500 personas con lesiones de diversa consideración. Los hospitales de campaña instalados por la Cruz Roja y las agencias internacionales, junto a los centros médicos locales que aún se mantienen operativos en el centro del país, trabajan a su máxima capacidad.
La Organización Internacional para las Migraciones estima que hasta 6,76 millones de personas podrían verse afectadas por los terremotos, incluidos cerca de dos millones en Caracas.
Plataformas de búsqueda de desaparecidos
El dato más sobrecogedor y que mantiene en vilo a todo el país es el de las personas desaparecidas. Los registros preliminares oficiales y de asistencia humanitaria estiman que más de 49.000 personas se encuentran desaparecidas.
Esta enorme cifra se debe en gran parte al colapso inicial de las líneas de telecomunicaciones en estados como Yaracuy, Carabobo y Miranda. A la falta de contacto con comunidades que han quedado temporalmente aisladas por los graduales de tierra y, principalmente, a las miles de familias que buscan desesperadamente a sus seres queridos bajo las ruinas de edificaciones que cedieron ante la fuerza del doblete sísmico. Cada minuto cuenta en esta carrera por la vida.

Ante el colapso de los medios de comunicación tradicionales provocado por los terribles sismos, la sociedad civil y los organismos internacionales se han movilizado con rapidez para habilitar herramientas digitales de código abierto y canales de emergencia. Estas plataformas centralizan los datos, evitan la dispersión de información en redes sociales y facilitan que los familiares registren a sus seres queridos o confirmen si ya fueron localizados.
Las principales plataformas ciudadanas e institucionales activas en este momento son Desaparecidos Terremoto Venezuela (desaparecidosterremotovenezuela.com). Es la base de datos ciudadana con mayor volumen de registros en esta emergencia.
También Venezuela Te Busca (venezuelatebusca.com). Una iniciativa de organización ciudadana nacida inmediatamente después del desastre para conectar reportes de personas desaparecidas con reportes de personas encontradas o bajo resguardo en refugios.
Y, entre otras, está el Programa de Restablecimiento del Contacto entre Familiares (RCF) de la Cruz Roja. La red internacional de la Cruz Roja ha activado sus canales humanitarios específicos para este fin.
Cada rincón de Venezuela, golpeada por estos terremotos, está lleno de manos dispuestas y corazones del mundo entero que no descansarán hasta traerlos de vuelta a casa.
Alimentos, medicinas y una mano amiga
La ayuda humanitaria también incluyó el sustento: alimentos y medicina. Los cortes de energía, de internet y comunicaciones y el colapso de los centros asistenciales locales plantearon un segundo desafío monumental, como es evitar que el problema sanitario se expandiera. Es allí donde el arribo masivo de alimentos, plantas potabilizadoras y cargamentos de medicamentos esenciales se convirtió en el nuevo escudo de la población.
El Programa Mundial de Alimentos y diversas organizaciones globales levantaron cocinas comunitarias y puntos de distribución de kits de higiene esenciales. Asegurando que las miles de familias que lo perdieron todo tuvieran un plato de comida caliente y agua segura.
Hospitales de campaña se levantaron en canchas de fútbol y estacionamientos, equipados con suministros médicos de emergencia enviados por comunidades internacionales y agencias de la ONU para atender a los heridos. Las cajas de medicamentos, las vacunas y el material quirúrgico que entraban por los aeropuertos mitigaron el desabastecimiento inmediato, devolviendo la capacidad de respuesta a los médicos locales que trabajaban sin descanso en turnos infinitos.
Cada cargamento de arroz, cada blister de analgésicos y cada lona para refugio temporal ha sido una declaración silenciosa de los pueblos del mundo al ciudadano venezolano: no están solos.
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